El retorno (demorado) del Thinkpad

Allí por 2005, enamorado por los portátiles negros que pululaban por la oficina fuera de mi alcance, me compré un hermoso Thinkpad T42 por unos significantes 1400€. Un hermoso aparato, de los últimos en ser fabricados por IBM, con una espectacular pantalla 4:3 de 1400×1050 y que le daba mil vueltas al portátil Dell que sustituyó (carísimo por tener una tarjeta gráfica, pero en todos los demás aspectos, bastante mediocre). En aquella época, las prestaciones de los ordenadores aún progresaban rápidamente, así que unos 5 años después decidí pasarme a una combinación de sobremesa y un netbook, que me ofrecía un sistema más potente para el trabajo serio y para usar de servidor 24×7 y un sistema ultraligero (1,1kg, la mitad de los 2,2kg del Thinkpad- y con 5 horas de batería que superaban la muy deteriorada batería de 5 años del T42) para el uso fuera de casa o en el sofá- por un precio muy económico.

Pero, unos 6 años después de eso, la progresiva obsolescencia del EEE y las prometedoras reseñas del Thinkpad 13 me llevaron a volver a dar una vuelta a mi parque informático.

Es glorioso volver a tener un portátil de verdad. Es glorioso volver a usar tener un Thinkpad.

El Thinkpad 13 es un portátil de gama media, sí- el mío cuesta 680€, por encima de los 200-400€ que cuestan los ultraportátiles que heredan la tradición de los netbooks (pero al parecer menos infrahumanos) y de los 300-500€ de los tochos de 15″, pero por debajo por ejemplo de los 1100€ del Macbook Air de 13″, espacio por donde deambulan la mayoría de portátiles que comienzan a valer la pena.

Sin embargo, el 13 es un Thinkpad con puntos de gama alta. Tiene opción de pantalla 1920×1080 en vez de los mediocres 1366×768 de los portátiles de gama baja. Pesa 1,4kg y tiene una batería generosa (11 horas según Lenovo, 9 horas según reseñas) que lo hacen realmente portátil y no portable. Y por supuesto, tiene el glorioso diseño Thinkpad, que incluye un delicioso teclado y el sobresaliente Trackpoint entre las teclas G, H y B.

Así pues, espoleado por el hype, puse mi pedido en lenovo.es. La primera en la frente fue el tiempo de entrega, que de las 1-2 semanas prometidas paso a casi dos meses, al parecer por escasez de paneles Full HD. En mi caso sólo fue maltrato psicológico y me supuso un descuento de 35€ (¡reclamadlo!), pero en el caso de que hubiese necesitado el portátil con cierta urgencia, me hubiese abocado a una cancelación.

Pero finalmente llego. Sobre el modelo base, con la pantalla Full HD, 8gb de RAM (en un módulo- se puede abrir y meter otro para subirlo a 16gb), SSD de 128gb (tengo almacenamiento en otros sistemas, pero para muchos pueden ser escasos) y un i3 (el base es un Celeron).

La primera impresión es… de contundencia. Es mucho más grueso que el típico ultrabook de 13″, pesa más y “abulta” más; parece mucho más tocho de lo que es si lo pones al lado de otro portátil, por tener un diseño muy cuadrado. Sin embargo, es cómodamente portátil y realmente no pesa tanto como para que moleste.

Además, su grosor le permite tener un teclado con un recorrido generoso que aunque quizá no sea el segundo advenimiento que prometen las reseñas, es ciertamente de lo más ergonómico que uno podría desear en un portátil. Teclear es rápido, preciso y sobre todo, placentero. La disposición del teclado es bastante digna, salvo algunos detalles:

  • La tecla Fn está en la esquina inferior izquierda del teclado y Ctrl a su derecha, al revés que en la mayoría de portátiles. Dado que tengo que usar a diario otro portátil con la disposición normal, tuve que intercambiarlas en la BIOS para no volverme loco, aunque quizás la disposición que trae sea más cómoda
  • Las teclas de avance/retroceso de página están encima de los cursores laterales y son muy fáciles de pulsar accidentalmente
  • La disposición de los Thinkpads clásicos con 7 filas de teclas en vez de 6 es claramente superior

Pero aún con eso, es mucho más agradable teclear en el Thinkpad que en el más que decente teclado de mi Toshiba Z30 laboral, los Air de 13″ o el terrorífico teclado de los nuevos Macbook.

Completando el teclado, tenemos el trackpoint, que para muchas funciones es más práctico que el touchpad, por el hecho de no tener que apartar las manos del teclado para usarlo y un touchpad bastante potable. Yo soy un fan de los trackpoint (aunque a menudo uso el touchpad para hacer scroll) y para mi es un punto muy a favor del portátil- creo que todo el mundo debería usar uno durante un tiempo prolongado para apreciarlos.

La nota negativa es el botón de encendido, que todas las reseñas apuntaban como terrible y que confirmo. No es fácil de pulsar y hay que acostumbrarse a un movimiento bastante específico para pulsarlo. Obviamente no es algo crítico, pero sí una pequeña mancha que desentona el elevado nivel general del aparato.

Luego viene la pantalla, culpable de la terrible demora en poder tener el juguete en mis manos por sus 1920×1080. Debo decir que desde que disfrutaba del 1400×1050 en 14″ de mi añorado T42 debo haber perdido agudeza visual, porque he tenido que ampliar tamaños de letra para trabajar con comodidad, perdiendo un poco la mayor densidad de información que permiten los 1920×1080 en 13″. Pero bueno, la ampliación no era muy costosa, así que aunque no la aproveche al máximo, la nitidez extra de la imagen ya vale bastante la pena.

En cuanto a puertos tiene 3 USB normales (uno a la izquierda, dos a la derecha) que al parecer son always-on (puedes cargar el móvil aunque el portátil esté apagado), un HDMI tamaño completo, auriculares (con micrófono), un USB-C y un conector propio de Lenovo para dock. Tengo curiosidad por las prestaciones del USB-C; no queda claro si puede usarse para sacar displays y carga simultánea, lo que daría pie a interesantes soluciones de docking de bajo coste y, en un futuro cercano, usar un único cargador para portátil y móvil, pero aún no lo he podido estudiar (e internet no es clara respecto a este punto). El dock propietario es una opción interesante, pero que de momento tampoco voy a explorar.

En uso el sistema es lo que uno esperaría- no tiene ningún problema destacable y cumple su función. Linux funciona sin demasiados problemas, aunque la pureza ideológica de Debian hace que instalar el firmware propietario de la tarjeta de red inalámbrica no sea inmediato (la operación es sencilla, pero hay que hacerla. Al parecer la mayoría de otras distribuciones incluyen el firmware de serie e incluso hay un instalador de Debian no completamente oficial que lo trae). La construcción del sistema no es tan lujosa como los Air o los Thinkpad de gama alta, pero da bastante sensación de solidez y robustez, aunque obviamente no lo he puesto a prueba- dice el fabricante que ha pasado certificación militar y pruebas de estrés, pero otra cosa es lo que pasa si se te cae al suelo…

En resumen, si queréis un portátil que esté un paso por encima de los portátiles baratos, pero no os queréis gastar la pasta que cuesta un Macbook Air o equivalente, el Thinkpad 13 es una opción espléndidamente equilibrada. Es muy portátil, potente y de calidad. Si además sois fans de los Thinkpad, por el trackpoint o el distintivo diseño, más puntos a favor.

¿Quién me convenció para que fuese a ver una peli del Capitán América?

Pues yo mismo, la verdad. Me comí eso de que todo el mundo proclama que es el segundo advenimiento con patatas.

Lo bueno es bueno; pese a ser una especie de Los Vengadores Light (sin Hulk, sin Thor y, sobre todo, sin S.H.I.E.L.D., me falta Fury, Coulson o incluso la agente Robin Sparkles- los agentes siempre animan cualquier cotarro), la acción supera por momentos a las entregas anteriores de los Vengadores- la escena del aeropuerto combina la buena variedad de poderes con mucha gracia, especialmente los de Ant-Man y Spider-Man que dan mucho juego. También sale Pantera Negra que, aunque no explota todo su potencial, resulta efectivo y aporta algo nuevo.

Pero.

Pero lo de Guerra Civil se queda un poco en partido de solteros contra casados- es cierto que el hecho de que le falta dramatismo porque el hecho de que el malo quiera arrancarle los ojos al bueno le da cierta tensión a la cosa, y si ni la mismísima Viuda Negra (que a priori es la que tiene más potencial de hacer cosas no precisamente heroicas) se ablanda a las primeras de cambio…pues esto le quita un poco de emoción al asunto. A parte de que uno ya se va acostumbrando a ver en el cine superpeleas y cada vez necesita algo más grande para saltar del asiento.

Sobre la aparición de Spider-Man soy un poco ambivalente. En una peli con tanto superhéroe es difícil sacar al Peter Parker del gran poder conlleva una gran responsabilidad con un poco de coherencia, con lo que la versión adolescente flipado es probablemente la aproximación más apropiada y cabe decir que consigue infundirle el humor y desparpajo del cómic que el resto de pelis del trepamuros no habían conseguido sacar. Eso sí, sigo pensando que los guionistas de Deadpool realmente serían capaces de clavar el Spider-Man cachondo que es tan peligroso por sus cabriolas como por sacar al malo de turnos de sus casillas con dos chascarrillos hábilmente colocados. Habrá que ver cómo salen las siguientes películas (la verdad, las dos primeras de Tobey Maguire me gustaron, pero no me mataron. La tercera me mató y no me he atrevido a ver las de Andrew Garfield).

En fin, que sí, que se puede ver Civil War. Pero id con las expectativas ajustadas.

El ránking queda:

  1. X2
  2. Iron Man
  3. Hellboy
  4. Watchmen
  5. Deadpool
  6. The Dark Knight
  7. The Avengers
  8. X-Men: Primera Generación
  9. Hulk (2003)
  10. Capitán America: Civil War
  11. Batman
  12. X-Men: Días del Futuro Pasado
  13. Spider-Man 2
  14. X-Men
  15. Batman Begins
  16. Spider-Man
  17. Batman Returns
  18. Avengers: Age of Ultron
  19. Iron Man 2
  20. X-Men Origins: Wolverine
  21. X-Men: The Last Stand
  22. The Punisher (1989)
  23. Thor
  24. Blade
  25. Elektra
  26. The Green Hornet
  27. Fantastic Four
  28. The Green Lantern
  29. Daredevil
  30. Superman Returns
  31. The Incredible Hulk
  32. Superman
  33. Spider-Man 3

Han aprendido a llevar los calzoncillos por dentro

Comentando por un colega, mi ránking de pelis de superhéroes necesita una actualización:

  1. X2
  2. Iron Man
  3. Hellboy
  4. Watchmen
  5. Deadpool
  6. The Dark Knight
  7. The Avengers
  8. X-Men: Primera Generación
  9. Hulk (2003)
  10. Batman
  11. X-Men: Días del Futuro Pasado
  12. Spider-Man 2
  13. X-Men
  14. Batman Begins
  15. Spider-Man
  16. Batman Returns
  17. Avengers: Age of Ultron
  18. Iron Man 2
  19. X-Men Origins: Wolverine
  20. X-Men: The Last Stand
  21. The Punisher (1989)
  22. Thor
  23. Blade
  24. Elektra
  25. The Green Hornet
  26. Fantastic Four
  27. The Green Lantern
  28. Daredevil
  29. Superman Returns
  30. The Incredible Hulk
  31. Superman
  32. Spider-Man 3

Si añadimos series de TV la cosa está parca, así que:

  1. Jessica Jones
  2. Daredevil
  3. Agents of S.H.I.E.L.D
  4. Heroes S01
  5. Heroes S02-S04
  6. Heroes Reborn

y me estoy temiendo que ahora que Hunter/Morse ya no están en S.H.I.E.L.D tendré que considerar S.H.I.E.L.D pre-Most Wanted y post-Most Wanted.

Por qué no uso productos Apple

En un mundo en el que el iPhone es el modelo de teléfono más vendido y parece que una inmensa cantidad de desarrolladores de software utiliza ordenadores Apple, a veces uno se siente necesitado de justificar por qué no usa ningún producto de esta compañía. Aquí va, para facilidad de referencia.

La censura no mola

Apple desea controlar lo que el usuario de sus dispositivos puede ver y no ver. El ejemplo más claro es la prohibición de pornografía en la App Store. Si bien es su tienda y pueden poner sus reglas, y puede parecer una política respetable, sigue siendo censura y control. Me parece perfecto que se etiqueten los contenidos que pueden ser malignos (obviamente no digo que la industria pornográfica sea un nido de virtud, más bien al contrario) e incluso los que puedan ofender la sensibilidad de unos pocos- y incluso creo que es levemente defendible que el responsable de un menor pueda intentar bloquear el acceso de ciertos materiales a éste [aunque personalmente no esté de acuerdo], pero estoy firmemente opuesto a que una empresa intente restringir lo que puedo hacer con su dispositivo.

Entiendo que los dispositivos iOS disponen de navegadores que hacen que estas restricciones sean más bien un brindis al sol, pero temo que Apple no haya extendido estas restricciones a la totalidad del dispositivo no por falta de ganas sino por la imposibilidad de hacerlo.

Si bien los inicios de la censura suelen ser por motivos loables, el uso de ella es incorrecto de por sí por más de acuerdo que podemos estar con la indeseabilidad del material bloqueado, ya que la voluntad de usar la censura se extiende fácilmente a otros materiales cuya indeseabilidad es mucho más relativa o incluso incorrecta. El hecho de que dispongamos alternativas que nos permitan sortear esta censura tampoco las justifica- la censura es malvada y la única manera de que avance es cortándola de raíz antes de que sea inevitable.

La libertad de desarrollo

Como desarrollador de software, creo que los dispositivos programables son uno de los grandes avances de la humanidad, quizá no a la altura del agua corriente o la higiene, pero sin duda con el potencial de hacer del mundo un lugar mejor. Recuerdo con cariño el Commodore 64 de mi infancia que arrancaba directamente a un interprete de BASIC y que permitía distribuir el software que uno mismo desarrollaba grabándolo en una cinta de cassette de coste mínimo.

Si bien los ordenadores Apple con OS X hasta vienen con herramientas de desarrollo incluidas, la punta de lanza de Apple son sus dispositivos más vendidos, los que usan iOS donde la situación de desarrollo es totalmente diferente. Para desplegar las aplicaciones que desarrollamos sobre hasta 100 iPhones, debemos ser desarrolladores registrados por Apple, lo que tiene un coste y requiere aprobación (dudo mucho que rechacen muchas solicitudes, pero aún así, pueden hacerlo). Si queremos que use nuestro software más de 100 personas, debemos pasar inevitablemente por la App Store y que Apple examine y apruebe nuestra aplicación.

Es decir, no podemos desarrollar software para iPhone y que sea usado por más de 100 personas si este software no es del agrado de Apple- según unos criterios que además son poco transparentes- para lo cual deben tener acceso completo a él.

Esta restricción de la libertad de desarrollo de software me parece completamente draconiana e inaceptable- y extremadamente dañina si se extendiese, por lo cuál una vez más creo que debe ser cortada de raíz.

Apple ya tiene suficiente dinero

Apple gana mucho dinero. Muchísimo. Tiene un margen comercial más amplio que sus competidores. A igualdad de condiciones, si la empresa A tiene un margen del 15% y la empresa B tiene un margen del 30%, voy a comprar el producto de la empresa A. Si bien la eficiencia en la producción de Apple muchas veces significa que los precios de Apple son competitivos (durante mucho tiempo, el Macbook Air de 13″ era imbatible en calidad/precio, y sigue dando mucha guerra), en muchas ocasiones los precios de Apple coloca a sus productos en el segmento de lujo que yo no puedo justificar.

Apariencia sobre utilidad

Con la famosa batería del iPhone, el cargador del Magic Mouse y el lapiz del iPad Pro, últimamente se hace mucho cachondeo sobre la supuesta caída en picado del diseño de Apple. La verdad, no creo que sea algo nuevo.

Hace mucho, mucho tiempo que me compré mi primer producto Apple, un Mighty Mouse  que en vez de ruedecilla tenía una bolita que permitía hacer scroll en dos dimensiones, una idea que me intrigaba sobremanera. Sin embargo, al cabo de muy poco tiempo descubrí que el mecanismo de la bolita acumulaba suciedad sin que hubiese un mecanismo razonable para limpiarla, con lo que el ratón murió prematuramente. Una idea cojonuda pero mal ejecutada.

Veo en los productos de Apple pantallas ultrabrillantes con insoportables reflejos, portátiles innecesariamente delgados (el peso de un portátil importa mucho, que sean finos no aporta nada) que tienen teclados sin profundidad (el teclado del nuevo Macbook es realmente terrible), insistencia en los touchpad cuando los ratones y trackpoints son superiores, teclados a los que les faltan teclas vitales (reemplazando la útil “suprimir” por una peligrosísima tecla de apagado), etc. etc. Apple sacrifica constantemente la utilidad por la apariencia, y yo uso los ordenadores, no los contemplo.

El camino de la verdad y la virtud

Apple tiene claro cómo quiere que el usuario interactúe con sus dispositivos. Más allá de su deseo de controlar los contenidos y software que se pueden experimentar, también tiene una idea clara de los patrones de uso. Si bien debo decir que seguramente su visión sea de las más claras y coherentes del mercado y que su persecución de la simplicidad es acertada en la mayoría de los casos, uno no puede evitar pensar que para usar adecuadamente un producto Apple uno debe convertirse a su verdadera religión y su manera de hacer las cosas.

Creo que diferentes personas prefieren interactuar con los ordenadoras de diferentes maneras, y que cada uno puede encontrar la manera de trabajar más eficiente para él. Puede que lo haga para fastidiar, pero uso un entorno de escritorio muy peculiar (un “tiling window manager”), utilizo un móvil con teclado físico, prefiero las líneas de comandos y adoro los trackpoints. Apple reduce su diversidad al máximo y si quisiese adoptar sus productos, tendría que renunciar a muchas de estas cosas, ya que Apple nunca se dedicará a ellas. Y si bien su visión es completa y poderosa, a mi no me convence.

Prefiero el software libre

Como programador creo que el software libre es una alternativa muy atractiva al software propietario. Los intereses comerciales raramente se alinean con los de los usuarios (podría parecer que sí, y a veces coinciden, pero no), mientras que si el usuario puede participar activamente en el desarrollo del software, esta alineación es más probable. Mis experiencias en este sentido han sido muy positivas- he conseguido influir en el desarrollo de software que utilizo para obtener arreglos y mejoras que me han beneficiado directamente, algo que creo es muy complicado con el software propietario.

Adicionalmente, también me he beneficiado de poder estudiar y analizar código publicado por terceros, y creo que es una poderosa herramienta de aprendizaje para los nuevos desarrolladores de software.

Así pues, en la medida que sea posible utilizo software libre. Si bien Apple coopera con el software libre en ocasiones, lo hace a regañadientes y primando su interés comercial por encima de todo- y por supuesto, la mayoría del software que desarrolla no es libre.

Mi opinión sobre unos cuantos lenguajes de programación

(sobre el TIOBE de Agosto 2015, básicamente).

Java: junto con PHP, uno de los lenguajes más denostados del mundo. A diferencia de PHP, probablemente una de las mejores opciones disponibles para hacer software grande y complejo y no morir en el intento. Hay una escasez de lenguajes de tipado estático populares en el mundo y si no nos queremos ir a Microsoft, Java cuenta con un ecosistema brutal, da un rendimiento sobresaliente y se aprende fácilmente. Pero no es chachi.

C: el lenguaje que todos adoramos hasta que lo tenemos que usar en serio. Afortunadamente es el siglo XXI y la mayoría de nosotros no tenemos que recurrir a él. Eso sí, le debemos todo y aunque ya no domina el mundo, sus descendientes han heredado el trono.

C++: uno de esos lenguajes que siempre quiero aprender pero con el que nunca me pongo. El C++ auténtico se desliza entre la elegancia y potencia y el jeroglífico más ofuscado. Lamentablemente, no hay tiempo en esta vida para aprender todo lo que se necesita para programar bien en C++.

C#: el Java mejorado de Microsoft. Pero aunque lo estén abriendo, para disfrutarlo plenamente aún cuesta dinero. Sí, sé que cuesta poco para lo que vale, pero habiendo opciones gratuitas, ¿por qué molestarse?

Python: de los débilmente tipados, mi favorito. Un diseño bastante sencillo y ortogonal, alguna rareza por ahí pero en principio la mejor herramienta en muchas situaciones. Y si uno desarrolla web, el admin de Django es lo más disruptivo que existe en el terreno.

Objective-C: hasta Apple ya se ha dado cuenta que debe morir.

PHP: el horror. Cada característica de PHP cuenta con un problema fundamental, pero la gente insiste. Pero existe WordPress, Magento y tantos CMSs que es inevitable caer en sus redes de cuando en cuando.

VB.NET: C# con sintaxis de BASIC. No, gracias.

JavaScript: el lenguaje más accidentalmente popular del mundo. En realidad no es tan malo (salvo los callbacks en callbacks de callbacks) pero tampoco es bueno, y mucho menos como para que se intente que conquiste el mundo.

Perl: aguanta ahí, así como sus fieles. Excelente para ofuscar, confundir y compactar- aún no le he encontrado otra virtud.

Ruby: el sucesor de Ruby. Tiene su propio estilo de ofuscación- la maleabilidad es como la etimología indica, mala.

Haskell: posiblemente, el lenguaje más académico que es medianamente conocido y que goza de un buen ecosistema. Sus virtudes son incontestables, pero las profundidades teóricas en las que hay que sumergirse para entender sus conceptos más básicos es aterradora. La evaluación “perezosa” permite a su vez expresar algoritmos de maneras inimaginablemente elegantes pero hace que razonar sobre el tiempo y espacio de ejecución de un algoritmo sea doloroso.

Bash: posiblemente el mejor lenguaje de propósito específico que existe. Lo que se puede conseguir con unos comandos y unos pipes en un par de líneas y el mejor REPL del mundo hace que sea la herramienta más rápida para un número no despreciable de problemas. Eso sí, el lenguaje que peor escala del mundo.

SQL: el único lenguaje con un movimiento anti oficial. El modelo relacional es de momento el mejor sistema modelado que existe, las bases de datos relacionales de las plataformas más evolucionadas y eficientes del mundo y sin embargo… nadie quiere escribir SQL, todo el mundo prefiere escribir 10 veces más código en lenguajes menos apropiados para lo que necesitan.

Debian GNU/Windows

Aunque muchas veces digo que soy usuario de Linux (desde 2002 en casa, 2011 en el trabajo), la verdad es que lo que soy es usuario de Debian (también uso CentOS en algunos servidores).

Debian aspira a ser el sistema operativo universal- su versión “testing” contiene la friolera de 58.000 paquetes de software, que incluyen un entorno tipo UNIX y el kernel de Linux, todo en un formato fácilmente instalable. Cantidad no equivalente siempre a calidad, pero al menos para mi, Debian cubre prácticamente todas mis necesidades informáticas con un coste mínimo en tiempo y dinero: en un momento tengo acceso a la mayoría del software que necesito en un entorno eficiente y agradable.

Sin embargo, el mundo de la informática de escritorio sigue dominado por Microsoft Windows. Es un sistema que he usado bastante y realmente tiene muchas virtudes, pero para mi su mayor defecto es que no es Debian. Windows dispone de mucho software interesante que no se puede usar en un sistema Debian, sí- pero Debian también tiene mucho software que es una lata utilizar en Windows- especialmente el que compone el entorno “UNIX” de GNU (los shells y utilidades, que uso intensivamente).

Son dos filosofías completamente diferentes. Debian aspira a empaquetar todo el software libre del universo (e incluso no libre) y Windows te proporciona un sistema operativo y unas migajas de software para que te busques la vida.

¿No podemos tener lo mejor de cada mundo?

Hasta ahora, obtener los beneficios de Windows y Debian suponía mantener dos sistemas. Yo personalmente tengo máquinas virtuales Windows que utilizo para acceder a software que sólo está disponible en Windows- como Microsoft Office, pero en general evito en la medida de lo posible usar Windows porque es un tostón trabajar dentro de una máquina virtual y por tanto aprovecho poco todo el software disponible para Windows.

Ahora bien, Microsoft está cambiando y comienza a contemplar Linux como algo diferente a un enemigo a destruir. Curiosamente, Microsoft parece escoger Debian cuando comienza a acercarse a Linux (sin ir más lejos, han sacado un contenedor Docker para ejecutar aplicaciones de ASP.NET que es Debian Wheezy).

Por otra parte, Debian está preparada para correr bajo otros sistemas operativos. Sin ir más lejos Debian GNU/kFreeBSD es Debian corriendo sobre FreeBSD. También anda por ahí un intento de ejecutar Debian sobre Hurd, el kernel de GNU que quizá algún día sea relevante.

¿Por qué no Debian GNU/Windows?

Existen “distribuciones” para Windows, como por ejemplo Cygwin y MinGW/MSYS, que traen mucho del software GNU y del que incluye Debian, pero que palidecen en comparación con Debian- mucho menos software y mucho menos cariño en su mantenimiento.

No existen imposibles para correr Debian sobre Windows- se requeriría un enorme esfuerzo y hay aún muchas diferencias políticas a limar, pero un Windows, con su enorme soporte de hardware y el acceso a mucho software importante, con un entorno Debian encima sería un entorno que me tentaría seriamente a abandonar Linux.

En este mundo extraño con un Microsoft desconocido que saca software para sus competidores y que emplea Linux… no es algo completamente descabellado.

Postdata: soy plenamente consciente que OS X sería una alternativa a Windows en un escenario así. Sin embargo, debo decir que prefiero Windows. Apple y su entorno comienza a disgustarme más de lo que me disgustaba Microsoft. Y desde luego, creo que Apple sería infinitamente menos cooperativa.

Clásicos de ayer y de hoy

Tras toda una saga (1, 23, 4 y 5), hace casi un mes desembolsé unos dolorosos 400€ y pico euros (menos 5% de descuento directo y 5% de indirecto aprovechando un día especial FNAC) y me hice con la ansiada Classic.

El resumen para los que no quieran tragarse la parrafada:

  • ¿Debo comprarme este móvil? Si te sientes limitado en los móviles táctiles y te gustaría llevar encima un dispositivo pelín más parecido a un portátil y aceptas conscientemente las limitaciones del ecosistema Blackberry, deberías al menos plantearte una BlackBerry Passport o una Classic.
  • ¿Es este el móvil que rescatará de la ruina a BlackBerry? No lo creo, su negocio de vender móviles lleva tiempo condenado y no creo que pueda hacerse nada. Yo me lo compro en un intento desesperado de salvar los móviles con teclado físico.

La versión larga…

La BlackBerry Classic es básicamente la Q10 de mediados de abril de 2013 con el “belt” de las BlackBerries antiguas (botón de llamada y colgar, menú, atrás y trackpad)- que pagas a precio de oro (la Q10 está bien por debajo de 300€ ahora mismo, la Classic por encima de 400€). Lo más llamativo, a parte del teclado made-in-BlackBerry es la pantalla cuadrada de 720×720 que va en contra de todo en la época actual. Junto con la Passport, ese aparato de dimensiones extrañas, los dos modelos más importantes de BlackBerry son dos móviles que no se parecen en nada a ningún dispositivo que tenga otro fabricante.

Lo más sorprendente al coger la Classic es el peso; sus casi 180g son notables y dan una sensación de cazabombardero ruso- arcaico, pero bien construido y fiable. No parece haber nada en el cacharro que explique el peso- personalmente creo que han metido algo pesado para conseguir este efecto, y no me parece mal.

Físicamente, la pantalla de 720×720 se ve muy bien y aún con el brillo al mínimo se puede usar perfectamente al sol, algo que a mi particularmente me encanta- muchos móviles hoy en día parecen ser diseñados para su uso en interiores, algo que no tiene sentido. Debajo de la pantalla hay un estupendo teclado Blackberry, tipo Bold pero recto. Los que no hayáis usado nunca un teclado BlackBerry… es una experiencia la mar de satisfactoria. En bastantes condiciones, un teclado de pantalla táctil tipo Swiftkey puede permitirte entrar texto a una velocidad comparable, pero el clic-clic de las teclitas físicas es extremadamente gratificante. Para situaciones de tecleo más complicadas (querer usar puntuación correcta, mezclar idiomas, introducir cosas tipo comandos en un terminal…), el teclado físico se desmarca a años luz de cualquier sistema táctil: si quieres usar un móvil como terminal de SSH, por ejemplo, con un móvil táctil vivirás la frustración y con un teclado BlackBerry disfrutarás.

Cabe decir que BlackBerry le ha incorporado al teclado funcionalidades predictivas de su supuestamente excelente teclado táctil. Estas están desactivadas por defecto, pero recomiendo encarecidamente activarlas; esto hace que el móvil introduzca acentos cuando no hay ambigüedad y que para ciertas palabras podamos utilizar el autocompletar, que es bastante espabilado y multiidioma (a veces mezcla un poco castellano y catalán- y dado lo poco que escribo en este último estoy tentadísimo de desconectarlo).

Con todo, con este móvil se puede escribir sin siquiera mirar a la pantalla- sólo colocar algún acento ocasionalmente puede romper el flujo (en modelos anteriores tenías que mantener la letra pulsada y usar el trackpad para seleccionar el acento- aquí mantienes la tecla apretada y luego seleccionas el acento en la pantalla táctil- ninguno de los dos modos es perfecto)… todo lo demás puede hacerse mediante memoria muscular- puntuación y combinaciones de teclas pueden memorizarse.

Viene por aquí otro aspecto destacable de la experiencia BlackBerry: los atajos de teclado. En los PCs de escritorio los usuarios intensivos aprendemos rápido combinaciones de teclas que nos permiten concentrar acciones en el teclado y evitar el lento ratón. En la BlackBerry, igual. Pulsar espacio para saltar de página, pulsar k y u en el navegador para ir a los favoritos y a la barra de direcciones, t para responder un correo, etc. son cosas que nos evitan las ineficiencias de las pantallas táctiles y que nos llevan a una experiencia más “de escritorio”. Los dispositivos táctiles se están imponiendo, sí, pero los teclados siguen siendo el mecanismo de entrada más ágil y veloz para usuarios intensivos y si bien usar una BlackBerry dista mucho de la ergonomía de un ordenador de escritorio, está muy por encima de la experiencia táctil.

Junto con el teclado y los atajos, tenemos el trackpad. Es quizá el motivo de ser de la Classic- la Passport permite usar la superficie del teclado como panel táctil (algo que me intriga sobremanera), así que los dos nuevos buques insignia de BlackBerry recuperan esta forma de entrada. El trackpad permite un comportamiento más similar a los cursores de un teclado de ordenador. Para moverse por listas de elementos y cuadrículas ofrece una alternativa más que viable a la pantalla táctil con ventajas e inconvenientes- particularmente yo me siento un poco estúpido con los gestos amplios de hacer scroll en pantalla táctil y el trackpad me permite hacer lo mismo con mucho menos movimiento. En el navegador, el trackpad nos permite seleccionar pequeños elementos en páginas web no adaptadas para móvil con agilidad, permitiéndonos evitar el continuo pinch-to-zoom (y alternativos) de los navegadores táctiles. Y por último, editando texto nos permite ahorrarnos los ultrafrustrantes mecanismos de desplazamiento y selección de texto- algo que quizá no sea algo muy frecuente, pero que yo cada vez que tengo que hacer me tiro de los pelos. Con el trackpad es posible moverse con precisión por texto y combinándolo con la tecla shift, podemos marcar texto ágilmente.

Es ciertamente extraña la combinación de panel táctil y trackpad, y hay aspectos del interfaz (y muchísimas aplicaciones, especialmente las de Android) que no están adaptados al trackpad. Puede parecer que tener dos mecanismos de entrada parecidos es redundante y tonto, pero para ciertos escenarios, es una bendición disponer de ambos (en parte, sí, porque la pantalla táctil es relativamente pequeña, pero principalmente porque para que según que cosas el trackpad es superior).

Estos tres elementos (teclado, trackpad y atajos) son el principal argumento a favor de la Classic: un intento de superar las limitaciones de los dispositivos móviles y ofrecer una experiencia más rica. Personalmente, creo que es algo fantástico que cambia la manera de usar el móvil- la mensajería instantánea y el email se ven inmediatamente mejorados y potenciados- escribir una respuesta larga a un email deja de ser una experiencia frustrante que posponemos hasta estar cerca de un ordenador, dejamos de pervertir el lenguaje con el feo lenguaje abreviado propio de los móviles y podemos darle usos al teléfono, como de terminal de SSH que serían una tortura si tuviésemos que teclear sobre una pantalla táctil.

¿Y por lo demás?

Pues comenzando por lo bueno, BB10 es un sistema operativo la mar de majo. El sistema de multitarea es muy interesante, los gestos para cambiar de aplicación y demás son un poco marcianos, pero una vez uno se acostumbra son naturales y rápidos. Pese a la CPU poco potente, los dos 2gb de RAM con los que cuenta hacen que todo vaya fluido y el navegador sea tremendamente rápido hasta con páginas no adaptadas para móvil. Las aplicaciones básicas tipo Whatsapp, Twitter, Facebook, etc. están muy bien integradas, y el cacareado hub que unifica todas las comunicaciones funciona realmente bien. Es un sistema operativo centrado en la productividad y se nota.

BB10 introduce un par de características de integración con ordenador muy llamativas. Blend es una aplicación para Windows, Mac, iOS y Android que permite controlar la BlackBerry desde esos dispositivos, usando el correo y datos de la aplicación, transferir archivos, etc. La verdad que como usuario de Linux probé Blend en una máquina virtual y esto hizo que no me fuera nada conveniente- quizás los usuarios de un sistema operativo soportado por Blend lo vean más práctico, pero yo en principio lo vi limitadillo (no se integra con todas las aplicaciones, por ejemplo- nada de responder a un mensaje de Whatsapp por Blend). Pero la otra sí me resultó más cómoda- con un par de clics se puede activar un servidor de CIFS en la BlackBerry. CIFS es el protocolo de compartir archivos en red de Windows, soportado por la mayoría de sistemas operativos. Con esto activado, podemos acceder transparentemente y sin cables a los archivos guardados en la BlackBerry- algo que requiere aplicaciones adicionales en otros dispositivos móviles. Aunque es un pelín lento, es fantástico poder copiar archivos de un sitio a otro rápidamente sin tener que trajinar cables y sin tener que usar herramientas- podemos arrastrar archivos sin problemas.

Adicionalmente, salvo que los primeros días tuve un par de sustos con la batería, a partir de entonces la batería me ha ido fenomenalmente bien. Mi patrón de uso actual es un stress test en toda regla de la batería: me paso dos horas diarias en el metro de Barcelona haciendo uso intenso de datos; dada la pobre cobertura del metro, esto tortura la batería intensamente. Así, en cada trayecto me como un 20-25% de la batería. Adicionalmente, paso alrededor de media hora llamando. Y para acabarlo de adobar, no utilizo wifi en la oficina sino que sigo con conexión móvil, lo cuál es evitar un importante ahorro de batería. Con todo esto, tras casi 12h fuera de casa suelo llegar con 20-40% de batería, lo cuál debería significar que aunque la batería de la Classic no es extraíble, debería permitirme usar el móvil cómodamente durante bastante tiempo (crucemos los dedos).

Los problemas viene por otro lado.

Las aplicaciones. Sí, los cacareados ecosistemas importan. La verdad, yo personalmente sólo tengo que tirar de un par de aplicaciones Android (Feedly, Moovit, VX ConnectBot y Our Groceries [lista de la compra]). De esta sólo Feedly me molesta por no estar muy adaptada (si se pudiese usar el trackpad ganaría muchísimo), el resto tiran bien y hasta se adaptan bien. Pero el gran problema viene con Google.

GMail y Google Calendar más o menos bien. El mayor problema es con GMail, ya que el cliente de correo BlackBerry no tiene noción de archivar. Podemos configurarlo de manera que al borrar un mensaje quede archivado si queremos, pero entonces no podremos borrar. Puede que para otros no sea problema, pero a mi me gusta borrar el correo no importante (listas, notificaciones, etc.) y archivar todo lo demás, y en la Classic es imposible (y tenemos que recurrir al PC). Los grandes ausentes son Google Maps y Hangouts. Google Maps no está y si bien la versión web es mejor de lo que uno imaginaría, no está al nivel de la aplicación- yo al final acabo tirando de Moovit que no es ideal (se supone que Nokia Here es la leche y está en la appstore de Amazon, pero a mi no me sale por ningún lado). Hangouts… BlackBerry nos da un cliente de Google Talk, pero el futuro de Google Talk es incierto y además, no tiene la “adaptación a móvil” de Hangouts (o Whatsapp, o BBM, etc.), y usar mensajería instantánea no adaptada a móvil es un ejercicio frustrante (el check y el doble check de BBM, popularizado por Whatsapp, es esencial). Tampoco hay Chromecast 🙁

La verdad que fuera del ecosistema Google no echo en falta mucho más, pero… no tener Google Maps duele (lógicamente tampoco hay Google+, pero sinceramente, es Google+). Es posible que vuestro caso sea diferente al mío- por ejemplo yo paso de Instagram, pero para los fans de Instagram, sólo hay clientes no oficiales.

Lo otro gordo es “la multimedia”. Sí, la pantalla cuadrada no es ideal para ver vídeos. Yo la verdad que para ver el vídeo esporádico me apaño perfectamente, el reproductor coge los formatos habituales, soporta subtítulos y está bastante bien. Y si quiero ver algo más grande, uso el televisor que tengo en el salón, que ve mucho más grande que hasta el más grande de los “phablets” (eso sí, sin Chromecast ahí se pierden puntos).

La cámara también es bastante meh. Yo tengo un pulso horrible y es difícil sacar fotos decentes- o la tiro con flash y sale flasheada o la tiro sin flash y sale movida. La aplicación de cámara trae una pijada de timeshift que pinta muy bien (detecta caras, saca varias fotos y para cada cara te permite escoger entre las diversas fotos- así es posible sacar una foto de grupo y poder evitar individualmente guiños o muecas extrañas), pero que no no he sido capaz de usar satisfactoriamente (una vez más, cuestión de templeque manual). La cámara es lentita enfocando y tampoco tiene más. Dicen que tiene un muy buen HDR, pero yo no lo he visto.

En definitiva y resumiendo un poco:

  • Teclado, trackpad y otros elementos que me eliminan muchas experiencias frustrantes en dispositivos móviles
  • Sistema operativo cuidado y fluido pese al hardware relativamente caduco. Navegador sobresaliente
  • Aplicaciones básicas proveídas por BlackBerry bastante decentes
  • Transferencia de archivos a PC exquisita de fábrica
  • Batería sobrada para aguantar un día de uso muy intenso, pero no extraíble
  • No tiene Google Maps nativo (sólo web, que no va tan mal como parece), cliente de Google Talk pero no Hangouts, nada de Hangouts y en definitiva, pobre “experiencia Google”.
  • Pantalla pequeña para los que les gusta ver vídeos en móviles grandes cuya pantalla es varios órdenes de magnitud más pequeña que una tele
  • Cámara mediocre

Para mi, la Classic está muy cerca de ser el móvil ideal. Si BlackBerry se hubiese decidido por una experiencia más Google (usar Android de base, acatar las condiciones de Play Store), probablemente sería casi perfecto. Los otros fallos son la cámara (que es pasable) y la batería no extraíble, que podría no ser problema. No es un móvil para todos los públicos, pero para su público es un móvil excelente. El mayor problema, sin embargo, es el futuro incierto de BlackBerry…

Igual debería comprarme una Blackberry Classic

Si siguieron entregas anteriores (1, 23 y 4) soy un enajenado mental que usa una Blackberry Bold 9780 comprada hace casi 4 años y un Samsung Galaxy SIII comprado en abril del año pasado. Recientemente, la Bold se ha deteriorado aún más (se reinicia varias veces al día [un proceso horripilantemente lento] y ha dejado de reconocer tarjetas MicroSD [lo cuál es un fastidio muy grande de cara al uso de Whatsapp- salta un error cada vez que entro en la aplicación y por algún extraño motivo, hace que recibir fotos sea una odisea]), haciendo empeorando una situación que ya no era muy ideal (tener que preocuparme de dos teléfonos y que el principal sea una antigualla).

Y justo por estas fechas, esos canadienses decadentes han sacado la Blackberry Classic, la nueva Blackberry pensada para los desequilibrados como yo.

¿Qué hacer? Hablemos por pros y contras…

Pros

La Classic es prácticamente la Blackberry que yo querría. Formato Bold (pelín más grande, pero con trackpad y surtido de botones físicos), batería no intercambiable pero decente (GSM Arena le da 62h– lejos de las 101h que le da al Z3 Compact, pero más que suficiente) y si bien no usa Android como yo querría, es compatible con algunas aplicaciones Android (básicamente lo que quiero es Feedly, que es lo que me llevó al SIII. Parece ser que se pueden meter las aplicaciones Google de maneras turbias, lo cuál sería la leche).

Es decir, que sobre el papel han sacado un móvil que se acerca (realistamente) mucho a lo que yo querría, pero…

Contras

En EEUU cuesta $450 que parece caro pero al cambio son 389€, un precio no exorbitante para un móvil que uno quiere (está lejos de los 700€ del iPhone 6 más barato, debajo de los 450€ de un S5 o un Z3 Compact), pero en España cuesta unos 430€ de momento. Esos 40€ por vivir en un país pobre duelen, y duelen más cuando una Blackberry Classic es prácticamente el mismo hardware que la Blackberry Q10 de 2013 que ahora se vende por 280€. Es decir, que me están vendiendo hardware a un precio muy elevado.

Por otra parte, es una Blackberry. Sigue siendo muy complicado que Blackberry remonte el vuelo y hay bastantes números de que desaparezca en un futuro no muy lejano y me haya gastado los dineros en un móvil huérfano que seguramente tenga mucho de los problemas que tiene mi Bold ahora (soporte insuficiente de operadores y aplicaciones importantes). Y desde luego ahora mismo ni aplicaciones Google (las chapuzas no cuentan), ni smartwatches que lo soporten, ni nada… lo mínimo que necesito (Whatsapp, Twitter, Facebook, etc.) está, pero duele ser ciudadano de segunda categoría aunque eso no te afecte realmente mucho. La compatibilidad con aplicaciones Android es relativa y muchas reseñas dicen que se arrastran (normal- es hardware más bien poco potente).

Pero

Llevo usando el SIII casi un año y… las pantallas táctiles siguen siendo un problema. Cuando tengo que teclear algo, por mucho Swiftkey que haya… cada cambio de idioma, palabra fuera de diccionario, puntuación que no entiende y cada símbolo (y ya no hablemos de usarlo en un terminal SSH, totalmente impracticable) me hace querer cada vez el maravilloso teclado Blackberry. Hay gente que imagina los futuros apocalípticos con inviernos nucleares, desiertos sin agua y ruinas; yo me imagino un mundo de pantallas táctiles donde ni móviles ni ordenadores tengan teclados físicos… y eso me da escalofríos. Si Blackberry se hunde, los terroristas habrán ganado y los pocos que apreciamos teclear estaremos condenados. Antes algún fabricante sacaba terminales Android con teclado físico… malos… pero ahora ya ni eso. En mi desesperación, hasta Typo era una opción.

La única esperanza es que ya sea por un cambio de rumbo o una adquisición, Blackberry (u otro fabricante) comience a sacar móviles decentes Android con formato Blackberry. Igual porque Blackberry esté a punto de la quiebra, o porque los rumores de que Samsung la compre sean ciertos y decidan hacer algo arriesgado. ¿Pero quién haría eso si no se compran móviles QWERTY?

En fin, una decisión dura. Les mantendremos informados.

Detente y préndete fuego

La subcultura, friquismo, cosa geek, etc. parece estar de moda últimamente. La tecnología cobra cada vez más importancia y se infiltra hasta puntos insospechados hasta hace poco en el día a día de la gente corriente. Famosos de la informática como Jobs o Zuckerberg son celebridades del calibre de muchos deportistas, actores y músicos. Como no podía ser de otra manera, esto hace que las artes- literatura, cine, televisión… cada vez beban más del mundo tecnológico en sus obras. Sin embargo, hasta el momento (y hasta donde yo he visto), esto ha sido un fenómeno parcial- cultos de personalidad, referencias… poco más.

Halt and Catch Fire, sin embargo, es de las primeras obras relevantes para el gran público centrada argumentalmente en el mundo tecnológico- específicamente en la época de los clones del PC de IBM en los 80. Pese a tomarse licencias artísticas con la historia (la Cardiff Electric de los protagonistas es en gran parte Compaq, pero con bastantes cambios), HaCF no sólo puede considerarse histórica en el sentido que un biopic de Napoleón lo sería, sino que además entreteje la tecnología en el argumento (y además, con grandísimo acierto).

La historia se centra en un ex-comercial de IBM, Joe MacMillan (genialmente interpretado por Lee Pace… sorprendentemente el Thranduil del Hobbit o el villano de Guardianes de la Galaxia) que aterriza en una pequeña empresa de informática de Dallas planeando un producto clave de la época. Su personaje, magnético como debe ser, bascula entre lider carismático y traidor deleznable- de impecable traje caro pero con misterios y bagaje personal, se rige como el eje alrededor del cuál gira la historia. Le acompañan la programadora Cameron Howe (una tal Mackenzie Davis que no me suena de nada) y Gordon Clark [¿Gordon por Gordon Moore de Intel y de la ley epónima? Por Clark sólo me sale un fundador de SGI y Netscape], el experto en hardware (Scoot McNairy- al parecer sale en 12 Años de Esclavitud y Argo). En las dinámicas entre los tres rápidamente cobra protagonismo Donna, la esposa de Gordon, (una magnífica Kerry Bishé- al parecer es la segunda vez que interpreta a la esposa del mismo actor) que es mucho más multidimensional que el otro par (Cameron es excesivamente punk-manzanil para mi gusto- Gordon es un personaje más interesante pero que a mi no me llama mucho) y se lleva una buena cantidad de momentos estelares.

En el aspecto técnico (no hablo de la fotografía, ambientación, edición… todo impecable) no es sólo que HaCF capte la esencia de una época de la industria informática y trace un drama bastante sólido con ello, sino que además los aspectos informáticos se incorporan con total naturalidad y muchísimo acierto en el argumento. No es que HaCF no contenga gazapos técnicos de esos que me levantan del sofá con indignación (yo no he cazado ninguno al vuelo- indudablemente tiene alguno pero ninguna “licencia artística para matar”) sino que grandes éxitos del mundillo son puntos claves de los episodios (una educativa historia sobre los backups, hacer ingeniería inversa de la BIOS de IBM con un osciloscopio, abrir un disco duro y recuperar datos con acertadas alusiones a la FAT, …), haciendo que salte de mi asiento para aplaudir.

Con todo esto, HaCF nos cuenta una historia de pioneros y de los riesgos y daños personales que conlleva. Una historia con personajes trabajados, con sus claros y sus oscuros… con un argumento emocionante que hace que al acabar un episodio quieras ver inmediatamente el siguiente (por no hablar de la larga espera hasta la recientemente anunciada segunda temporada- parece que ha triunfado más allá de los ordenadorfílicos). Y además, ya era hora que alguien hiciese una serie para nosotros.

Cuentos del Triángulo Verde

(un relato chorra para un concurso de relatos cortos humorísticos… que no tuvo muy buen resultado :))

1.

Nadie recordaba ya nada de la antigua civilización, pero Grub estaba bastante seguro de que el templo de suministros había sido uno de sus pilares. Entre polvo y escombros, el templo se alzaba majestuoso desafiando al sol y a las tormentas de arena.

Su tribu anhelaba los extraños artefactos que atesoraba, pero muchos de sus guerreros habían sido diezmados intentando asaltarlo o interceptando los convoys fuertemente armados que lo abastecían periódicamente.

Recordaba el salvoconducto que había encontrado su abuelo cuando Grub era apenas un cachorro. El esqueleto se aferraba a su posesión más valiosa, pero apenas un tirón bastó para arrancarle el pequeño rectángulo plastificado. Casi no pudo contener la emoción cuando su abuelo se lo enseñó al guardia y éste les invitó a entrar.

No sabían qué magia iluminaba el lugar, ni qué extraña fuerza impulsaba las vías a las plantas superiores, ni de dónde salía ese frescor que al principio te hacía olvidar el infierno exterior, pero que luego te helaba hasta los huesos.

Pasaron varias horas recogiendo tesoros, que los propios guardias les colocaban en alforjas de plástico simplemente presentando el salvoconducto.

El día acabó cuando un guardia se quedó con el salvoconducto a cambio del último artefacto y les escoltó hacia la puerta, pero fue una jornada gloriosa de la cual seguían hablando cada noche al caer el sol, aunque ni siquiera eran capaces de comprender su botín.

Esos borrosos recuerdos emergían en la mente de Grub mientras se dirigía al templo. Como explorador, le correspondía introducirse e interpretar los auspicios regularmente. Esto era más complicado de lo que parecía e infinitamente más peligroso. Habían descubierto que la actitud exacta, con un preciso equilibrio de interés y desinterés, podía mantener a los guardias a raya. Si no mirabas lo suficiente, te conducían a empujones hasta la entrada. Pero si demostrabas mucho interés por un artefacto, tu destino era mucho peor. El guardia se acercaba y entablaba conversación. Nadie conocía el lenguaje ni las encantaciones apropiadas, sólo arrodillarse y ofrecerles un salvoconducto los apaciguaba. Nunca descubrieron qué hacían con los cadáveres.

Grub deambulaba entre las estanterías. De vez en cuando añadía su toque personal, cogía algo y hacía ver que interpretaba sus escrituras, mientras controlaba al guardia por el rabillo del ojo. Esto parecía satisfacerles.

Las miradas de los guardias eran cada vez más insistentes y cuando Grub estaba a punto de dar por concluida su incursión, lo vio. Cayó de rodillas donde se encontraba. Su padre le había enseñado a interpretar los cuatro auspicios, igual que su padre antes que él, y aquel era el peor de todos.

El árbol de frutos redondos y brillantes, el hombre de rojo y los abrigos de animales.

En dos o tres lunas nuevas, llegaría el frío y la desolación. Su abuelo le había explicado cómo el anterior invierno prácticamente acabó con ellos. Grub escuchó una voz, pero no supo interpretarla. Sus sollozos acabaron de ahogar la locución mística y la tétrica melodía.

«Ya es Navidad en El Corte Inglés.»

2.

—No lo queremos.

—¿Cómo?

—Que no lo queremos.

El robot se encogió de hombros. No era algo habitual, pero esto había excedido su programación.

—Tendrán que hablar con mi supervisor.

Eva y Lucas se acomodaron en sus asientos.

—De acuerdo.

El robot se levantó, dio la vuelta, se dirigió al hombre del despacho y le explicó todo. Antes de salir a hablar con ellos, el supervisor convirtió su cara de sorpresa en su mejor sonrisa.

—Buenos días. RA21 me ha comentado su caso y creo que no le he entendido del todo bien.

—Que queremos devolverlo.

—Ya —enterró la vista en los papeles que había en la mesa—. Pero veo que no tiene ningún problema, ningún defecto de fábrica.

—Eso es técnicamente cierto, desde luego —dijo ella.

—Pero queremos devolverlo —dijo él.

—No lo comprendo.

—No forma parte de su… ¿política?

—Sé lo que quieren decir, pero esto es del todo irregular. Cubrimos los defectos de fabricación, pero…

—Pero es que no nos gusta. Es un… pesado.

—Y un cabroncete.

—¿Cómo? —A pesar de su amplia experiencia, no pudo evitar la sorpresa. Se recompuso rápido.

—Mire, al principio éramos comprensivos. No nos dejaba dormir, pero… pensábamos que era normal. Pero iba pasando el tiempo y no mejoraba.

—Lo que mi mujer quiere decir… pues sí, crecía con normalidad, dentro de lo esperado. Pero…

—Es un gamberro. Y no para de tocarnos las narices.

El supervisor, bajo una mueca de atención absoluta, no daba crédito. En un mundo saturado de contaminación, la tecnología que los chicos del supermercado habían inventado no sólo producía unos filetes excelentes, sino que resultó ser la mejor manera de tener hijos sanos y perfectos, completamente libres de la plaga de las mutaciones. Buscando atender todas las necesidades de sus clientes, abrieron el departamento de reproducción asistida hacía apenas seis años.

—Pero todo esto son criterios subjetivos. El niño no presenta ninguna mutación. Su ADN es —Alzó los papeles y les enseñó los marcadores— completamente armonioso. El fenotipo… admitirán que el parecido es notable.

—Sí, pero el crío es un maldito caprichoso e insoportable.

—Debe disculparla, ayer volvieron a expulsarle del centro educativo. Es que no hay manera.

—Mire, nos da igual el dinero. Sólo queremos que… que se lo queden. Ustedes siempre insisten en eso, ¿no?

El supervisor suspiró sonoramente. «La política que ha sobrevivido una guerra nuclear», pensó. Entonó la letanía con resignación.

«Si no quedan satisfechos, les devolvemos su dinero.»

3.

Se sentó delante del ordenador. Era un tipo bajito, algo barrigón y bastante calvo. Sudaba.

Abrió el navegador e introdujo la dirección.

«Instalando el plugin Mindterest 3.5 para una perfecta experiencia de compra», decía la pantalla, mientras el hipnótico círculo giraba en su danza infinita.

Golpeteó nerviosamente el ratón.

La página cargó, con el habitual listado de categorías. Vio la muchacha tridimensional en la parte derecha de la pantalla. «Haga clic aquí si desea saber más sobre su nueva experiencia de compra.» Era bastante atractiva, pensó, y le echaba una mirada inquisitiva. Sonrió levemente.

«Me temo que no ofrecemos ese tipo de servicios.» Había desaprobación en ese cuadro de texto.

Enrojeció levemente. Clic, clic, cancelar.

«En nuestra sección de psicología encontrará títulos como ‘Superar el ridículo’ y ‘Conteniendo sus deseos’, haga clic en los títulos para más información.»

Una gota de sudor recorrió su frente. Clic, clic, cancelar.

Se echó una ojeada rápida, avergonzado.

«El departamento de alimentación tiene una amplia selección de comida dietética preparada por nuestros especialistas en nutrición.”

CLIC, CLIC…

«… programas de ejercicios…», los popups emergían más rápido de lo que podía cerrarlos.

¡CANCELAR!

Joder con el plugin, era peor que el Flash de los antepasados. Su vida era una mierda, pero no necesitaba que un avatar impoluto se lo recordase.

«Quizás podrían interesarle nuestros nuevos servicios de psicología, haga clic aquí para obtener detalles.»

Alzó una ceja. En aquel momento tampoco le pareció tan mala idea. Quizás le haría bien.

Clic, clic.

La página cargó lentamente. Sin pensarlo, se desplazó hasta la parte inferior para ver los precios. «Puf, prohibitivos», pensó, y vio su desilusión reflejada en la pantalla.

«En el supermercado encontrará una promoción 3×2 en cuchillas de afeitar. Bueno, en realidad sólo necesitará una…»

Reparó con resignación en el eslogan en el pie de la página y se quedó mirando al infinito.

«Especialistas en ti.»