A caballo drogado…

Aunque siempre defenderé que siempre ha habido televisión de calidad, es innegable que ahora mismo es imposible evaluar toda la producción de series y que hablar de “la mejor serie según tal o tal condición” es un sinsentido, con lo que las críticas deberían hiperventilar un poco menos y limitarse a ofrecernos suficiente información para que decidamos si invertimos nuestro precioso tiempo en un programa u otro.

Pero la verdad que ya me costó no soltar muchos superlativos con The Good Place y ahora me está costando con BoJack. Quizá sea la vergüenza de no saber evaluar objetivamente su transcendencia; ¿son dos reflexiones profundas sobre la vida, el universo y todo lo demás? ¿o son vulgares intentos de pasar conceptos básicos por sesudos idearios?

BoJack Horseman es otra serie de animación con tintes surrealistas (animales y personas antropomórficas conviven) tirando cargas de profundidad a los 90 y a Hollywood (dos personas son estrellas de sitcoms familiares de la época) que intenta indagar en la moralidad y ética (uno de ellos, el protagonista, es un drogadicto que mantiene relaciones tóxicas con todo su entorno- la serie básicamente se fundamenta en rodearlo de personajes interesantes y ver cómo interaccionan) con toques de comedia surrealista. Es posible que sea una de las producciones con mayor densidad de temas delicados por hora (yo diría que 2 o 3), que trata sin demasiados tapujos y de una manera que yo por lo menos no he visto muy frecuentemente.

Si a esto juntamos unos guiones trabajados, con diálogos metralleta y ganas de experimentar narrativamente (hay bastantes episodios temáticos, entre los que destaca uno sin diálogo), tenemos una serie sólida en todos los aspectos que aunque en ocasiones puede dejarnos un poco tocados, creo que ofrece muchos elementos para los que gusten de estudiar la condición humana.

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