El Guasón

Hace como unos veinte años escuché un deliciosamente pedante chascarrillo; el sueño de todo aquel al que le gusta criticar lo popular para resaltar su inteligencia: “esta película contiene cosas nuevas y cosas buenas. El problema es que las cosas buenas no son nuevas y las cosas nuevas no son buenas”.

Desgraciadamente, creo que seguiré sin poderla usar, ya que creo que no hay suficientes cosas nuevas en Joker como para soltarla.

Como podéis intuir, esa peli ultrapopular que lo ha petado en la taquilla me ha parecido una soberana pérdida de tiempo y he venido aquí a explicaros por qué.

El Joker es el villano clásico de Batman con lo que a priori no parece descabellado hacerle una película- especialmente si es necesario saturar el mercado con películas de Marvel y DC. Pero en contra de muchos, no creo que sea un problema hacer una película sobre un psicópata violento con sangre y vísceras. Aburre la insistencia en interpretar que toda película es un entusiasta abrazo del ideario del protagonista. El problema es lo poco que se ofrece al espectador en dos horas.

Sí, Joaquín Phoenix compensa el sufrimiento de quedarse en los huesos pasándoselo teta en pantalla y luciendo sus clases de interpretación corporal de la escuela Kate Bush. Sí, con millones de dólares puedes tener una excelente fotografía. Sí, hay estilosa violencia sin sentido. Pero la película carece de cualquier otro punto de interés que los que os he resumido en dos líneas. El argumento es completamente lineal. Los recursos narrativos se reducen básicamente a narración no fiable- algo completamente inesperado en compañía de gente que está como unas maracas. Nada, absolutamente nada que justifique las pretensiones del cerebro detrás de Resacón en las Vegas.

Podría argumentarse que es cine de superhéroes, palomitero y poco más. Que pongamos las pelis de Los Vengadores no funcionan demasiado bien como arte y ensayo. Pero si bien en estas podemos adivinar siempre el final (buenos y Hollywood, poco más hay que decir), en Joker se avanza lentamente con un monótono GPS hacia un destino sin más drama que ver a alguien desperdiciar su talento intentando tapar carencias de guión (no estoy muy puesto en la filmografía de Joaquín Phoenix- sólo puedo recomendarle en “Todo por un sueño”. Evitad Gladiator y Her). Yo diría que esto no es cine de superhéroes- es un estudio de la enfermedad mental, una arena donde tienes que competir con cucos y Kubricks que te lo van a poner muy difícil para no quedar completamente mediocre.

Si no habéis visto unas diez veces La Naranja Mecánica, vale más la pena revisarla y encontrarle algún puntito más que se nos había pasado por alto. Y una vez hecho eso, poco más que indignación os sacará esto.

Jessica Jones y sus fabulosos amigos

Tras tres tremendas temporadas, el malvado ratón echa el cierre a Alias Investigations y me deja sin una de mis series preferidas de los últimos tiempos.

A tres años de poder beber en su país, la Jessie es un personaje reciente y fresco de Marvel creado por Brian Michael Bendis, que tiene cinco premios Eisner en su casa. Quizá de ahí deriva el frescor de la serie (en comparación, Spider-Man está a punto de cumplir los sesenta pero, oh maravilla de las cronologías tebeísticas, iba al cole con la susodicha). Jessica Jones está dotada de superfuerza, alcoholismo y voz en off que (supongo que por este último elemento) se mete a detective privado.

Tras el prometedor éxito de Daredevil, Netflix se lanzó a la piscina de montar un miniuniverso neoyorquino con Iron Fist, Luke Cage y Jessica, todos en una escala de poder bastante baja (y por tanto, que requieren menos presupuesto) y lejos de la popularidad de los Iron Man de turno.

Jessica Jones fue la segunda y como no podía ser de otra manera, de las artes marciales combinadas con la abogacía de Matt Murdock, nos vamos a la novela negra tirando a escabrosa con pinceladas de superpoderes. Para ello se fueron a buscar a la novia heroinómana de Breaking Bad, una estupenda Krysten Ritter que podría pasar por agente de la Continental si no fuera por la misteriosa ausencia de humo de cigarrillos en el Nueva York contemporáneo que habita.

Pero por lo demás, nos hallamos ante un noir en toda regla con investigaciones, deducciones, interrogatorios y el ocasional trastorno psicopático violento que hace que si bien Jessica Jones no sea la sangría visceral de The Gruñisher, sí sea en episodios perturbador, tanto a un nivel psicológico como físico.

Con todo esto, sorprendentemente, a diferencia de lo que vemos en Dan Defensor, donde los buenos son aburridos y todo el interés recae en los villanos (aún no he podido digerir que el Recluta Patoso sea el Kingpin), aquí es el elenco que acompaña a la Jones el que centra el argumento. Los villanos no son más que vehículos del cambio para los héroes, antihéroes o recontrahéroes, que incluyen a su hermana adoptiva, una ex-estrella infantil metida a locutora de radio; la madre de ambas (hasta que no acabé la serie no vi que esta es Rebecca de Mornay, muy cambiada desde su prostituta en 1983 de Risky Business), una despiadada abogada de altos vueltos (Carrie-Anne Moss; es decir, Trinity), un vecino drogadicto y unos cuantos más que se ven inmersos en las peligrosas tramas en las que Jessica se ve envuelta cual insecto atraído por la luz.

A lo largo de tres temporadas que empiezan todas ellas pausadamente, introduciéndonos a buenos, malos y colocando todas las piezas ordenadamente, se desarrollan varios arcos de los personajes, que resultan interesantes por su guion y creíbles por las fantásticas interpretaciones de todos ellos. Hacia la mitad de todas las temporadas se comienzan a desatar eventos que hacen que sea la mar de complicado impedir que Netflix nos reproduzca todo el segmento final de la temporada non-stop.

Por todo esto Jessica Jones es una serie que sólo los estómagos delicados deberían evitar. Hay suficientes elementos entre thriller, investigación, drama que hay algo para todo el mundo. Incluso las escenas de acción son interesantes ya que consiguen mantener el interés (la Jessie reparte hostias como panes y es dura de pelar- dura de pelar- pero no es absurdamente superpoderosa como para que sea complicado ponerla en un aprieto) y no aburren.

Por tanto, son 3×13 episodios que debéis ver. Eso sí, hay que planificarlo bien para poder ver la parte final de cada temporada seguida… por si acaso.

¿Faltan cinco maravillas? ¿Cuatro?

Mucho se ha estado hablando estos días de cómo la vigésima película del MCU es la primera protagonizada por una mujer (Brie Larson, para ser precisos, exhibiendo un carisma prácticamente ilimitado), pero dejadme apuntar que hay un precedente de una película Disney muy reciente protagonizada por una ¿mutante? prima hermana de Bobby Drake. Me refiero por supuesto a Frozen, que es la peli de animación Disney (Disney Disney; Walt Disney Animation Studios) que más dólares ha generado para los del ratón (soy tramposo, sí. Según Box Office Mojo podría ser la duodécima que más gente ha visto en un cine, con aproximadamente la mitad de espectadores que Blancanieves. No es mi culpa que el único ránking de taquillas del que se habla es erróneo).

¿Ha descubierto Disney que tienen un grupo demográfico muy importante que quiere verse con superpoderes en la gran pantalla muy… abandonado?

Sea como sea, aquí tenemos a la Capitana Marvel- otro personaje del rollo cósmico que, salvo jamesgunadas aparte, en general me aburre.

Pero nada de eso. Aunque la película tiene elementos galácticos de los que me aburren, en general es una road movie entre una superlativa Brie Larson y un entretenido Samuel L. Jackson, atiborrado de referencias noventeras y un atrevido sentido del humor que sólo chirría en un par de ocasiones.

Además, el argumento tiene su miguilla y hay bastantes escenas de acción la mar de entretenidas (que cojean cuando se ponen más boladedragonescas, eso sí, pero afortunadamente no hay mucho de eso). En comparativa con la otra película de género (de superhéroes), no llega a la épica ese par de escenas de Wonder Woman (la de la playa y la de las trincheras), aunque el flojo acto final de Wonder Woman lastra a Diana y la pone detrás de la mucho más consistente Carol.

¿Qué más se puede pedir? Pues no sé. Es de las pelis de Marvel que más me ha gustado (X2, Spiderverse, los Deadpools, los GotG son las que creo que he disfrutado más, y la diversión de los Ant-Man y Thor 3 no está mucho más lejos…). Así que id a ver a la Capitana Maravilla (y sobre todo, esperad a las *dos* escenas post créditos).

De rápsodas, niñeras y arañas

Una inusual racha de palomitas merece un inusual post.

La nota breve para El Regreso de Mary Poppins (hubiese preferido Mary Poppins Harder); Rob Marshall decepciona (dirigió Chicago a parte de una larga carrera en Broadway), Lin-Manuel cansa (la primera vez que le vi fue en Modern Family y fue extremadamente premonitorio), Meryl Streep sobra y… el resto hace lo que puede con un guión flojo flojo. Igual es que me han extirpado la infancia, pero yo creo que me ponen la original otra vez y la disfruto bastante más que esto.

Sigue Bohemian Rhapsody; disfrutar de la música de Queen en unos altavoces de cine durante la mayor parte de dos horas y cuarto asegura el disfrute, y el resto tampoco está nada mal. Lástima de verla doblada (sospecho que en VO gana bastante), que haya visto horas y horas de Rami Malek interpretando otro papel (el resto de intérpretes, para mi desconocidos excepto Meñique y Mike Myers, desaparecen en sus papeles), y que al parecer tuvo una accidentada producción (Bryan Singer fue despedido a media producción- seguro que si hubiese seguido hubiesen habido aún más gatos), porque probablemente estaríamos ante palabras mayores. Igualmente, si no tenéis un sistema de sonido acojonante en casa, aprovechad el del cine.

Por último, “Spider-Man: Un nuevo universo” (en original “Spider-Man: Into the Spider-Verse”, mucho más descriptivo), de los notables Lord y Miller.

El cómic y la animación son medios mágicos donde todo es posible y, pese a los progresos de los efectos especiales, todas las películas de acción de real basadas en cómics tienen un gran obstáculo inicial en pasar del papel a la carne y hueso. Curiosamente, el medio más natural, la animación, siempre se ha visto relegado a adaptaciones menores a televisión, y nunca ha tenido los presupuestos astronómicos del cine.

No sabemos muy bien por qué, alguien en Sony (y más curiosamente aún, no en Disney), ha tenido la idea de hacer una peli del trepamuros con animación, poniéndole medios y más medios hasta parir este brutal viaje ácido cuántico, metafísico y chiripitifláutico donde la (magnífica) animación se estira para, por fin, que los héroes del cómic cobren vida en la gran pantalla sin concesiones. No sólo sin concesiones, sino a lo grande, con una historia ya inverosímil en los cómics: Spider-Man es una entidad multidimensional que se manifiesta en muy diversas formas en diferentes universos paralelos, desde un cerdo que habla (Peter Porker, The Amazing Spider-Ham) hasta en una niña anime con un mecha arácnido (pasando por anodinos Peter Parkers), que por supuesto pueden confluir espectacularmente. Algo que muy, muy probablemente hubiese sido un descarrilamiento épico en acción real aquí se vuelve un espectáculo visual que si bien sigue siendo inverosímil y sospechoso, nos deja pegados a la butaca.

Quizá la peli tiene sus defectos (los que como yo estéis anclados en otras épocas musicales, dejaos llevar un poco), quizá hace falta que se hagan unas cuantas más como esta para pulir la fórmula y transcender, pero quizá nos hallemos ante un espectáculo único e imprescindible. Id a disfrutarla en la pantalla más grande que encontréis e intentad apagar el espíritu crítico un rato para gozar el resto al máximo.

El futuro ya está aquí

Problemente algún amigo de Spike Jonze le enseñó un prototipo de unos auriculares “verdaderamente inalámbricos” y le vino la inspiración para la terrible “Her” de 2013. Luego vendrían el Moto Hint en 2014, los Bragi Dash de 2015 y finalmente los AirPods de Apple en 2016 que trajeron la verdadera inalambricidad a las masas.

Yo he esperado hasta que los Jabra Elite 65t tuvieran estupendas reseñas y estuviesen de oferta (130€) para subirme al carro de una tecnología intrigante. No estoy muy puesto en el tema, pero al parecer conseguir dos miniauriculares inalámbricos es bastante complicado, así que seguro que hay todavía más avances por delante. Espero especialmente los AirDots de Xiaomi, que seguro que son usables a un precio mucho menor de los otros auriculares de los que hablo.

En cualquier caso, es una tecnología incipiente, pero los Elite funcionan la mar de bien, aunque:

  • ¡No tienen botón de mute! No es tanto problema, pero no te libera totalmente del dispositivo emparejado
  • El truco de conectar dos dispositivos a la vez no funciona con dispositivos que no tengan Bluetooth 5. No sé si con que uno de los dispositivos sea 5 basta o han de serlo ambos, con lo que los cambios de dispositivo son bastante incómodos (mantener el botón del auricular derecho pulsado unos 10s y darle a emparejar en el dispositivo).
  • Que sean dos aparatitos pequeños sin cuerda tiene sus limitaciones. No se pueden dejar colgando del cable y esas cosas
  • La aplicación de móvil no es completamente fiable y a veces se cierra, causando pequeños problemas de funcionalidad (deja de funcionar el modo “dejar pasar audio externo al pulsar el botón del auricular derecho dos veces”). En general es bastante mejorable

Por contra, tienen cosas interesantes:

  • Los controles son la mar de intuitivos. Siempre he tenido problemas con los auriculares Bluetooth, pero estos son absolutamente fáciles de usar
  • La calidad de sonido es excelente (al menos para oídos muy poco sofisticados)
  • Los modos de dejar pasar sonido y de “escuchar tu propia voz en una llamada” funcionan bastante bien, aunque el “dejar pasar el sonido” introduce un perceptible ruido blanco de fondo
  • La caja cargadora es la mar de práctica (aunque no es USB-C)

y mi mayor preocupación, que los auriculares con silicona no me funcionan muy bien, no es para tanto. El ajuste es bastante bueno y aunque dan un poco de calor y cansan en usos prolongados, son bastante cómodos.

Creo que la tecnología aún no está del todo a punto, y que hace falta que se extienda más el Bluetooth 5 y estos aparatos bajen de precio para que rompan el mercado, pero aún así, los más inquietos pueden lanzarse a la piscina con bastante tranquilidad.

Notificaciones en la muñeca

La vida es dura cuando a uno le gusta ser discreto, pero a menudo no se entera que hay algo vibrando en su bolsillo. Para subsanar esto, hace un año comencé a usar una Mi Band 2; otro cacharrito de Xiaomi que resuelve problemas a una fracción del coste de su competencia.

La Mi Band 2 me ofrecía una funcionalidad primordial: vibración en la muñeca cuando recibo una notificación del móvil. Tiene funcionalidades de eso de la vida sana; pulsímetro, pedómetro y contabilidad del sueño, que uso casualmente (me hace gracia mirar los datos de tanto en cuando, pero poco más), así que realmente para mi tienen poca importancia. Sin embargo, a pesar de que resuelve el tema un poco… la solución se queda un poco corta.

Sólo las llamadas de teléfono ofrecen alguna información contextual (el contacto que te llama). Todo lo demás, casi nada; para ciertas aplicaciones se muestran iconos específicos, pero no hay manera de saber quién te envía un Whatsapp o qué alarma está sonando. Aparentemente existen soluciones para mejorar esto, pero yo sólo probé las gratuitas sin éxito.

La Mi Band 3, en cambio, promete texto de las notificaciones, así que entró en mi wishlist rápidamente, pues sigue teniendo un precio muy inferior a cualquier otro producto “fiable” comparable (e.g. tampoco me voy a liar a pedir cosas a Aliexpress de marcas desconocidas).

Y cumple. Pero como la 2, con limitaciones. Principalmente:

  • El interfaz es muy poco ágil. Sólo tiene “swipes” en cuatro direcciones, pulsación corta y pulsación larga, lo que hace que cualquier interacción sean bastantes pasos. Por ejemplo, descartar notificaciones anteriores es: pulsación corta, un swipe arriba, swipes a la derecha hasta leerlas enteras, pulsación larga.

    No es terrible, pero…

  • Además, no hay más posibilidad que descartar. Todas estas modernidades de los productos que cuestan dinero, pues no

Por lo demás, es un producto que cumple su función, tiene algún bonus, te puedes despreocupar del consumo de batería (al menos ahora que está nuevo) y… de nuevo, cuesta muy poco dinero- poniéndola en la categoría de “si sale mal no pasa nada”, que es una categoría la mar de interesante.

Codamancia

Por fin me ha llegado la invitación a la beta de coda (aunque creo que muy selecta no es, puedo invitar a quien quiera, diría). Cuando vi un anuncio original me sorprendió porque parecía encarnar bastante algunas ideas que me recorren la cabeza de cuando en cuando.

El impacto de la hoja de cálculo y el procesador del texto es tan grande que se hace casi difícil de cuantificar (o de imaginar la vida antes de). Pero ambas ideas son bastante antiguas (Wordstar y Visicalc son de mi misma quinta, y uno no es precisamente joven) y sus limitaciones y problemáticas ya son por todos bien conocidas.

La hoja de cálculo es quizá de las dos la idea más potente, pero más peligrosa. Una hoja de cálculo pone al alcance de todos funcionalidades de manejo de datos que de otra manera son bastante inaccesibles si uno no quiere dedicar una cantidad muy significativa de tiempo a aprender a programar, pero a su vez, está basado en un concepto un tanto primitivo (una rejilla sin estructura implícita) que por mucho que se le apilen funcionalidades encima, acaba padeciendo por estar carente de funcionalidades más propias de las bases de datos relacionales, por ejemplo.

Por otra parte, el concepto de procesador de textos resulta a menudo limitado por estar orientado (accidentalmente, en mi opinión) a obtener una versión impresa de los documentos. Vivimos en un mundo donde el papel es mucho menos predominante de lo que era hace un par de décadas y, sin embargo, los procesadores de texto aún viven esclavizados a la paginación.

Seguramente haya habido otros intentos de renovar estas dos herramientas, sin embargo no recuerdo ninguna (probablemente por ignorancia) tan ambiciosa como coda. Coda unifica proceso de textos y hoja de cálculo, y acerca la hoja de cálculo a la base de datos relacional como todos- consciente o inconscientemente- siempre habíamos deseado.

Las “tablas” de coda no son espacios ilimitados y desestructurados que vagan libres por el espacio; son tablas con columnas definidas y que viven incrustadas en documentos. Los documentos tienen una estructura jerárquica no continua y paginada. Podemos crear “vistas” sobre tablas, que pueden ser tableros tipo Kanban, gráficas, subtablas, etc. y que viven incrustadas en los mismos documentos.

A pesar de sus obvias limitaciones (el interfaz tiene algún defectillo, me parece que no tienen nada para ver documentos en móviles, no veo manera fácil de hacer “pivot tables”, etc.), creo que por fin tenemos un verdadero competidor para el vetusto estado del arte ofimático. Creo que sus creadores han sabido adoptar un alcance sabiamente limitado, con lo que hoy nos pueden entregar un producto ya útil para multitud de escenarios, pero que a su vez es suficientemente simple como para que la gente se pueda arrojar sobre él sin miedo.

¿Será coda el heraldo de un cambio de paradigma? Pues la verdad, desearía que sí, lo que pasa es que conseguir algo así es algo que requiere una espectacular carambola de condiciones que uno puede buscar con ahinco, pero que al final depende de tener suerte. Quizá en un tiempo miremos atrás y veamos que si bien no fue precisamente coda el que se llevó el gato al agua, puede que podamos encontrarlo en el linaje de los vencedores.

Probadlo.

Wakanda Tours

Si por algo se me conoce es por llevar la contraria, así que os lo adelanto: Black Panther está bien, pero tiene un pero.

El pero es el Black Panther.

Tenemos un villano cojonudo, un Michael B. Jordan que lo peta ahora mismo, que nos ofrece un villano con matices, motivaciones y fuerza.

Tenemos a la guardia pretoriana de Wakanda, un grupo de señoras con la cabeza rapada que son de lo más molón que ha pasado por una peli de Marvel. En un mundo justo, no haría falta la nueva peli de los Vengadores porque estas se bastan y se sobran para darle de hostias a Thanos sin despeinarse.

Tenemos un constante homenaje a las pelis de 007, desde la potente secuencia del casino hasta la hermanita del prota, que hace de Q mejor que John Cleese (no es que sea mi secundaria favorita, pero es que al pobre John le tocó sentarse al lado de la alargadísima sombra de Desmond Llewelyn, de esa nadie sale bien parado).

Tenemos el rollo afrofuturista que está muy bien traído, con intrigas wakandianas, politiqueos y disquisiciones sobre el papel de una nación molona en el mundo.

Pero con toda esta molonidad, se torna injusto que el soso T’Challa, no sea sólo el cabeza de estado de la todopoderosa Wakanda, ni el Elegido para el Poder Más Místico para el Mejor, sino que además sea el Protagonista cuando hay media docena de personajes con más gracia que él (fijaos como está la cosa que salen Angela Bassett y Forest Whitaker y todavía no les he mencionado). Al único que gana es al pobre Martin Freeman, que no solo causa una perturbación en la fuerza haciendo de Felix Leiter en su faceta de damisela en peligro (es inexplicable que haga de agente de la CIA; no les costaba nada hacerle del MI y algo) al que tienen que dar cuota de heroicidad para no ofender sensibilidades o caer en riesgos demográficos de una manera muy forzada (y digo yo que no era necesario, Andy Serkis como villano secundario está más que bien).

Si podéis aceptar que Black Panther sea una peli que va de Black Panther, lo fliparéis por todo lo que no es Black Panther, que es de lo mejorcito que ha hecho Marvel. Si sois unos tiquismiquis como yo… pues yo creo que os gustará igual, pero que anhelaréis como yo vivir en el universo paralelo donde la peli se titula “Okoye y las Dora Milaje lo petan” y va de precisamente eso.

Señor, qué castigo

Marvel Comics parece ser que saca unos 50 tebeos al mes y a la gente aún le extraña la cantidad de TV y cine que pueden producir. La última muestra es The Punisher, planteado como spin-off de Daredevil tras supongo una buena recepción del personaje interpretado por Jon Bernthal- opinión que comparto.

Frank Castle es uno de los primeros intentos de la empresa de los superhéroes de apuntarse al carro de los antihéroes, con un marine que tras perder su familia decide emprender una cruzada unipersonal contra el mal. Castle no tiene superpoderes per se y su aproximación a la justicia es, por decirlo de alguna manera, más pragmática que la de Spider-Man.

Quizá no es correcto decir que es arriesgado apostar por un antihéroe- la violencia y las visceras venden, después de todo- pero creo que sí lo es decir que es más difícil que te salga bien. El Castigador es un personaje que es propenso a quedar unidimensional y requiere un guión algo más elaborado que otros superhéroes para mantener el interés y no caer en la monotonía (es un tipo con pistolas, al fin y al cabo).

Pero lo consiguen. Sobre todo por un magistral Jon Bernthal que se diluye en su personaje y le dota de varias capas- no sólo con sus prodigiosos gruñidos viscerales sino también por saber mantener el equilibrio entre dos o tres Frank Castles que aparecen y desaparecen bajo su impactante presencia.

Y a diferencia de otras series de Marvel, aquí tanto buenos como malos están equilibrados. No es el Daredevil de fantásticos antagonistas, ni la Jessica Jones y su supervillano flojillo- hay un completísimo elenco que le da buena réplica.

El argumento es un thriller al uso pero efectivo, con traiciones, dobles traiciones, señuelos y demás juegos de espías que aunque no llega a brillante, si que sostiene adecuadamente la serie de principio a fin. La acción es variada y está bien resuelta, pero llega a las cotas de intensidad que requiere el personaje- lo que es más de lo que algunos tolerarán.

En definitiva: si soportáis la sangre, una serie la mar de entretenida con acción y tensión, y algo que se aparta un poco de lo que nos había dado Marvel hasta ahora.

El ranking (de series) queda así:

  1. Jessica Jones
  2. The Punisher
  3. Legion
  4. Heroes (S01)
  5. Luke Cage (hasta S01E07)
  6. Daredevil (sección Kingpin, Punisher, Madame Gao)
  7. Agents of S.H.I.E.L.D. (S01, S02, S03 primera mitad)
  8. The Defenders
  9. Agents of S.H.I.E.L.D. (mitad S03 en adelante)
  10. Daredevil (sección Elektra/Stick)
  11. Luke Cage (S01E08 en adelante)
  12. Inhumans
  13. Heroes (el resto)
  14. Iron Fist

(nota: Runaways aún no sale porque llevan pocos episodios. The Gifted la dejé a los dos episodios)

Teclado uno, ¿alguien cero?

Mañana se cumplirán dos semanas desde que llegó a mis manos la BlackBerry KEYone Black, que sustituye a mi querida BlackBerry Classic (pero condenada por WhatsApp a muerte el 31 de diciembre de 2017) y que es mi tercer cacharrito de esos entrañables canadienses (no cuento el PlayBook que casi no usé, pero sí la acojonante Bold 9780).

Intentaré ser breve.

El primer y más importante punto: los dos mayores problemas que tienen las KEYone ahora mismo son dos:

  • Son MUY caras. La Black cuesta 649€ + portes en la tienda oficial, la no Black 600€ (también está en Amazon). Si comparamos en función del Snapdragon 625 que llevan dentro, un Xiaomi Mi A1 cuesta 229€ (y lleva 4Gb de RAM como la versión Black de la KEYone) —salvo el glorioso teclado QWERTY— una comparativa es deprimente.
  • La versión Silver que cuesta 50€ menos tenía numerosos defectos de fabricación que a mí me acongojaron y me hicieron esperar a la Black. Se supone que los han resuelto, pero me quedo más tranquilo pagando un poco más (y con 1gb de RAM extra, además).

Lamentablemente, creo que estos dos puntos ahora mismo condenan a este teléfono —a no ser que sea uno un fanático creyente en los teclados físicos en móviles, son dos escollos muy difíciles de digerir— y muy difíciles de ignorar aunque te pueda atraer mucho más que móviles que son aún más caros.

Pero yo me lanzo en un intento desesperado de que esto venda lo suficiente para que venga un KEYtwo o un KEYthree, igual a un precio que no me duela pagar. Igual soy el único que cree que es importante poder teclear en un móvil sobre algo que no sea un cristal liso —y probablemente esto sea un suicidio económico— pero igual no y puedo prorrogar un poco más el sufrimiento de los autocorrectores y otros dolores.

Si me permitís seguir esta reseña imaginándome que sólo me he gastado 300€, diré que es un móvil cojonudo. Las otras críticas que se le podrían hacer es que una pantalla 3:2 de 4,5″ y 438ppi no es ideal para ver vídeos, pero yo digo que una tele o un tablet me cumple esa función en la mayoría de casos, y en el resto, dos barritas negras y ver las cosas un pelín más pequeñas es algo que dista bastante de caminar sobre brasas; y que los teclados virtuales son pasables, pero para mí no lo son (especialmente si hay varios idiomas de por medio, sesiones SSH y otros usos probablemente marginales). Lo otro es que aunque probablemente se actualice a Oreo, seguramente el ciclo de vida no será tan largo como en otros móviles (y ojo, no creo que se vaya a poder rootear ni que vaya a haber ROMs alternativas).

El resto para mí son todo virtudes. Los dos días de batería para mí no son tan importantes (y que creo que sólo se consiguen en condiciones no extremas: he pasado un día 5h en llamadas y otro 3h en un tren y no creo que hubiese aguantado dos días enteros), pero sí me dan cierta confianza en que, durante mucho tiempo, aunque la batería pierda capacidad, no me tendré que preocupar de quedarme sin pilas. La cámara es buena, pero no sobresaliente (lamentablemente, aunque comparte sensor con el Google Pixel, no tiene el mismo software). El rendimiento es más que aceptable (recordad que en este párrafo aún vivo en la fantasía de que esto cuesta 300€).

Por completitud diré que echo de menos cosas de BlackBerry 10 (aunque vosotros seguramente no, claro). La navegación por gestos era mucho más ágil. El truquito del teclado táctil que tiene la KEYone es chulo (aunque le falta algo para transcender), pero el touchpad de BlackBerry era algo sublime: daba un uso a una mano brutal y para ciertas operaciones era tremendamente ergonómico (no tener que hacer zoom en el navegador para darle a enlaces/botones pequeños es algo que recuerdo con nostalgia a menudo). Ojalá que se dé una extraña carambola y BlackBerry pueda recuperar algunas de las cosas en las que se adelantó a su tiempo o pueda ofrecernos alguna innovación nueva y única, pero me queda ese regustillo amargo de las oportunidades perdidas (y por supuesto, esto tiene sus ventajas—un móvil que no tiene ni WhatsApp no es viable ni para los ascetas—y joder, es una gozada volver a un ecosistema que no está en avanzado estado de descomposición).

En cualquier caso, si sufrís con los interfaces totalmente táctiles, añoráis épocas mejores y estáis dispuestos a pagarlo, sí, este es vuestro móvil. También lo es si queréis experimentar con algo diferente. Y si algún día BlackBerry resucita como marca de móviles y hay gran regocijo, dadme un par de palmaditas en la espalda.

Correcciones: @chechar