Los adorables perturbados que me leen la mente mientras duermo

Me disculparéis, pero mi última salivación en estos lares por Halt and Catch Fire pronto cumplirá 4 años, así que creo que tengo derecho a recrearme ahora que ha acabado y me ha dejado huérfano y desamparado.

Hay dos señores misteriosos en EEUU, de nombres Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers, que ni siquiera tienen entrada en la Wikipedia, que disponen de un medio para entrar en mi cabeza mientras duermo y sacarme gustos y opiniones. Afortunadamente, aunque podrían usar eso para torturarme con sadismo, lo que han decidido es regalarme con la serie de televisión que ni siquiera sabía que deseaba.

Halt and Catch Fire son cuatro temporadas; el boom de los PC, las BBS, el nacimiento de la “Internet comercial” y la llegada de la web y los buscadores, en cuya cresta de la ola siempre se encuentran los cuatro (o cinco) protagonistas.

Durante los primeros episodios, la serie parecía girar alrededor de Joe MacMillan, ex-comercial de IBM, carismático, visionario y psicópata (mayormente funcional y socialmente aceptable) a partes iguales, un Lee Pace en estado de gracia dispuesto a comerse la pantalla y fabricar un portátil. Para ello, cuenta con Gordon Clark, un ingeniero de hardware todoterreno y Cameron Howe, una programadora punk inadaptada.

Pero la serie pronto cambia de rumbo levemente y adquiere mayor protagonismo Donna Clark, la esposa de Gordon pero sobre todo ingeniera, que, interpretada por una deslumbrante Kerry Bishé (la protagonista de la última temporada de Scrubs y también configurando el mismo matrimonio de actores en Argo) y sus extraordinariamente elásticas facciones, pronto toma una parte central del escenario y completa una serie de complejas relaciones sobre las que gira el argumento.

No sólo Donna y Gordon son un matrimonio con unas dinámicas que van de lo entrañable a lo preocupante, también está la maravillosa relación llena de extremos entre Cameron y Donna, que en la segunda temporada se establecen como una pareja de emprendedoras pioneras de la comunicación online, y la relación sentimental, siempre en el filo del precipicio entre Joe y Cameron. Por no hablar de la relación cuasipaternofilial entre Cameron y Bos (el comercial dicharachero tejano que está en el borde entre protagonista y secundario) o las dos hijas de Donna y Gordon, que colman todo el potencial genético de frikismo y drama que les corresponde. Trace usted una línea entre dos personajes de esta serie y hallará usted una relación fascinante y muy humana que le tendrá enganchado a la pantalla.

Estas relaciones atraviesan todo tipo de situaciones al hallarse siempre en la vanguardia del avance tecnológico que conduce a la revolución social online. Cada paso no es sino preparación para el siguiente paso, el ciclo inexorable que hace que lo que ayer era magia hoy sea mundano- “the thing that gets you to the thing”.

Luego está el desfile de Sparcstations, XTs caídos de camiones, mainframes variados, cúbicos NeXT y otros oscuros objetos de deseo informáticos, y especialmente una segunda temporada donde la exhibición constante y casi pornográfica de mi ordenador de la infancia, el Commodore 64 que conquistó el mundo. La serie no los deja de atrezzo precisamente, y los hace pieza central de algunas escenas que jamás soñé ver en pantalla, desde la ingeniería inversa de la BIOS de un IBM PC a base de osciloscopio, pasando por odas varias a las copias de seguridad y por supuesto, la metafórica sucesión de momentos de “Donna Arreglando Cosas”, una verdadera miniserie dentro de la serie que comienza con el Speak and Spell de TI y acaba con un desaparque de cabezal de disco duro cuyo chirrido aterrador te encoge el alma.

Para una criatura de mi época, este es un gancho absolutamente irresistible y profundamente adictivo que me ha llevado a convivir cuatro años con esta extraña familia disfuncional y digital que me han llevado por la montaña rusa de la historia y el sentimiento. Quizá esté cegado por ser quizá la primera serie sobre este pequeño mundo al que muchos llamamos nuestro hogar de silicio, pero creo que Halt and Catch Fire es una serie imprescindible para todos- y no sólo porque educa como pocas en algunos aspectos fundamentales de la época moderna, sino que además cuenta con unos personajes fascinantes que te ayudan a sumergirte en unos momentos claves que cambiaron el mundo.

Mis queridos Chrises, que sé que me leeréis la mollera cuando me acueste esta noche, hacedme otra serie, por favor.

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