# 2026-11-01 El anime que no es anime

Tengo una relación compleja con el anime. Dr. Slump y Bola de Drac son dos obras maestras que son un referente personal. Pero por ejemplo, mientras que los 100 primeros episodios de Bola de Drac conforman una de las historias de aventuras más brillantes que se han escrito (y Dr. Slump combina como nadie la metarreferencia y el humor cafre), sus dos últimas temporadas y sus secuelas descienden a un conjunto de clichés que quizá me han hecho aborrecer la mayoría de animes, especialmente el shonen.

Pero precisamente Bocchi the Rock! es quizá el mayor exponente de cómo el anime puede huir de esos clichés que parecen inevitables.

Bocchi es una chica de instituto con problemas sociales extremos que (como pasa siempre) decide darle a la guitarra eléctrica hasta convertirse en una virtuosa. Cosa que no le sirve de nada porque no puede comunicarse con nadie hasta que comienza el anime y cae en una banda.

Lo que golpea de entrada del anime es su desbordante creatividad visual. El miedo de Bocchi a no participar en actividades de instituto se materializa en una visión postapocalíptica donde la persiguen para quemarla en una hoguera. El ego de Bocchi se convierte en un godzilla que arrasa Tokio. Todo esto con cambios de estilo, homenajes a otro anime, material de archivo, marionetas y un imparable asedio de recursos de todo tipo.

Pero lo que subyace parte de la evasión e incluso subversión de esos clichés inevitables del anime. Frente al shonenpoderamiento del anime donde el protagonista nos aburre en una escalada de crecimiento, no sólo Bocchi ya es una exitosa guitarrista (desde el más estricto anonimato en su canal de YouTube) en el primer episodio (y no la veremos entrenar ni hacer solos cada vez más épicos con técnicas de nombres curiosos), sino que en toda la primera temporada su avance respecto a sus problemas de socialización es prácticamente nulo.

La serie subvierte gran parte del anime porque a veces los problemas no se solucionan, sino que nos basta con encontrar nuestra tribu donde los problemas son lo que nos convierte en individuos. Bocchi acaba en un grupo con una batería que entiende sus limitaciones y la protege, una bajista de cinismo y sarcasmo extremo que aprecia sus oscuridades, y otra guitarrista que es la más popular de la clase pero que admira y quiere aprender de la chica que se sienta al final de la clase sin hablar con nadie.

No son las únicas peculiaridades. La mitad de la presencia del único personaje masculino significativo es llorar a mares durante el último minuto de un episodio y los ocho primeros minutos del siguiente, por ejemplo.

Mi único pero a esta serie es que se trata el alcoholismo desde un punto de vista preocupante que sospecho que irá a algún sitio distinto, pero que de momento no se arregla ni en un manga espinof que indaga un poco en el tema. En realidad, casi toda la serie ofrece comportamientos bastante problemáticos que aunque contrastan con ejemplaridades luminosas, nunca se demonizan ni se moralizan, sino que se integran en la narrativa como otro elemento. Que es algo refrescante dentro del blanco y negro de los mangas y que oye, es un tratamiento interesante de asuntos profundos, pero que me causa cierta inquietud que se suma a otros aspectos más inevitables del anime en general.

En cualquier caso, Bocchi the Rock! supera sobradamente a la última serie de anime que me gustó entre 2016 y 2020 (Aggretsuko, curiosamente con cierta temática musical y que comparte alguna cosa más con Bocchi). Por si no ha quedado claro, aunque detestéis el anime, creo que merece dale la pena darle una oportunidad a Bocchi.

El manga está bien y cubre más historia, pero aunque tiene sus cosas, no puede competir con el despliegue visual del anime. Al parecer Bocchi es un poco fenómeno en Asia y hay adaptación de teatro musical con música en directo y también conciertos oficiales en directo. Salvo la perturbación que provoca ver a excelentes profesionales musicales con pelucones de colores y que está todo en japonés, si os engancháis al anime vale la pena bucear por las profundidades de YouTube para confirmar que en Japón se lo toman todo tan en serio como es físicamente posible.

(También es curioso ver como las cuatro actrices de doblaje que encarnan a Bocchi y su grupo se pasaron un año aprendiendo a tocar sus instrumentos para tocar una canción del grupo en un estadio abarrotado. Que la actriz de hace de Bocchi ya es normal que se embarcase en un proyecto personal para emular a su personaje y que la actriz que encarna a la que vocalista principal del grupo es una cantante profesional que ya tocaba un poco la guitarra... pero la batería y la bajista parece más bien que simplemente pasaban por ahí...)

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