El blog es mío

Me he vendido

2021-03-22

No me he podido resistir y le he dado más de 300 euros a Mark Zuckerberg, y me he hecho una cuenta de Facebook.

(No me busquéis. Aunque estoy con mi nombre real para cumplir con los designios de Zuck, espero ser inalcanzable)

Tras mi muy positiva experiencia con PlayStation VR, la verdad tenía ganas de más. Mi Nvidia GTX 2060 y el Flight Simulator del que ya os hablé antes[1] se tenían que amortizar, y tras unas espectaculares contorsiones mentales, desembolsé para un flamante Oculus Quest 2, que los villanos de Amazon entregan en menos de 24 horas.

He jugado de momento poco con el cacharro, pero me maravillo ante este renacimiento de la realidad virtual (hace igual treinta años tuve la oportunidad de calzarme un casco conectado a uno de esos oscuros objetos de deseo con el logotipo de Silicon Graphics y pasar veinte segundos en el futuro).

El Quest 2 tiene dos modos de operación, autónomo y conectado a un PC. Esto en mi opinión es una de las características más interesantes del aparato.

Funciona autónomo como un cacharro inalámbrico (con sus dos mandos) que lleva un sistema operativo tipo Android, con su propia tienda de aplicaciones. En este modo sólo he probado el tutorial, unos cuántos vídeos envolventes y el imprescindible Beat Saber, del que ya era fan en PlayStation VR (uno de los mayores motivos para pasarme al Quest eran los mods, imposibles en PlayStation VR y esperemos que posibles en breve para la precisa última versión disponible en la tienda).

Es un cacharro la mar de interesante. A diferencia de PlayStation VR, que utiliza una cámara fija (en mi caso, encima del televisor) para seguir los movimientos del usuario, el Oculus usa cámaras colocadas en el casco, lo que lo hace mucho más dinámico. Para nuestra seguridad, implementa un sistema guardián que nos permite dibujar una zona de seguridad en el suelo que podremos ver sobreimpresionada sobre la realidad virtual si nos acercamos mucho a los bordes. Esto es mucho más conveniente que... la nada que incorpora PlayStation VR, donde sin ningún punto de referencia es demasiado fácil moverse al sitio erróneo.

Los mandos son curiosos y aún no les he cogido el tranquillo como a los de PlayStation VR. Son más ligeros y se me hacen un poco extraños estando acostumbrado a los PS Move. El seguimiento parece mejor, pero la verdad que el peso extra y formato "vara" de los Move parece más adecuado para juegos como el Beat Saber, aunque los del Oculus parecen funcionar mejor como "pistolas". Cada mando tiene dos gatillos (que recogen adecuadamente acciones de "agarrar"), un pequeño joystick analógico, dos botones de juego (X/Y y A/B) y un botón para menú (menú casa y menú contextual).

A falta de probar más en profundidad, el rendimiento en modo autónomo es satisfactorio. La verdad que los vídeos envolventes que he encontrado tienen una resolución bastante más baja de la que tienen el software 3D que he probado, con lo que creo que no he experimentado aún la máxima capacidad de inmersión del cacharro. El Beat Saber y demás funcionan bastante bien.

Conectado al PC la cosa cambia ligeramente. La conexión se puede hacer con un cable USB (gracioso como Zuck pone en la caja uno de los cables de carga más cortos que he visto nunca; casual que el cable oficial largo cueste 100€ de nada) o mediante la red inalámbrica. Esto último requiere una aplicación extra de 20€ que hasta hace poco no estaba muy soportada.

He jugado mayormente con la conexión inalámbrica y el Flight Simulator. Tiene algunos fallejos, y se nota que es algo muy incipiente (me costó varios intentos hacerlo funcionar, cuando el resto de la experiencia es bastante transparente), pero es impresionante. En realidad virtual, se aprecian más las limitaciones de la (aún impresionante) digitalización de la Tierra que ha hecho Microsoft, y la calidad de los gráficos baja un poco al tener que alimentar las dos pantallas del casco, pero la sensación de estar volando en un avión es sobrecogedora. Mientras que jugando en una pantalla convencional la cámara exterior es la mejor manera de disfrutar de las vistas, en realidad virtual meternos dentro del avión y poder asomarnos por la ventanilla fácilmente es la mejor manera de apreciar el paisaje. Además, la sensación de inmersión que da ver la cabina y el exterior del avión es magnífica.

¿Vale la pena? Es una pregunta complicada. El desembolso total para disfrutar de cosas como el Flight Simulator no es menor. Se puede hacer el gasto por fases de una manera más digerible, pero sigue siendo un montón de dinero. Además, lo más probable es que en una o dos iteraciones evolucione mucho todo. Pero la verdad que degustar una experiencia casi de ciencia ficción y notar lo que será posible en unos años no es de los peores derroches que se me pueden ocurrir, ni mucho menos.

[1] Mis anteriores salivaciones sobre el Flight Simulator.

Como bonus...

Un tentáculo no es lo que te pensabas.

Sale Pavarotti, entra Aretha Franklin. Un curioso cambio en los Grammys de 1998.

Los estereotipos son malvados, pero me he reído un rato con esto.

En Quanta, dos matemáticos de los que era muy fan sin saberlo.

La corrección más esperada del BOE.

Interesante idea de Microsoft que podría hacer que no hable como una metralleta.

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