# Un paseo por el río

Se hallaba como otras tantas veces en frente de la temida página en blanco. No sabía qué escribir. Le daba vueltas, buscando una idea. Eso ya lo había escrito. Eso otro ya lo había escrito mejor otro.

Dejó volar su imaginación. Su alma de juntaletras voló por la estratosfera hacia el norte. Vio a lo lejos las luces, la torre Eiffel. “¡Eso es!”, pensó, “Paris, la ciudad del amor y los poetas”. Descendió a toda velocidad y pronto se encontró en su orilla preferida del Sena.

-¡No empuje!

-¡Sin colarse, eh!

Eran escritores, de eso no le cabía la menor duda. Las gafas, los Macs bajo el brazo y, sobre todo, sus egos les delataban.

-La cola acaba ahí, a esperar como todos.

Se giró y la vió. “Inspiración a orillas del Sena” rezaba el letrero más adelante. Se dirigió al plumilla que tenía más cerca.

-Oye, ¿qué es esto? Vengo muchísimo por aquí y nunca había visto esto.

-Ya, lo pusieron el verano pasado. Venimos tantos que al final es normal. Por mucho que la imaginación sea infinita, al final todos recalamos aquí y han decidido hacer algo con las aglomeraciones.

-Pero este es el pasaje que necesito. No puedo esperar a esa cola. Mis personajes tienen que darse un paseo por aquí para que el lector se ambiente.

-¿Pareja de enamorados?

-Sí.

-Los míos llevan 20 años casados y han venido aquí a encontrarse a sí mismos.

-¡Qué tópico!- saltó uno algo más atrás- Los míos son un vampiro y una humana y él la trae aquí por primera vez para…

Alguien le tiró una piedra y se oyeron unas cuantas carcajadas.

-Oye, en serio, que lo mío es original…

Le interrumpieron más risas.

-¡Sí sí, y lo mío!- tenía en su mirada la pesadez de quien escribe por encargo- Mire, calle un rato y haga la cola. Si no le gusta, flote por ahí hasta encontrar algo más bonito y que enganche a sus lectores.
