Jessica Jones y sus fabulosos amigos

Tras tres tremendas temporadas, el malvado ratón echa el cierre a Alias Investigations y me deja sin una de mis series preferidas de los últimos tiempos.

A tres años de poder beber en su país, la Jessie es un personaje reciente y fresco de Marvel creado por Brian Michael Bendis, que tiene cinco premios Eisner en su casa. Quizá de ahí deriva el frescor de la serie (en comparación, Spider-Man está a punto de cumplir los sesenta pero, oh maravilla de las cronologías tebeísticas, iba al cole con la susodicha). Jessica Jones está dotada de superfuerza, alcoholismo y voz en off que (supongo que por este último elemento) se mete a detective privado.

Tras el prometedor éxito de Daredevil, Netflix se lanzó a la piscina de montar un miniuniverso neoyorquino con Iron Fist, Luke Cage y Jessica, todos en una escala de poder bastante baja (y por tanto, que requieren menos presupuesto) y lejos de la popularidad de los Iron Man de turno.

Jessica Jones fue la segunda y como no podía ser de otra manera, de las artes marciales combinadas con la abogacía de Matt Murdock, nos vamos a la novela negra tirando a escabrosa con pinceladas de superpoderes. Para ello se fueron a buscar a la novia heroinómana de Breaking Bad, una estupenda Krysten Ritter que podría pasar por agente de la Continental si no fuera por la misteriosa ausencia de humo de cigarrillos en el Nueva York contemporáneo que habita.

Pero por lo demás, nos hallamos ante un noir en toda regla con investigaciones, deducciones, interrogatorios y el ocasional trastorno psicopático violento que hace que si bien Jessica Jones no sea la sangría visceral de The Gruñisher, sí sea en episodios perturbador, tanto a un nivel psicológico como físico.

Con todo esto, sorprendentemente, a diferencia de lo que vemos en Dan Defensor, donde los buenos son aburridos y todo el interés recae en los villanos (aún no he podido digerir que el Recluta Patoso sea el Kingpin), aquí es el elenco que acompaña a la Jones el que centra el argumento. Los villanos no son más que vehículos del cambio para los héroes, antihéroes o recontrahéroes, que incluyen a su hermana adoptiva, una ex-estrella infantil metida a locutora de radio; la madre de ambas (hasta que no acabé la serie no vi que esta es Rebecca de Mornay, muy cambiada desde su prostituta en 1983 de Risky Business), una despiadada abogada de altos vueltos (Carrie-Anne Moss; es decir, Trinity), un vecino drogadicto y unos cuantos más que se ven inmersos en las peligrosas tramas en las que Jessica se ve envuelta cual insecto atraído por la luz.

A lo largo de tres temporadas que empiezan todas ellas pausadamente, introduciéndonos a buenos, malos y colocando todas las piezas ordenadamente, se desarrollan varios arcos de los personajes, que resultan interesantes por su guion y creíbles por las fantásticas interpretaciones de todos ellos. Hacia la mitad de todas las temporadas se comienzan a desatar eventos que hacen que sea la mar de complicado impedir que Netflix nos reproduzca todo el segmento final de la temporada non-stop.

Por todo esto Jessica Jones es una serie que sólo los estómagos delicados deberían evitar. Hay suficientes elementos entre thriller, investigación, drama que hay algo para todo el mundo. Incluso las escenas de acción son interesantes ya que consiguen mantener el interés (la Jessie reparte hostias como panes y es dura de pelar- dura de pelar- pero no es absurdamente superpoderosa como para que sea complicado ponerla en un aprieto) y no aburren.

Por tanto, son 3×13 episodios que debéis ver. Eso sí, hay que planificarlo bien para poder ver la parte final de cada temporada seguida… por si acaso.

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