Jessica Jones y sus fabulosos amigos

Tras tres tremendas temporadas, el malvado ratón echa el cierre a Alias Investigations y me deja sin una de mis series preferidas de los últimos tiempos.

A tres años de poder beber en su país, la Jessie es un personaje reciente y fresco de Marvel creado por Brian Michael Bendis, que tiene cinco premios Eisner en su casa. Quizá de ahí deriva el frescor de la serie (en comparación, Spider-Man está a punto de cumplir los sesenta pero, oh maravilla de las cronologías tebeísticas, iba al cole con la susodicha). Jessica Jones está dotada de superfuerza, alcoholismo y voz en off que (supongo que por este último elemento) se mete a detective privado.

Tras el prometedor éxito de Daredevil, Netflix se lanzó a la piscina de montar un miniuniverso neoyorquino con Iron Fist, Luke Cage y Jessica, todos en una escala de poder bastante baja (y por tanto, que requieren menos presupuesto) y lejos de la popularidad de los Iron Man de turno.

Jessica Jones fue la segunda y como no podía ser de otra manera, de las artes marciales combinadas con la abogacía de Matt Murdock, nos vamos a la novela negra tirando a escabrosa con pinceladas de superpoderes. Para ello se fueron a buscar a la novia heroinómana de Breaking Bad, una estupenda Krysten Ritter que podría pasar por agente de la Continental si no fuera por la misteriosa ausencia de humo de cigarrillos en el Nueva York contemporáneo que habita.

Pero por lo demás, nos hallamos ante un noir en toda regla con investigaciones, deducciones, interrogatorios y el ocasional trastorno psicopático violento que hace que si bien Jessica Jones no sea la sangría visceral de The Gruñisher, sí sea en episodios perturbador, tanto a un nivel psicológico como físico.

Con todo esto, sorprendentemente, a diferencia de lo que vemos en Dan Defensor, donde los buenos son aburridos y todo el interés recae en los villanos (aún no he podido digerir que el Recluta Patoso sea el Kingpin), aquí es el elenco que acompaña a la Jones el que centra el argumento. Los villanos no son más que vehículos del cambio para los héroes, antihéroes o recontrahéroes, que incluyen a su hermana adoptiva, una ex-estrella infantil metida a locutora de radio; la madre de ambas (hasta que no acabé la serie no vi que esta es Rebecca de Mornay, muy cambiada desde su prostituta en 1983 de Risky Business), una despiadada abogada de altos vueltos (Carrie-Anne Moss; es decir, Trinity), un vecino drogadicto y unos cuantos más que se ven inmersos en las peligrosas tramas en las que Jessica se ve envuelta cual insecto atraído por la luz.

A lo largo de tres temporadas que empiezan todas ellas pausadamente, introduciéndonos a buenos, malos y colocando todas las piezas ordenadamente, se desarrollan varios arcos de los personajes, que resultan interesantes por su guion y creíbles por las fantásticas interpretaciones de todos ellos. Hacia la mitad de todas las temporadas se comienzan a desatar eventos que hacen que sea la mar de complicado impedir que Netflix nos reproduzca todo el segmento final de la temporada non-stop.

Por todo esto Jessica Jones es una serie que sólo los estómagos delicados deberían evitar. Hay suficientes elementos entre thriller, investigación, drama que hay algo para todo el mundo. Incluso las escenas de acción son interesantes ya que consiguen mantener el interés (la Jessie reparte hostias como panes y es dura de pelar- dura de pelar- pero no es absurdamente superpoderosa como para que sea complicado ponerla en un aprieto) y no aburren.

Por tanto, son 3×13 episodios que debéis ver. Eso sí, hay que planificarlo bien para poder ver la parte final de cada temporada seguida… por si acaso.

¿Faltan cinco maravillas? ¿Cuatro?

Mucho se ha estado hablando estos días de cómo la vigésima película del MCU es la primera protagonizada por una mujer (Brie Larson, para ser precisos, exhibiendo un carisma prácticamente ilimitado), pero dejadme apuntar que hay un precedente de una película Disney muy reciente protagonizada por una ¿mutante? prima hermana de Bobby Drake. Me refiero por supuesto a Frozen, que es la peli de animación Disney (Disney Disney; Walt Disney Animation Studios) que más dólares ha generado para los del ratón (soy tramposo, sí. Según Box Office Mojo podría ser la duodécima que más gente ha visto en un cine, con aproximadamente la mitad de espectadores que Blancanieves. No es mi culpa que el único ránking de taquillas del que se habla es erróneo).

¿Ha descubierto Disney que tienen un grupo demográfico muy importante que quiere verse con superpoderes en la gran pantalla muy… abandonado?

Sea como sea, aquí tenemos a la Capitana Marvel- otro personaje del rollo cósmico que, salvo jamesgunadas aparte, en general me aburre.

Pero nada de eso. Aunque la película tiene elementos galácticos de los que me aburren, en general es una road movie entre una superlativa Brie Larson y un entretenido Samuel L. Jackson, atiborrado de referencias noventeras y un atrevido sentido del humor que sólo chirría en un par de ocasiones.

Además, el argumento tiene su miguilla y hay bastantes escenas de acción la mar de entretenidas (que cojean cuando se ponen más boladedragonescas, eso sí, pero afortunadamente no hay mucho de eso). En comparativa con la otra película de género (de superhéroes), no llega a la épica ese par de escenas de Wonder Woman (la de la playa y la de las trincheras), aunque el flojo acto final de Wonder Woman lastra a Diana y la pone detrás de la mucho más consistente Carol.

¿Qué más se puede pedir? Pues no sé. Es de las pelis de Marvel que más me ha gustado (X2, Spiderverse, los Deadpools, los GotG son las que creo que he disfrutado más, y la diversión de los Ant-Man y Thor 3 no está mucho más lejos…). Así que id a ver a la Capitana Maravilla (y sobre todo, esperad a las *dos* escenas post créditos).

De rápsodas, niñeras y arañas

Una inusual racha de palomitas merece un inusual post.

La nota breve para El Regreso de Mary Poppins (hubiese preferido Mary Poppins Harder); Rob Marshall decepciona (dirigió Chicago a parte de una larga carrera en Broadway), Lin-Manuel cansa (la primera vez que le vi fue en Modern Family y fue extremadamente premonitorio), Meryl Streep sobra y… el resto hace lo que puede con un guión flojo flojo. Igual es que me han extirpado la infancia, pero yo creo que me ponen la original otra vez y la disfruto bastante más que esto.

Sigue Bohemian Rhapsody; disfrutar de la música de Queen en unos altavoces de cine durante la mayor parte de dos horas y cuarto asegura el disfrute, y el resto tampoco está nada mal. Lástima de verla doblada (sospecho que en VO gana bastante), que haya visto horas y horas de Rami Malek interpretando otro papel (el resto de intérpretes, para mi desconocidos excepto Meñique y Mike Myers, desaparecen en sus papeles), y que al parecer tuvo una accidentada producción (Bryan Singer fue despedido a media producción- seguro que si hubiese seguido hubiesen habido aún más gatos), porque probablemente estaríamos ante palabras mayores. Igualmente, si no tenéis un sistema de sonido acojonante en casa, aprovechad el del cine.

Por último, “Spider-Man: Un nuevo universo” (en original “Spider-Man: Into the Spider-Verse”, mucho más descriptivo), de los notables Lord y Miller.

El cómic y la animación son medios mágicos donde todo es posible y, pese a los progresos de los efectos especiales, todas las películas de acción de real basadas en cómics tienen un gran obstáculo inicial en pasar del papel a la carne y hueso. Curiosamente, el medio más natural, la animación, siempre se ha visto relegado a adaptaciones menores a televisión, y nunca ha tenido los presupuestos astronómicos del cine.

No sabemos muy bien por qué, alguien en Sony (y más curiosamente aún, no en Disney), ha tenido la idea de hacer una peli del trepamuros con animación, poniéndole medios y más medios hasta parir este brutal viaje ácido cuántico, metafísico y chiripitifláutico donde la (magnífica) animación se estira para, por fin, que los héroes del cómic cobren vida en la gran pantalla sin concesiones. No sólo sin concesiones, sino a lo grande, con una historia ya inverosímil en los cómics: Spider-Man es una entidad multidimensional que se manifiesta en muy diversas formas en diferentes universos paralelos, desde un cerdo que habla (Peter Porker, The Amazing Spider-Ham) hasta en una niña anime con un mecha arácnido (pasando por anodinos Peter Parkers), que por supuesto pueden confluir espectacularmente. Algo que muy, muy probablemente hubiese sido un descarrilamiento épico en acción real aquí se vuelve un espectáculo visual que si bien sigue siendo inverosímil y sospechoso, nos deja pegados a la butaca.

Quizá la peli tiene sus defectos (los que como yo estéis anclados en otras épocas musicales, dejaos llevar un poco), quizá hace falta que se hagan unas cuantas más como esta para pulir la fórmula y transcender, pero quizá nos hallemos ante un espectáculo único e imprescindible. Id a disfrutarla en la pantalla más grande que encontréis e intentad apagar el espíritu crítico un rato para gozar el resto al máximo.

Wakanda Tours

Si por algo se me conoce es por llevar la contraria, así que os lo adelanto: Black Panther está bien, pero tiene un pero.

El pero es el Black Panther.

Tenemos un villano cojonudo, un Michael B. Jordan que lo peta ahora mismo, que nos ofrece un villano con matices, motivaciones y fuerza.

Tenemos a la guardia pretoriana de Wakanda, un grupo de señoras con la cabeza rapada que son de lo más molón que ha pasado por una peli de Marvel. En un mundo justo, no haría falta la nueva peli de los Vengadores porque estas se bastan y se sobran para darle de hostias a Thanos sin despeinarse.

Tenemos un constante homenaje a las pelis de 007, desde la potente secuencia del casino hasta la hermanita del prota, que hace de Q mejor que John Cleese (no es que sea mi secundaria favorita, pero es que al pobre John le tocó sentarse al lado de la alargadísima sombra de Desmond Llewelyn, de esa nadie sale bien parado).

Tenemos el rollo afrofuturista que está muy bien traído, con intrigas wakandianas, politiqueos y disquisiciones sobre el papel de una nación molona en el mundo.

Pero con toda esta molonidad, se torna injusto que el soso T’Challa, no sea sólo el cabeza de estado de la todopoderosa Wakanda, ni el Elegido para el Poder Más Místico para el Mejor, sino que además sea el Protagonista cuando hay media docena de personajes con más gracia que él (fijaos como está la cosa que salen Angela Bassett y Forest Whitaker y todavía no les he mencionado). Al único que gana es al pobre Martin Freeman, que no solo causa una perturbación en la fuerza haciendo de Felix Leiter en su faceta de damisela en peligro (es inexplicable que haga de agente de la CIA; no les costaba nada hacerle del MI y algo) al que tienen que dar cuota de heroicidad para no ofender sensibilidades o caer en riesgos demográficos de una manera muy forzada (y digo yo que no era necesario, Andy Serkis como villano secundario está más que bien).

Si podéis aceptar que Black Panther sea una peli que va de Black Panther, lo fliparéis por todo lo que no es Black Panther, que es de lo mejorcito que ha hecho Marvel. Si sois unos tiquismiquis como yo… pues yo creo que os gustará igual, pero que anhelaréis como yo vivir en el universo paralelo donde la peli se titula “Okoye y las Dora Milaje lo petan” y va de precisamente eso.

Señor, qué castigo

Marvel Comics parece ser que saca unos 50 tebeos al mes y a la gente aún le extraña la cantidad de TV y cine que pueden producir. La última muestra es The Punisher, planteado como spin-off de Daredevil tras supongo una buena recepción del personaje interpretado por Jon Bernthal- opinión que comparto.

Frank Castle es uno de los primeros intentos de la empresa de los superhéroes de apuntarse al carro de los antihéroes, con un marine que tras perder su familia decide emprender una cruzada unipersonal contra el mal. Castle no tiene superpoderes per se y su aproximación a la justicia es, por decirlo de alguna manera, más pragmática que la de Spider-Man.

Quizá no es correcto decir que es arriesgado apostar por un antihéroe- la violencia y las visceras venden, después de todo- pero creo que sí lo es decir que es más difícil que te salga bien. El Castigador es un personaje que es propenso a quedar unidimensional y requiere un guión algo más elaborado que otros superhéroes para mantener el interés y no caer en la monotonía (es un tipo con pistolas, al fin y al cabo).

Pero lo consiguen. Sobre todo por un magistral Jon Bernthal que se diluye en su personaje y le dota de varias capas- no sólo con sus prodigiosos gruñidos viscerales sino también por saber mantener el equilibrio entre dos o tres Frank Castles que aparecen y desaparecen bajo su impactante presencia.

Y a diferencia de otras series de Marvel, aquí tanto buenos como malos están equilibrados. No es el Daredevil de fantásticos antagonistas, ni la Jessica Jones y su supervillano flojillo- hay un completísimo elenco que le da buena réplica.

El argumento es un thriller al uso pero efectivo, con traiciones, dobles traiciones, señuelos y demás juegos de espías que aunque no llega a brillante, si que sostiene adecuadamente la serie de principio a fin. La acción es variada y está bien resuelta, pero llega a las cotas de intensidad que requiere el personaje- lo que es más de lo que algunos tolerarán.

En definitiva: si soportáis la sangre, una serie la mar de entretenida con acción y tensión, y algo que se aparta un poco de lo que nos había dado Marvel hasta ahora.

El ranking (de series) queda así:

  1. Jessica Jones
  2. The Punisher
  3. Legion
  4. Heroes (S01)
  5. Luke Cage (hasta S01E07)
  6. Daredevil (sección Kingpin, Punisher, Madame Gao)
  7. Agents of S.H.I.E.L.D. (S01, S02, S03 primera mitad)
  8. The Defenders
  9. Agents of S.H.I.E.L.D. (mitad S03 en adelante)
  10. Daredevil (sección Elektra/Stick)
  11. Luke Cage (S01E08 en adelante)
  12. Inhumans
  13. Heroes (el resto)
  14. Iron Fist

(nota: Runaways aún no sale porque llevan pocos episodios. The Gifted la dejé a los dos episodios)

Los adorables perturbados que me leen la mente mientras duermo

Me disculparéis, pero mi última salivación en estos lares por Halt and Catch Fire pronto cumplirá 4 años, así que creo que tengo derecho a recrearme ahora que ha acabado y me ha dejado huérfano y desamparado.

Hay dos señores misteriosos en EEUU, de nombres Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers, que ni siquiera tienen entrada en la Wikipedia, que disponen de un medio para entrar en mi cabeza mientras duermo y sacarme gustos y opiniones. Afortunadamente, aunque podrían usar eso para torturarme con sadismo, lo que han decidido es regalarme con la serie de televisión que ni siquiera sabía que deseaba.

Halt and Catch Fire son cuatro temporadas; el boom de los PC, las BBS, el nacimiento de la “Internet comercial” y la llegada de la web y los buscadores, en cuya cresta de la ola siempre se encuentran los cuatro (o cinco) protagonistas.

Durante los primeros episodios, la serie parecía girar alrededor de Joe MacMillan, ex-comercial de IBM, carismático, visionario y psicópata (mayormente funcional y socialmente aceptable) a partes iguales, un Lee Pace en estado de gracia dispuesto a comerse la pantalla y fabricar un portátil. Para ello, cuenta con Gordon Clark, un ingeniero de hardware todoterreno y Cameron Howe, una programadora punk inadaptada.

Pero la serie pronto cambia de rumbo levemente y adquiere mayor protagonismo Donna Clark, la esposa de Gordon pero sobre todo ingeniera, que, interpretada por una deslumbrante Kerry Bishé (la protagonista de la última temporada de Scrubs y también configurando el mismo matrimonio de actores en Argo) y sus extraordinariamente elásticas facciones, pronto toma una parte central del escenario y completa una serie de complejas relaciones sobre las que gira el argumento.

No sólo Donna y Gordon son un matrimonio con unas dinámicas que van de lo entrañable a lo preocupante, también está la maravillosa relación llena de extremos entre Cameron y Donna, que en la segunda temporada se establecen como una pareja de emprendedoras pioneras de la comunicación online, y la relación sentimental, siempre en el filo del precipicio entre Joe y Cameron. Por no hablar de la relación cuasipaternofilial entre Cameron y Bos (el comercial dicharachero tejano que está en el borde entre protagonista y secundario) o las dos hijas de Donna y Gordon, que colman todo el potencial genético de frikismo y drama que les corresponde. Trace usted una línea entre dos personajes de esta serie y hallará usted una relación fascinante y muy humana que le tendrá enganchado a la pantalla.

Estas relaciones atraviesan todo tipo de situaciones al hallarse siempre en la vanguardia del avance tecnológico que conduce a la revolución social online. Cada paso no es sino preparación para el siguiente paso, el ciclo inexorable que hace que lo que ayer era magia hoy sea mundano- “the thing that gets you to the thing”.

Luego está el desfile de Sparcstations, XTs caídos de camiones, mainframes variados, cúbicos NeXT y otros oscuros objetos de deseo informáticos, y especialmente una segunda temporada donde la exhibición constante y casi pornográfica de mi ordenador de la infancia, el Commodore 64 que conquistó el mundo. La serie no los deja de atrezzo precisamente, y los hace pieza central de algunas escenas que jamás soñé ver en pantalla, desde la ingeniería inversa de la BIOS de un IBM PC a base de osciloscopio, pasando por odas varias a las copias de seguridad y por supuesto, la metafórica sucesión de momentos de “Donna Arreglando Cosas”, una verdadera miniserie dentro de la serie que comienza con el Speak and Spell de TI y acaba con un desaparque de cabezal de disco duro cuyo chirrido aterrador te encoge el alma.

Para una criatura de mi época, este es un gancho absolutamente irresistible y profundamente adictivo que me ha llevado a convivir cuatro años con esta extraña familia disfuncional y digital que me han llevado por la montaña rusa de la historia y el sentimiento. Quizá esté cegado por ser quizá la primera serie sobre este pequeño mundo al que muchos llamamos nuestro hogar de silicio, pero creo que Halt and Catch Fire es una serie imprescindible para todos- y no sólo porque educa como pocas en algunos aspectos fundamentales de la época moderna, sino que además cuenta con unos personajes fascinantes que te ayudan a sumergirte en unos momentos claves que cambiaron el mundo.

Mis queridos Chrises, que sé que me leeréis la mollera cuando me acueste esta noche, hacedme otra serie, por favor.

Los (dan) defensores

Gracias a la magía de los aviones y de los tablets baratos (Kindle Fire HD 8, de momento encantado, a ver si un poco más adelante escribo algo), me he acabado de ver la S01 de The Defenders, la reunión de los cuatro neoyorquinos dicharacheros de Netflix; Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y sí, Iron Fist. Veo que no he posteado nada sobre ellos, así que voy a reseñarlo TODO.

Daredevil

Primero fue Daredevil, que es el único de momento con dos temporadas. El abogado ciego con superpoderes y trauma por padre boxeador asesinado por la mafia, con una dosis de torturada fe católica es un clásico de Marvel (50 años lleva combatiendo el crimen, suerte de la compresión temporal del universo Marvel). En líneas generales, la serie retrata bastante bien lo que es Daredevil, sólo que el bueno de Matt y sus coleguis Foggy y Karen son un poco… sosos. La serie deambula un poco por la oscuridad de Daredevil y sus problemas de consciencia, pero Charlie Cox y Elden Henson no acaban de funcionar bien en los aspectos más dramáticos. Deborah Ann Woll como Karen Page sí tiene una actuación más acertada, pero por contra, el guión de su personaje se nos antoja un poco insuficiente (y muy diferente a los cómics, que no espoilearé aquí- no creo que la serie vaya por esos derroteros, pero por si acaso…).

Pero lo bueno de Daredevil son los villanos y antagonistas. La serie empieza con un superlativo Kingpin- el mafioso supremo de los cómics que aquí Vincent D’Onofrio (¡el recluta Patoso de La Chaqueta Metálica! Joder, no me había dado cuenta hasta ahora) clava con un ángulo muy interesante y que además viene acompañado de su ayudante personal Wesley (actor desconocido para mi, salía en Dollhouse del Whedon), un secundario memorable que acaba por completar la excelente profundidad humana del Kingpin. En la segunda temporada llega el Castigador, personaje que contrasta muy bien con Daredevil. Mientras Matt Murdock es un abogado que reparte justicia a patadas, Frank Castle la reparte con balas entre las cejas. El conflicto entre ambos se examina bastante bien, pero Jon Bernthal consigue en su relativamente mínimo tiempo en escena mostrarnos más matices de su personaje que Charlie Cox en dos temporadas como protagonista. Los algoritmos de Netflix deben coincidir bastante conmigo, porque el Castigador tendrá su serie propia en un par de meses.

La segunda temporada también incide más en el “rollo” ninja de Daredevil, apareciendo su maestro Stick (Scott Glen, el comandante del submarino yanqui de La Caza del Octubre Rojo y el superior de Clarice Sterling en El Silencio de los Corderos), Elektra y la Mano, de la mano de la encantadora viejecita oriental Madame Gao. Esta temática no me llamaba mucho en los cómics, y aquí es tolerable- Elektra es un poco sosa y su química con Daredevil no funciona demasiado, pero Stick, pese a lo trillado del personaje viene bien compensado por un buen actor. Madame Gao es el punto álgido en mi opinión- me saco el sombrero ante el director de cásting que ha sacado a esta señora con apenas cuatro películas que borda el papel de bruja mística oriental. Casi agradezco que luego hayan seguido con la Mano como villano recurrente para poder disfrutar más de ella.

En fin, que Daredevil funciona muy bien, pero más por mérito de su acertadísimo elenco de villanos que por los buenos. Buenas dosis de acción, investigación y misterio y… superheroísmo, sí.

Jessica Jones

Luego vino Jessica Jones, que a diferencia de Daredevil es un personaje mucho más moderno- de este siglo para ser exactos, y con ello viene un planteamiento más actual de superhéroe. Jessica tiene superpoderes, sí, pero es ante todo investigadora privada de moralidad dudosa y alcohólica (pero corazón de oro, sí, tranquilos). Krysten Ritter (la chati heroinómana de Jesse de Breaking Bad) compone un personaje con toda la complejidad que le falta a Daredevil, y con unos diálogos mordaces con unos secundarios que le dan buena réplica. Más allá de Luke Cage (protagonista de la siguiente serie de este barullo), el secundario destacable de la serie es Trish Walker- la “hermana adoptiva” de Jessica, estrella de la tele infantil reciclada en presentadora de su programa de radio “Trish Talk”, cuya relación con Jessica y sus desventuras le da profundidad a la serie.

Jessica Jones es un noir en toda regla, que desde su estilosa cabecera pasa por el villano de la serie… un David Tennant algo volátil que es escabroso y terrorífico, pero que por algún motivo no acaba de funcionar tan bien como debería.

Es decir, que a diferencia de Daredevil, aquí son los buenos los que aportan la calidad. La Jessica Jones de la serie es un personaje fresco incluso dentro de los antihéroes- es un Lobezno realista y muy creíble, con el que podemos identificarnos y que hace que nos metamos en la historia, junto con Trish y los otros secundarios. JJ es para mi lo mejorcito de todo este tinglado- no es sólo una buena serie de superhéroes, es una buena serie y punto.

Luke Cage

Tras una fugaz aparición en JJ, Luke Cage entra como el héroe de Harlem; un interesante personaje que bebe de la blaxploitation pero que ha sido acertadamente modernizado.

Luke Cage es una serie un poco más irregular que las anteriores. A diferencia de DD y JJ, aquí tanto buenos y malos son harto interesantes, pero desafortunadamente la serie pierde mucho gas a mitad de recorrido tras un desafortunado giro de acontecimientos y la llegada de un nuevo villano.

En la primera mitad, Mahershala Ali (Óscar al mejor secundario por Moonlight) y Alfre Woodard (extensísima filmografía y muy premiada, pero la verdad, yo no la tenía en la cabeza) encarnan a los que creo que son la primera pareja de primos villanos de la historia- un gangster dueño de un estiloso club de jazz y a una política local de Harlem que tienen una dinámica interesantísima que incluso quita protagonismo a los buenos- encabezados por la majestuosa presencia física de Mike Colter como Luke Cage que consigue darle la nobleza necesaria al personaje y que está secundado por una Rosario Dawson cuya Claire Temple gana protagonismo aquí (salía en las anteriores clavando a su enfermera de superhéroes) y a otro acierto de cásting con una desconocidísima Simone Missick encarnando a la detective afrobaloncestística Misty Knight.

Y hay más personajes interesantes, pero lamentablemente el guión de la serie avanza muy bien al principio pero se va arrinconando, desembocando en un giro argumental en mitad de la serie que lleva a que la segunda parte desmerezca en gran medida de la primera, lo cuál es una verdadera lástima. Si hubiesen conseguido un segundo acto acertado, podríamos estar hablando de temas mayores- sin embargo, se queda en una muy buena primera mitad y poco más.

Iron Fist

Pero bueno, eso no es nada comparado con el despropósito de Iron Fist. Ya viene de una premisa bastante ridícula de kungfu místico que no acaba de cuajar muy bien en el universo Marvel, pero es que la adaptación es totalmente terrible. Es probable que sea todo culpa de un nefasto guión que parece firmado por un niño de primaria, en el que nada parece creíble, pasan cosas sin ton ni son y es todo terriblemente cutre- todo esto se lleva por delante todo lo demás. Es posible que Finn Jones (el Caballero de las Flores de Juego de Tronos) no sea tan mal actor como parece aquí, y creo que el resto de actores tampoco lo hacen del todo mal. Ni la aparición de personajes cañeros de las otras series salva nada. Sólo Colleen Wing (la Nymeria Sand de Juego de Tronos) salva un poco los muebles (aunque en algún momento se ve engullida por la catástrofe de serie), pero no basta.

Lamentablemente, gran parte del transfondo de The Defenders viene de Iron Fist, así que es ugh, útil, tragársela para disfrutar la serie.

The Defenders

Y esto nos lleva a The Defenders, el complicado ejercicio de encajar cuatro series bastante diferentes entre sí. Los cuatro de arriba se las ven con La Mano, la organización místico-maligna oriental que ya tienen bastante lío con Daredevil y Iron Fist, pero que poco tienen que ver con mi querida Jessica y el bueno de Luke Cage.

La serie lo resuelve bastante bien- incluso lleva el lastre de Iron Fist con gracia (con unas cuantas pullas bien envenandas). Se establecen dinámicas interesantes entre los cuatro y se exploran adecuadamente sus diferencias y puntos en común. Los malos están bien- la jefa de La Mano resulta ser una correcta Sigourney Weaver, aunque yo sigo prefiriendo a la entrañable Madame Gao. Luego viene un japonés olvidable y un “Bakuto” que ya venía tocadillo por salir en Iron Fist.

Aunque la serie empieza un poco floja, y aunque no soy muy fan del temita de La Mano (salvo Madame Gao, claro) ni de Elektra ni de Stick (que Scott Glenn interpreta muy bien y es bastante oscurillo, pero es que lo del maestro mentor de artes marciales es algo que está tan trillado…), la serie se va acelerando y hacia el final estaba bastante enganchado.

Vale la pena verla- igual no tanto como Jessica Jones, pero sí es un interesante ejercicio de televisión y superhéroes que entretiene como debe ser.

La maravillosa mujer maravilla

Vaya por delante que uno es fan de Marvel y detesta DC. Quizá por desconocimiento, pero siempre me han interesado más los Spider-mans más terrenales que los alienígenas de poderes cósmicos como Superman (que sí, Marvel tiene sus Thors y sus 4F contra Galactus, pero eso nunca me ha interesado mucho). Así que cuando digo que Wonder Woman es la mejor película de DC desde los Batmans de Tim Burton de los 90 (que realmente son películas tan distintas que hace que las comparaciones sean casi imposibles), que conste que yo de DC sólo he visto:

  • Los Superman de los 80, que creo que son (junto con Los Goonies) las pelis que menos me gustan del gran Richard Donner
  • Los mencionados Batman de Tim Burton, que Kevin Smith explica en el 4:30 de este vídeo que todo el mundo debería ver– una teoría bastante razonable sobre cómo me puede gustar una peli de Batman si Batman me parece bastante odioso
  • Algunos Batmans de Nolan, que están bien, pero que ejemplifican bastante bien lo que no me gusta de DC
  • Superman Returns de 2006, que era rematadamente mala
  • Linterna verde, que me atrapó en un tren y casi me destruye

(no cuento V de Vendetta, Watchmen, que sí, técnicamente son de DC, pero no son de DC). Pero vaya, creo que está bastante aceptado que Suicide Squad y Batman contra Superman son escoria, así que…

En cualquier caso, Wonder Woman si no es lo mejor de superhéroes de DC, es de lo mejor.

Pese a que Di, la Wonder Woman del título, es la más molona de las molonas Amazonas, Gal Gadot y las partes buenas del guión le dan un carisma que está totalmente fuera del alcance del kriptonita y del murciélago; si bien su personaje tiene bastantes topicazos, tiene gracietas, momentos entrañables y heroicos y carga la peli sobre los hombros sin demasiado esfuerzo, apenas un par de derrapes- especialmente un diálogo que me recordó a lo peor de lo peor de Interestelar que hizo que me retorciese en un segundo. Afortunadamente, son deslices aislados.

Eso sí, Di está bastante sola, porque el resto del reparto es flojillo. James T. Kirk es de lo mejor, porque tiene un par de momentos buenos, pero ni su banda de inadaptados, ni el confuso elenco de villanos (una Elena Anaya desorientada, ni el casi siempre efectivo Danny Huston [hijo de John Huston, por cierto], ni el otro), ni casi nadie en la película le dan una buena réplica a la buena de Di… una lástima que hace que la peli sea simplemente buena y no totalmente maravillosa como debería ser.

El guión es irregular- es bueno e incluso muy bueno en los espacios cortos (el chiste del reloj es de los diálogos mejor buscados del cine reciente y no desmerecería en un Billy Wilder moderno), pero flaquea en lo más amplio- el argumento no es muy allá y el desenlace desmerece de los muy destacables introducción y nudo.

Eso sí, la estopa está muy bien repartida. Desde la secuencia inicial, titulada “Somos las Amazonas y las playas son para dar hostias, no para broncearse”, hasta “Vosotros tenéis metralletas pero yo tengo estilo y clase heroicos”, el machacamiento de alemanes es totalmente satisfactorio y gratificante; si bien la sombra de Zack Snyder nos trae un poco de abuso de la cámara lenta, la acción es nítida y épica como debe ser, acompañada de una destacable y llamativa banda sonora. Sólo al final cuando todo se pone en niveles mitológico se le empiezan a salir un poco las costuras al invento, pero hasta entonces las palomitas entran solas y a ratos dan ganas de aplaudir.

Así pues, sí, pese a sus defectos, si a uno de gustan las hostias bien dadas, hay que ir a ver Wonder Woman aplasta a los alemanes. Eso sí, me sigo quedando con Frozen como la mejor película protagonizada por una superheroína (y a la que no ponían a ningún hombre al lado para que los pobres varones no se sintiesen desorientados).

Al cine se va los viernes – Guardianes de la Galaxia Vol. 2

La versión corta: la segunda entrega de Guardianes de la Galaxia es lo que tiene que ser. Si os gustó la primera, vedla. Si no os gustó, no la veáis. Si no la visteis, os gustan los 80 y no le hacéis ascos a la idea de un mapache parlante manejando armamento de alto calibre y soltando gracietas, os veis la primera y volvéis aquí.

La larga:

Las secuelas son siempre complicadas- especialmente si la primera parte tuvo un éxito inesperado y uno no está seguro de repetir suerte. James Gunn (guionista de Tromeo y Julieta, con eso está dicho casi todo) lo afronta con una estrategia clara: disparar contra todo lo que se mueva. Durante las dos horas y cuarto que dura, se practica una acumulación de gags, referencias, acción a raudales, momentos sentimentales y excentricidades que si bien acaban agotando un poco (me costó aguantar hasta la quinta- sí, quinta- escena post-créditos), se aseguran que todo el mundo encuentre algo de su gusto para salir satisfecho.

Muchos gags no acaban de cuajar, se abusan de algunos recursos, los momentos “sentimentales” a mi no me acabaron de funcionar y hay bastantes oportunidades desaprovechadas; Kurt Russell especialmente, que padece como nadie algunas flojeras del guión (y curiosamente, prácticamente no tiene oportunidad de soltar chascarrillos)… parece como si se asumiese que su presencia basta por sí sola y que no era necesario que hiciese nada más que estar ahí.

Sin embargo, me parece difícil que nadie (a excepción de esos que nunca disfrutan de películas de este tipo) salga del cine sin ganas de hablar de ese momento en el que casi se le saltan las lágrimas de la risa, que no quiera un pequeño Groot como amigo arbóreo o que no haya disfrutado una referencia ochentera.

Así pues, id con las pilas puestas, que puede hacerse un poco larga, pero id.

A regañadientes, desde el cine sin ley a la ciudad de los ángeles

¿Cuál es el propósito de una crítica de cine?

Aunque a veces parezca que sea demostrar que tienes un buen diccionario de sinónimos y que has visto pelis que no le importan a nadie, supongo que es hacer saber a alguien si le valdrá la pena ir a ver algo.

En ese caso, sí, id a ver La La Land. Siendo un musical, supongo que sólo estarán leyendo aquellos que acepten los musicales o que no sepan que lo es. Fuera de eso es difícil precisar más, la peli tiene tantas cosas buenas y bastantes cosas malas como para que salgáis del cine haciendo claqué o echando espumarajos por la boca.

Visualmente, La La Land es un trabajo impecable. Desde el larguísimo plano secuencia inicial al imaginativo acto final, hay poquísimos momentos que no asombren y sólo un par de cosillas que chirrían un poco (por mucho que avancen los efectos especiales, aún quedan cosas sencillas que no se pueden hacer). Sentarse y absorber todo ese derroche ya vale el precio de la entrada y las dos horas que dura.

Musicalmente, a mi no me convenció tanto. Vaya por delante que mi mente tararea en bucle el repertorio de Hair pero que la mayoría de canciones de musical me suelen parecer olvidables, y La La Land no es una excepción. La Stone y el Gosling dan un esfuerzo más que admirable, pero no son cantantes y en especial la garganta de éste último no está hecha para llevar la voz cantante. ‎Eso sí, en baile para mí sí que dan totalmente el nivel. En cualquier caso, creo que en una semana ya no recordaré las canciones.

Lo otro es el guión. Aunque contiene un par de ideas buenas, no las aprovecha casi nada y cuando lo hace es un poco atropelladamente. No consigue meter al espectador en la vida de los personajes y no se sabe muy bien por qué; hay elementos de tensión y drama, pero nunca parece que vaya a pasar nada.

Aún así, sí que la peli goza de unos cuantos aciertos- la escena de la fiesta es una auténtica gozada que me dejó una sonrisa difícil de borrar. Hay destellos por toda la película que dejan ver que de alguna manera podía haber sido mucho más- creo que también porque a veces intenta abarcar demasiado, explicar todos sus amores y homenajear todo lo homenajeable, con aciertos y fallos por igual (aunque aprovechar que ruedas en la meca del cine como hacen en La La Land es algo que deberíamos ver mucho más a menudo).

Pero vedla. Puede que en un par de años no nos acordemos de ella, pero es uno de los acontecimientos de año y hay material para disfrutar un rato. Si Damien Chazelle es el segundo advenimiento o un niño mimado y sobrevalorado es una pregunta que tendrá que esperar un par de películas más; Whiplash tenía la carga de diez megatones que todo debut debe tener y La La Land tiene el ansia de aprovechar todo recurso disponible y se le pueden perdonar sus vicios derivados. Habrá que ver si cuando se estabiliza puede cuajar cintas totalmente redondas o seguirá con estallidos irregulares.