La absoluta grandiosidad de Rompe Ralph

Es indiscutible que el cine de animación ha observado un gran resurgimiento en los últimos tiempos y muchos de sus pelotazos han sido universalmente aclamados como grandísimas películas para niños y adultos. Un servidor debe admitir que siempre se ha sentido un poco al margen de esto y que salvo honrosas excepciones (casi que me limitaría a WALL-E, el primer acto de Up y si me he de estirar cual Elasti-girl, los Increíbles) me deja en general bastante frío.

Obviamente en su momento vi los trailers y promociones de ¡Rompe Ralph! en su momento, y por supuesto secuencias como la reunión de villanos anónimos con un fantasma de Pacman, Zangief, Bowser y otros me atrajeron como un bicho a la luz, pero por un motivo u otro acabé no viéndola en el cine. Posteriormente, por casualidades del destino, Renfe se dignó a ofrecerme a Ralph en vez de una tercera proyección en dos semanas de Star Trek: en la oscuridad.

¡Y qué feliz coincidencia!

Pocas veces me he quedado tan enganchado a una butaca mirando una pantalla minúscula forzando el cuello. ¡Rompe Ralph! es una maravilla de principio a fin. Parte de la más que jugosa premisa de que los personajes de los juegos de un salón recreativo tienen vida propia y se ocupan de sus asuntos fuera de sus “horas de oficina”- en este caso el Ralph del título es el malo de “Repara Félix Junior”, cansado de su rol como villano que decide ser el bueno por una vez. Este argumento, que podría haber resultado plano y simplón se transforma en toda una epopeya gracias a un trabajadísimo guión que si bien tampoco es que sea un laberinto inacabable de giros y sorpresas, es más elaborado de lo que uno pensaría y consigue aprovechar todo el potencial del planteamiento y de las generosas licencias que permiten que aparezcan multitud de personajes de videojuegos reales.

La historia combina los personajes de tres juegos inventados- el “Repara Félix Junior” de Ralph, “Hero’s Duty”, un shooter de marcianitos y “Sugar Rush” un Mario Kart aún más almíbarado si cabe- hilvanandos las historias de sus personajes con habilidad, tirando de clichés y dejes videojueguiles y con alguna que otra hábil subversión. Además los personajes tienen unas personalidades más que tridimensionales que ayuda a darle una tremenda dimensión humana a la película- Ralph en toda su apariencia caricaturesca tiene toda una dimensión trágica y una humanidad que ya quisieran para sí muchos personajes de sesudos dramas- él y los demás dotan a la película de una emotividad sorprendente y poderosa.

En el aspecto técnico, la animación es absolutamente sobresaliente y destaca en su completa virtuosidad en el paso a las tres dimensiones de los juegos bidimensionales. Cada videojuego tiene una estética trabajadísima que se combinan con fluidez con el estilo visual de otros tantos videojuegos reales; los personajes de juegos más retro se maravillan de los gráficos de los juegos de última generación, pero encajan perfectamente conservando cada uno su propia personalidad sin mayor problema.

La banda sonora así mismo recorre con gracia todos los lugares habituales videojueguiles, e incluso las dos canciones-estrella-invitada, una de Rihanna y la de los créditos de Owl City en VO y Auryn en España no desentonan.

En definitiva, una película sobresaliente a la que es muy difícil no querer colocar en los olimpos cinematográficos. Hasta los no videojueguistas disfrutarán de lo lindo y los rompe-joysticks sobra decir que alcanzarán en el extásis (y hay un par de guiños ahí que sacarán ovaciones cerradas). Peliculón.

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