Monos y más monos

Hace relativamente poco me pegué una sesión semidoble de El Origen del Planeta de los Simios (2011) y El Amanecer del Planeta de los Simios (2014) que, como mínimo, deberían servirnos para quitarnos el mal sabor de boca de la infumable entrega de 2001 de Tim Burton.

Se trata, como no, de un nuevo reboot que ignora todo lo que vino antes y que ofrece una reimaginación de la idea de los simios alzándose sobre los monos sin pelo- que hay que admitir que es una premisa ultraatractiva que a todos nos apetecería desarrollar. Hemos visto las dos primeras entregas de esta supuesta trilogía, que reseñaremos juntas por economizar.

En El Origen, se nos da el origen la historia, la investigación de un científico (acertado James Franco) para curar el Alzheimer que ataca a su padre (el prolífico John Lithgow) que desencadena los acontecimientos- el salto de inteligencia para los simios y una plaga que 10 años más tarde ha diezmado la población humana en el arranque de El Amanecer. En esta, un reducto de supervivientes humanos liderado por Gary Oldman lanza una expedición para intentar recuperar una central hidroeléctrica en territorio simio.

Como es de esperar, la serie hace una transición de thriller científico con toque simiesco a peli de acción/aventuras centrada en los primates, con bastante gracia. La primera entrega se sostiene inicialmente en el trabajo de Franco y Lithgow y la posterior introducción del simio interpretado por Andy Serkis, todo un experto en dar vida a personajes 3D. Los tres forman una dinámica perfectamente equilibrada con grandes dosis de emotividad. El conflicto que dirige el argumento es por otra parte algo forzado y a menudo inverosímil- los humanos malos son caricaturescamente malos y estúpidos, resultando unos villanos un tanto flojos, quedando relegados por el debate interno de César, el mono inteligente protagonista y en menor medida por el atormentado Koba, que pese a no contar con mucho metraje, se apodera de gran parte de la película.

La primera  parte acaba con el inquietante avance exponencial de la plaga, lo que nos lleva a la segunda película. La parte primate de la primera entrega se conserva y amplia; César y los suyos han establecido una población que lleva un par de años al inicio de la peli sin ver un humano y que comienzan a pensar que se han extinguido. El reparto humano es completamente nuevo, centrado en los supervivientes de un San Francisco apocalíptico que intentan poner en marcha una central hidroeléctrica, obviamente llevando a otro conflicto. Aquí la parte simia ya es clara protagonista central y la parte humana queda relegada- no sé si deliberadamente o accidentalmente, ya que el reparto humano es bastante flojo. Mientras que los simios gozan de un amplio abanico de registros, los humanos o son buenos muy buenos, o malos muy malos, o irrelevantes. El protagonista es un buenazo blandengue, acompañado de una mujer e hijo no menos pánfilos que tienen que comportarse como tontainas para que el argumento siga su curso- que los humanos muy malos se piquen con los simios y se líe parda.

César es, a la espera de la tercera parte, el protagonista principal, y Andy Serkis nos ofrece un personaje matizado y con unos conflictos irresolubles y muy verosímiles. Koba y el científico de James Franco le dan muy buena réplica, así como el variado reparto de primates. El argumento aprovecha bastante bien la jugosa premisa, aunque los conflictos y sus desarrollos se ven bastante forzados en ocasiones, y nos encontraremos en innumerables ocasiones preguntándonos ysíes y yporqués… que se juntan con el lastre de ser un reboot que resulta bastante pesado a veces.

A pesar de todo ello, y de las ganas que tengo de condenar a este Hollywood que abusa del reciclaje, debo decir que me tragaré la tercera cuando salga y que vale la pena verse las dos primeras.

Los centinelas siderales

Los Guardianes de la Galaxia es una nueva entrega del grandilocuente “Marvel Cinematic Universe”, es decir, la serie de pelis producidas por Marvel Studios, hasta el momento formada de Los Vengadores y pelis sobre sus miembros. Recordemos que los derechos a producir películas de superhéroes Marvel están pelín dispersos- la Fox tiene a la Patrulla X, los 4F y Daredevil, Columbia tiene a Spidey y hay alguna migaja más repartida por ahí.

Guardianes se basa en un grupo (relativamente desconocido para el Marvel Zombie que escribe esto), con ambientación futurista espacial ciertamente particular- sí, uno de los miembros del grupo es un mapache de destrucción masiva y el prota y líder venera los ochenta. Vamos, que le han subido el volumen al humor de Iron Man todo lo que han podido. El responsable de todo esto es un tal James Gunn, del que no hay que decir mucho más que es un ex-Troma (guionista de Tromeo y Julieta, por poner un ejemplo), aunque su entrada en la Wikipedia es la mar de entretenida como portal a un mundo de cosas extrañas.

Al ochentero y al mapache hay que sumarles a un ser arbóreo de limitado vocabulario, a un forzudo galáctico que se lo toma todo literalmente y a una sosa repartidora de patadas voladoras. Estos se verán unidos por inconexos eventos contra el curiosamente denominado “Ronan el Acusador” en una trama de dimensiones galácticas, artefactos destruyemundos, chascarrillos a docenas y una banda sonora de grandes éxitos de los setenta y ochenta.

¿Funciona esta curiosa mezcla?

Pues a ratos. La acción es impecable y trepidante, con unos efectos visuales deslumbrantes (que resulte verosímil un mapache parlante vaciando cargador tras cargador es algo que realmente no se ve con frecuencia) y un ritmo bastante acertado- sólo por eso creo que ya vale la pena irse al cine a verla. Por otra parte, la peli cojea a ratos. El argumento es flojillo, y a parte del mapache, el ochentero, el arbolillo y el forzudo literal, el resto de personajes deja bastante que desear- vale que muchas pelis no tienen 4 personajes buenos como tiene esta, pero se echa de menos algo de carisma en los villanos y resto de secundarios.

El humor de la película igual me pilló un poco descolocado. Cuando su improbable composición funciona, funciona muy bien. Las referencias a la cultura pop son un éxito casi seguro, sí, pero la cantidad de apuestas arriesgadas de la cinta es digna de admiración; el uso de la música, el humor físico (los fans de la somanta de palos de Hulk a Loki en Los Vengadores tendrán que contener las lágrimas de la risa en una escena bastante similar), los desajustes mentales de los protagonistas y un sinfín de recursos humorísticos provocan numerosas carcajadas. Eso sí, más de un gag me pareció algo forzado y disonante. En particular, Chris Pratt que interpreta al prota y que es de los pocos que no está enterrado en maquillaje o es directamente un efecto especial, tiene una interpretación bastante irregular en cuanto a su faceta cómica- a veces clava con naturalidad su personaje, pero en bastantes ocasiones le sale algo forzado, aunque quizás sea todo fruto de alguna situación extremadamente ambiciosa o que uno tenía las expectativas por las nubes.

En fin, que sí, que hay que verla. Creo que los que dicen que es La Guerra de las Galaxias de esta era se pasan un poco, pero es ciertamente un plato bastante único dentro del género de los superhéroes y aunque uno le vea demasiados defectos como para considerarla el segundo advenimiento, creo que lo original de su propuesta y el puro deleite que ofrece a ratos bastan para perdonarle cualquier cosa.

Pseudorebujitado: Frozen

La compañía famosa por leyendas urbanas criogénicas saca Frozen, un cuento infantil sobre princesitas Disney gay-friendly que lanzan chuzos de hielo por la mente que se torna megapelotazo. El mal sabor de boca de Brave no me auguraba mucho, pero…

El argumento de Frozen es un poco irregular. Por una parte, es original; los temas subyacentes sorprenden dentro de lo que es Disney línea dura (Pixar es Disney pero no es Disney, no sé si me entienden) y no sorprende que se le hayan dado las lecturas que se le han dado- si es lo que pretendían sus creadores no sé si lo podremos saber. Es refrescante que no sea la enésima repetición de lo de siempre y se agradece. Por otra parte, el argumento es a menudo incoherente y sirve de mero vehículo para la película; va cogido por los pelos para llevarnos a situaciones y escenas concretas y el recorrido hasta ellas flojea un poco.

Sin embargo, y a diferencia de Brave donde los puntos álgidos del itinerario no eran tan álgidos y los transbordos eran soberanos bodrios, aquí las atracciones turísticas son fabulosas y los intermedios, completamente soportables.

La aurora boreal de Frozen es Let It Go, un temazo desatado que lógicamente arrasó al Happy de Mi Villano Favorito II y la cancionucha de Her en los Óscar. Es una de esas canciones que la Disney hace para llevarse a casa la estatuilla y en este caso, se salen. No sólo la canción en sí y la interpretación (la tal Idina Menzel colecciona premios de musicales, y se nota), sino que el numerito palacio de hielo es una exhibición del mejor 3D que el dinero puede comprar.

La animación es impecable como debe ser. Los programadores encargados de dibujar hielo y modelar nieve deben haber costado dinero, pero están más que amortizados. La estética nórdica y toda esa cantidad de hielo y nieve funcionan de maravilla- el hielo captura la luz virtual y le da a la película el toque sobrenatural que necesita.

Los personajes no acaban de cuajar. Los protagonistas son algo sosos y los villanos no dan mucho miedo, pero bueno, supongo que la película no va de eso. Los dos secundarios que destacan son el muñeco de nieve que quería ir a la playa y Oaken, el comerciante (encarnado por un animador de la peli), que están metidos un poco con calzador, pero que dan las secuencias más graciosas de la cinta.

En fin; si bien no es una cinta completamente redonda, Frozen vale el precio de la entrada sólo por poder desafinar a gritos Let It Gooo al acabar. Recomendable.

El viento renquea, pero remonta

Uno tiene una relación irregular con Studio Ghibli. Si bien creo que Porco Rosso es una obra maestra del cine y soy bastante fan de Chihiros y Totoros, otras como La Princesa Mononoke me dejan frío (por no hablar de Cuentos de Terramar, de Goro hijo de Hayao, que me deja profundamente dormido).

Esta “El Viento se Levanta” trata la historia de Jiro Horikoshi, el diseñador del caza Zero que hizo estragos en las filas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. Con mis antecedentes con películas aéreas de Miyazaki, pintaba bien la cosa.

Curiosamente, a mi me funciona más la parte romántica (la historia de Jiro con su esposa) que lo de los avioncitos. Los avioncitos es más místico que otra cosa, intentando establecer una conexión entre Jiro y un diseñador de aviones italiano de nombre Caproni. La animación marca Ghibli le da atractivo a la cosa, pero le falta algo para acabar de emocionarnos. La peli, dentro de una controversia sobre una supuesta falta de mensaje antibelicista, retrata los diseños de Jiro en poco más que vuelos de prueba, apenas mostrando escenas de combate.

Quizá esto sea para mejor, aunque parece que mucha gente no capta igualmente el mensaje pacifista de la película.

Para mi el hilo argumental de Jiro con su mujer es el que consigue mayor emotividad. Si bien el argumento es un poco surrealista (y curiosamente, parece que se desvía bastante de los hechos reales, que a mi me hubiesen parecido más interesantes para adaptar), el tratamiento de Miyazaki de la historia es realmente fantástico y alcanza momentos de una lírica y dulzura realmente entrañables.

La suma de estas dos desiguales partes equivale a una película que está bien pero se nos antoja un poco corta para la despedida de Miyazaki. Técnicamente es sublime como toda su obra, y ya sólo por eso merece la pena pagar por verla en pantalla grande, pero le falta un pelín para volverse imprescindible.

Ella está ahí

Ayer nos fuimos a ver “Her”, la supuesta comedia romántica de chico conoce a inteligencia artificial que está arrasando con la crítica y llevándose un buen puñado de galardones.

La peli va de eso, de Theo (Joaquin Phoenix), un depresivo escritor de cartas íntimas que se instala una inteligencia artificial con la que va intimando a lo largo de la película. Se trata de la cuarta película de Spike Jonze (¡sí, sólo cuarta!), un especialista en virguerías visuales (véanse sus videoclips para Bjork) que dio el salto al cine con la rarísima Cómo Ser John Malkovich cuya particularísima premisa desembocaba en una cinta más que sorprendente.

Her parece ir con derroteros similares- su idea inicial no es tan original (vaya, ha sido hasta el argumento de un episodio de Big Bang Theory) pero tiene un obvio potencial del que aún se pueden sacar unas cuantas películas interesantes. Lamentablemente, mientras que anteriormente Spike contaba con Charlie Kaufman para el guión de Malkovich, en Her se lanza a escribir su primer guión y, en mi opinión, fracasa estrepitosamente. Una lástima, dado que Kaufman fue el guionista de la impecable Olvídate de Mi, y uno no se imagina hasta dónde había podido llevar esta cinta.

Her malgasta su premisa interesante más que nada porque… no sabe qué hacer con ella. El drama y el conflicto vienen y van caprichosamente y sin explicación. Las cosas pasan un poco porque sí, de una manera inconexa e incoherente, torpemente introduciendo situaciones y diálogos que esporádicamente funcionan, pero que no cuajan en ningún momento, dejando un argumento completamente artificioso y torpe.

Esto lastra la película mortalmente- el resto de sus virtudes y defectos son bastante irrelevantes. Joaquin Phoenix sostiene bien la película a pesar de que su mostacho está en primer plano algo así como el 75% del metraje. Pese a lo caricaturescamente patético que pintan a su Theo, aguanta bien el tipo y no pierde la credibilidad más que en un par de ocasiones (y vaya, a todos nos pone muy nerviosos las actualizaciones del sistema operativo). No oímos a Scarlett, sino a su dobladora, que no creemos que le ande muy a la zaga- Samantha pese a ser una voz incorpórea es un personaje perfectamente creíble sólo lastrado por los volantazos que tiene que dar para seguir el irregular guión.

La factura de la película es más que correcta- gran parte de la película es el anuncio de Apple más largo de la historia, que posiblemente ayudará a algunos a comprender por qué los usuarios de iPhones y demás están tan enamorados de sus aparatitos; puede gustar o no gustar pero innegablemente está todo muy bien hecho. La peli recuerda a ratos a Lost in Translation, la mencionada Olvídate de Mi y otros pelotazos del cine moderno, y evoca cuando debe evocar- soledad, amor y desamor son sensaciones que la peli consigue transmitir a través de imágenes, una virtud más que valorable y no tan habitual como debería.

Lamentablemente, como dijimos, todo esto da igual por lo chapucero del argumento- la peli plantea preguntas interesantes, pero lamentablemente las responde (cuando podría no hacerlo) de una manera bastante pobre, y la peli vaga sin rumbo de una manera que al que escribe se le hizo interminable mientras pensaba qué podría haber hecho un buen guionista con ella.

En definitiva, para mi, sobrevaloradísima (venga hombre, ¿nominada a tres Globos de Oro y se lleva precisamente sólo el de mejor guión?) pero bueno, habrá quien la disfrute.

La absoluta grandiosidad de Rompe Ralph

Es indiscutible que el cine de animación ha observado un gran resurgimiento en los últimos tiempos y muchos de sus pelotazos han sido universalmente aclamados como grandísimas películas para niños y adultos. Un servidor debe admitir que siempre se ha sentido un poco al margen de esto y que salvo honrosas excepciones (casi que me limitaría a WALL-E, el primer acto de Up y si me he de estirar cual Elasti-girl, los Increíbles) me deja en general bastante frío.

Obviamente en su momento vi los trailers y promociones de ¡Rompe Ralph! en su momento, y por supuesto secuencias como la reunión de villanos anónimos con un fantasma de Pacman, Zangief, Bowser y otros me atrajeron como un bicho a la luz, pero por un motivo u otro acabé no viéndola en el cine. Posteriormente, por casualidades del destino, Renfe se dignó a ofrecerme a Ralph en vez de una tercera proyección en dos semanas de Star Trek: en la oscuridad.

¡Y qué feliz coincidencia!

Pocas veces me he quedado tan enganchado a una butaca mirando una pantalla minúscula forzando el cuello. ¡Rompe Ralph! es una maravilla de principio a fin. Parte de la más que jugosa premisa de que los personajes de los juegos de un salón recreativo tienen vida propia y se ocupan de sus asuntos fuera de sus “horas de oficina”- en este caso el Ralph del título es el malo de “Repara Félix Junior”, cansado de su rol como villano que decide ser el bueno por una vez. Este argumento, que podría haber resultado plano y simplón se transforma en toda una epopeya gracias a un trabajadísimo guión que si bien tampoco es que sea un laberinto inacabable de giros y sorpresas, es más elaborado de lo que uno pensaría y consigue aprovechar todo el potencial del planteamiento y de las generosas licencias que permiten que aparezcan multitud de personajes de videojuegos reales.

La historia combina los personajes de tres juegos inventados- el “Repara Félix Junior” de Ralph, “Hero’s Duty”, un shooter de marcianitos y “Sugar Rush” un Mario Kart aún más almíbarado si cabe- hilvanandos las historias de sus personajes con habilidad, tirando de clichés y dejes videojueguiles y con alguna que otra hábil subversión. Además los personajes tienen unas personalidades más que tridimensionales que ayuda a darle una tremenda dimensión humana a la película- Ralph en toda su apariencia caricaturesca tiene toda una dimensión trágica y una humanidad que ya quisieran para sí muchos personajes de sesudos dramas- él y los demás dotan a la película de una emotividad sorprendente y poderosa.

En el aspecto técnico, la animación es absolutamente sobresaliente y destaca en su completa virtuosidad en el paso a las tres dimensiones de los juegos bidimensionales. Cada videojuego tiene una estética trabajadísima que se combinan con fluidez con el estilo visual de otros tantos videojuegos reales; los personajes de juegos más retro se maravillan de los gráficos de los juegos de última generación, pero encajan perfectamente conservando cada uno su propia personalidad sin mayor problema.

La banda sonora así mismo recorre con gracia todos los lugares habituales videojueguiles, e incluso las dos canciones-estrella-invitada, una de Rihanna y la de los créditos de Owl City en VO y Auryn en España no desentonan.

En definitiva, una película sobresaliente a la que es muy difícil no querer colocar en los olimpos cinematográficos. Hasta los no videojueguistas disfrutarán de lo lindo y los rompe-joysticks sobra decir que alcanzarán en el extásis (y hay un par de guiños ahí que sacarán ovaciones cerradas). Peliculón.

Entretenimientos finales

Con cierta controversia por las posturas del autor del libro, llega a las pantallas la adaptación de El Juego de Ender- doble ganadora del Hugo y del Nébula, así que ciencia ficción de peso.

La cinta trata sobre la guerra con los insectores, unos alienígenas que estuvieron a punto de exterminar a la humanidad, para la cual el ejército terrestre se prepara adiestrando niños para la batalla, supuestamente por sus superiores capacidades cognitivas. El Ender del título es el superdotado de los superdotados y será seleccionado para encabezar la ofensiva.

Me leí el libro hace un cierto tiempo y tenía bastante curiosidad por ver qué tal la adaptación. El libro se balancea hábilmente entre trozos de acción y trozos de pensar, y ofrece al lector adecuados momentos de reflexión, pero personalmente a trozos me pareció algo inverosímil y complicado de adaptar.

La película supera estos miedos sin demasiados problemas- e incluso diría que es más creíble que el libro. Recorta correctamente para quedarse un pelo por debajo de las dos horas y no me parece que se tome unas libertades excesivas (el autor como siempre, no se queja pero presume de inadaptable) y supera la atípica estructura narrativa manteniendo un ritmo más que loable (el argumento tiene una distribución bastante peculiar).

En los terrenos típicos, los actores están bastante bien. Ninguno de los jóvenes actores chirría en ningún momento, lo cual es un gran logro en sí mismo. Asa Buttercup sorprende en el papel de Ender, mucho más difícil que su papel en Hugo en el que estaba meramente correcto. Harrison Ford y Ben Kingsley están bien en sus papeles, aunque se lamenta que el papel de Kingsley no aproveche su potencial (el libro sufre de lo mismo- podría ser un personaje excelente pero se queda en normalito).

Los efectos, música y otras categorías técnicas son intachables. Las escenas de acción son claras y épicas- es refrescante ver como últimamente se abandonan las escenas de acción que no dejan ver nada para que podamos disfrutarlas a tope, como en Pacific Rim.

Quizá lo único que queda a debate es la interpretación de la película, en la que hay lugar para el disenso. A primera vista parece que esta podría condenar los horrores de la guerra y la xenofobia, pero como toda buena historia de ciencia ficción que se precie, hay matices. No sin motivos, es una lectura recomendada de los marines norteamericanos, por ejemplo. Puede que algunos no transijan con la postura que interpreten adopta la película, pero para los demás, será fuente de interesante debate.

Entre ronquido y ronquido

Siguiendo la racha nipona, confiamos en los valores de Studio Ghibli y nos pusimos a ver Cuentos de Terramar.

Craso error.

La peli es una adaptación de una parte del ciclo de Terramar de la aclamada Ursula K. Le Guin (una de esas personas que collecionan Hugos y Nébulas), una serie de novelas y cuentos fantásticos, que según la Wikipedia va de cosas tipo Freud y Jung. Comentan que la sra. Úrsula había rechazado varias propuestas de adaptar Terramar, pero tras ver Mi Vecino Totoro de Miyazaki, aceptó. El problema es que el encargado fue el Miyazaki equivocado, su hijo Goro. A Hayao no le hizo mucha gracia que se encargase Goro y Úrsula… se desentendió del resultado, comentando que la película sólo coincidía con sus libros en el nombre de los personajes y poco más.

Malos presagios para la película que en efecto se cumplen. La cinta narra una historia muy plana en una ambientación aparentemente muy rica, pero de la que sólo recibimos pinceladas aquí y allá. El príncipe mata al rey en medio de una crisis que ríase usted de la económica, con plagas y decadencia mágica, y huye junto con el archimago Gavilán (sí, sí, el tío se hace llamar Gavilán). Luego pasan cosas malas, nos encontramos con personajes aparentemente muy importantes y entre ronquido y ronquido (el que escribe tuvo que luchar por mantener la consciencia), todo acaba al parecer bien.

Yo diría que esto es como todo lo malo de La Princesa Mononoke, quitándole las pocas cosas que la salvaban y alargándose hasta el infinito. La animación lleva el sello Ghibli, pero tampoco es que emocione como otras. Realmente hay pocos sitios por donde recomendar la peli… quizá si quiere uno ver todos los títulos de Studio Ghibli, pero poco más.

Dinosaurios niponizados

Ver una peli japonesa siempre es algo especial. Principalmente, uno nunca se entera de nada. Esto que puede parecer un grave problema, en general no lo es. Toda película se apoya en una cultura, iconografía y mitología, y los occidentales no entendemos las orientales (sospecho que los orientales entienden algo mejor las nuestras, pero tampoco completamente).

20th Century Boys no es una excepción a esto. Más al tratarse de tres películas que hilvanan un thriller conspiranoico futurista homenaje al rock. La trama creo que es algo así como unos amigos de la infancia descubren que “Amigo”, líder de una secta apocalíptica va siguiendo un plan que parece sacado de una historia inventada por uno de ellos. El grupo, por supuesto, tratará de detenerlo y salvar el mundo.

La cinta se basa en un manga serializado de Naoki Urasawa, que a muchos les sonará a chino, pero cuya creación Ginger (o Yawara) la judoka sonará a alguno más. Curiosamente, no es anime sino acción real- curiosa elección dado el nivel de efectos especiales que requiere el argumento (y que creo que se quedan cortos).

Como decíamos, no se entiende una mierda, pero esto tampoco detrae mucho del entretenimiento. Si que sabe algo mal que algún momento dramático nos hace más gracia que otra cosa, y nos queda la curiosidad de saber cómo percibirá la peli alguien que la entienda, pero aún así la peli tiene emoción, intriga y un ritmo bastante bueno. Las referencias al rock son bastante agradecidas; la canción homónima sirve de leit motif y recurso argumental, y el protagonista firma una curiosa tonadilla sobre sus croquetas favoritas también con cierta importancia para la historia (y malévolamente pegadiza).

El resto también es bastante japonés; las interpretaciones, puesta en escena y efectos son teatrales y caricaturescos, pero nada de esto se hace pesado ni doloroso y, francamente la peli entretiene. Así pues, recomendable para los que no tengan prejuicios. Siempre nos quedara, eso sí, la duda de saber cómo se percibe la peli si te enteras de todo.

Y por esta vez la gravedad tira hacia arriba

Que Alfonso Cuarón, cuya Hijos de los Hombres me parece un nuevo clásico de la ciencia ficción, se lance con una peli de dos astronautas flotando por el espacio me pareció una prometedora idea hasta que el nombre de Sandra Bullock apareció por ahí a la deriva.

A pesar de la adversidad, y tras el aluvión de críticas orgásmicas, uno tenía que valorar de primera mano este tour de force de la conductora de buses más famosa del cine.

Vaya por delante que sí, claustrofóbicos y mentes sensibles mejor abstenerse o ir con las biodraminas en mano. Es hora y media de inmersión espacial, donde no se sabe si son más opresivos los angostos recovecos de las estaciones espaciales o el casi infinito espacio. Los larguísimos planos secuencia de Hijos de los Hombres se multiplican con mil, con giros sin control y angustia máxima que te sumergen completamente en el vacío que hay ahí arriba.

Técnicamente, una vez más, la peli es perfecta de principio a fin. Es probable que más del 90% de los fotogramas sean mentira, pero una mentira imposible de discernir. La edición es absolutamente prodigiosa y la “fotografía” es absolutamente preciosista- a todos nos impactan esas imágenes que publica regularmente la NASA y en esta cinta, se recrean en amaneceres, luces de ciudades durmientes y demás juegos de puntitos luminosos.

A destacar también la música- salvo en el tramo final sutil pero efectiva, y perfectamente mezclada con el sonido que permite el espacio.

Con todo esto, y lo arriesgado de la premisa, sí, Gravity es por motivos propios una película que llega a lugares a los que ninguna otra película ha llegado antes.

¿Es, sin embargo, el no va más?

Creo que no. Prejuicios aparte, la Bullock ha dañado en exceso su credibilidad y aunque su interpretación está prácticamente libre de pecado, no acaba de darle verosimilitud a su personaje- lo que es una lástima porque la doctora Stone, pese a faltarle dos o tres pinceladas más de profundidad, tenía un potencial enorme. Clooney está meramente correcto.

A parte de esto, el guión es excesivamente secundario. El único giro es previsible y simplón, y la peli se queda en mero documental sin articular nada más que obstáculo tras obstáculo. Quizá sea mejor dejarnos llevar y envolvernos en las sensaciones primarias de angustia, desesperación, inmensidad y desolación, pero uno echa de menos alguna otra dimensión a la cinta.

Dicho esto, sí, hay que verla porque estamos ante una apuesta arriesgada que consigue tantos méritos que le podemos perdonar que descuide algún aspecto. Pero vayan preparados como para meterse en la madre de todas las montañas rusas.