Tapos y estudios

Estos tiempos extraños me han terminado de arrastrar a la vorágine de las cámaras de videoconferencia. Ante la hambruna y escasez, he decidido innovar y probar si una cámara de vigilancia IP de 20€ puede sustituir a pongamos la webcam recomendada por Wirecutter de Logitech, que ahora mismo cuesta cinco veces más.

La idea tiene truco, claro. La inspiración fue que un fabricante de estas cámaras sacó una actualización que permitía usar fácilmente su cámara de seguridad como webcam. Quizá esto influyó en que precisamente esa cámara tampoco parece fácil de adquirir ahora mismo, pero me hizo investigar.

Al final me decidí por una cámara barata, sin USB. Esto imposibilita el mismo truco y obliga a ser más creativo. El modelo en cuestión va por red inalámbrica y soporta el protocolo de streaming RTSP (como la mayoría de productos de este tipo), con el que podemos montar una webcam virtual. En Linux he usado v4l2loopback (un módulo de kernel que permite crear “webcams virtuales”) y ffmpeg para coger el stream RTSP por red inalámbrica y crear una webcam que podemos usar en cualquier software de streaming. Por cosas de Linux, aún no he hecho funcionar el mismo proceso con el famoso OBS, que es el elemento mágico que permite hacer virguerías, pero el cutremontaje funciona adecuadamente.

La idea es usar la webcam para mi ansiada idea de videoconferenciar usando el televisor, algo que siempre me ha sorprendido no sea algo habitual. Mi PS4 tiene una cámara enchufada justo encima de la TV, pero no hay manera de usarla para este propósito. Duo está para Android TV, pero el Chromecast del que acabo de hablaros sólo tiene un USB que usa para alimentación, con lo que necesitaría un hub para enchufarle una cámara (y pagar la broma de comprar una webcam USB en los tiempos que corren). Por suerte Google Meet soporta Chromecast para proyectar la pantalla a la tele, y puedo usar la cámara de seguridad “sin cable” y por tanto ponerla en el televisor, mientras que el portátil que controla todo el asunto está a mi lado.

Funcionar funciona, y es barato, pero es un lío considerable, el ojo de pez que es útil para funciones de seguridad se hace un poco raro en videoconferencia, y todo el montaje tiene algo de lag, cuando los lags normales ya exacerban mis limitaciones comunicativas en videoconferencias. Habrá que seguir investigando y refinando, pero al menos entretiene.

Por otra parte, todo este experimento me ha llevado a experimentar un poco con el arriba mencionado OBS. Siempre me había parecido un software místico e inalcanzable, que permite añadir fondos virtuales a las aplicaciones de videoconferencia que no disponen de esta característica imprescindible, o esta astracanada de Scott Hanselman (sí, el de Dark Matter Developers– ahora se dedica a innovar en OBS- como lo de los títulos de crédito para acabar una videoconferencia). La verdad que es menos chungo de lo que parece (menos hacer funcionar lo de la webcam virtual en Linux- se puede, pero uno se acostumbra a no tener que trastear) y se pueden hacer cosas graciosas. Vale la pena dedicarle un ratito aunque seguramente no le llegaremos a Scott Hanselman ni a la suela de los zapatos.

Al menos ahora mismo no tengo excusa para ponerme a experimentar con pizarras virtuales 🙂

Recargando la panoplia

No soy nada fan de las limitaciones artificiales de hardware. PERO, esto de que Nvidia lastre el minado de Bitcoin para intentar que la gente juegue con su hardware diseñado para jugar, aunque me siga pareciendo problemático (como a John Carmack, que propone mecanismos más libremercadistas para cumplir ese propósito, que tampoco me convencen del todo), me parece interesante.

Me descubrieron recientemente en el trabajo que uno de los programadores más infames de la historia fue interpretado en el cine por Christian Slater (yo siempre le veo más como el inolvidable J.D. de la inolvidable Heathers/Escuela de Jóvenes Asesinos o como el Clarence de Amor a Quemarropa, pero la verdad que estuvo en Mr. Robot), en un reparto con James Franco, Ed Harris, Timothée Chalamet y Cynthia Nixon.

La sensibilidad de Guido por la legibilidad a veces choca con monstruos que “descubren” “operadores” “cósmicos”. Soy uno de esos fans del Bushido Blade aludidos por esta nota de Polygon sobre Hellish Quart. Lástima que se me ha pasado la demo 🙁 Los místicos microclimas ibéricos ofrecen alternativas verdes para la refrigeración informática– me pregunto si AWS y Azure habrán considerado este ángulo.

Tirando cromo

El nuevo tercer elemento que tengo conectado a mi tele (que sólo tiene dos entradas HDMI, así que tengo la PS4 y el PC para jugar en un conmutador) es el nuevo dispositivo de Google, con el sencillo nombre de “Chromecast con Google TV”. He perdido la cuenta de alternativas para poder ver en grande contenido audiovisual (la familia Android/Google TV, los Fire TV de Amazon, el Apple TV, los hágalo usted mismo…), pero el término “Chromecast” siempre me ha seducido (buscar en este blog indica que tuve uno al menos en 2015 y sobre el que escribí en una anterior encarnación de este artículo).

Estaba usando hasta ahora un Mi Box 3, también Android TV, pero a pesar de que destaca en su calidad/precio (la última iteración de Android TV de Xiaomi es aún más barata a 35€, yo me he gastado el doble ahora), las últimas actualizaciones fueron la gota que colmo el vaso de las pequeñas inconveniencias. El mayor problema del Mi Box 3 era precisamente que Xiaomi no parecía entender la “magia” del Chromecast. Esto es, un Chromecast debería estar siempre disponible para enviarle contenido y que este aparezca rápidamente en una tele otrora apagada, pero el Mi Box 3 sólo funcionaba con el televisor encendido y sintonizado en la entrada del Mi Box.

Uso habitualmente los servicios de Netflix, Prime Video, Disney+ y Movistar+. Movistar+ descarta automáticamente la PS4, y todos complican bastante el tema Raspberry (sí, seguramente se puede hacer funcionar, pero, ¿para qué?). La falta de HDMI-CEC en los PC con Windows elimina un poco el PC para jugar que tengo en la tele, y como he mencionado, la verdad que me gusta mucho el concepto Chromecast.

Así pues, con pocas opciones y queriendo probar con algo que no venga de Xiaomi (que igual finalmente ha entendido la magia del Chromecast, pero quizá no), me decidí por el dispositivo estrella de Google, tras comprobar que su selección de aplicaciones cubre mis necesidades (y la mayoría de servicios disponibles en España).

La verdad que ha sido un acierto, pese al coste. El Chromecast no es 100% perfecto, pero suficientemente cerca del 99% para que en un par de meses no me haya molestado, y Google parece haber clavado un par de cosas en las que el Mi Box (y otros dispositivos) cojeaban un pelín.

Lo que más me ha sorprendido es algo aparentemente tan poco destacable como el volumen. En general, mi mente ya ha asimilado que al saltar de la tele convencional a cualquier otra cosa (consola, PC, dispositivo, etc.), hay que ajustar el volumen, porque mientras que la tele se oye bien pongamos al 8 de volumen de mi Samsung, Netflix necesita un 13. Yo ya casi lo hago automáticamente, pero esto no sucede con este Chromecast y se agradece. Además, no tiene volumen propio- los botones de volumen ajustan el volumen de la tele (por HDMI-CEC o infrarrojo según dispositivo), lo que me parece que reduce un poco la carga cognitiva.

Esto nos lleva a un mando la mar de funcional, que aunque carece de una superficie de apoyo plana (¿qué narices pasa con esto? El mando de mi tele Samsung tiene el mismo problema) y tener dos botones etiquetados como Netflix y Youtube (que perturba mis sensibilidades), funciona bastante bien y, al poder ajustar el volumen de la tele con él, es bastante autónomo. Gracias a la magia del HDMI-CEC también podemos usar el mando de la tele adecuadamente (aunque esto evidencia que tengo un botón de pausa en el mando de la tele que le falta al mando del Chromecast. Creo que podría remapear uno de los dos botones inútiles de aplicación, pero tener un botón mal etiquetado profundizaría mi agravio).

El mando gobierna la cacareada nueva interfaz “Google TV”, que supuestamente unifica el catálogo de las aplicaciones y es a su vez un nido de publicidad carroñera. La verdad que ni lo uno ni lo otro. Sí, tenemos una página principal con contenidos de muchos servicios de streaming unificados, pero no todos (e.g. nada de Movistar+ por el momento, y creo que podemos olvidarnos de RTVE a la carta, o del contenido de mi servidor Jellyfin). Y sí, aparecen contenidos de pago tipo la compra/alquiler de películas de Google Play, pero la verdad, no lo encuentro tan molesto. Puede que en algún momento encuentre algo que ver con esto, pero en general sigo tirando de JustWatch, que al menos añade Movistar+ y que tiene una vista de novedades menos “algorítmica”.

Por supuesto, al ser Android TV podemos añadir aplicaciones como Jellyfin y Kodi, que funcionan adecuadamente para reproducir contenidos que tengo a 500 kilómetros y 20 milisegundos de ping al otro lado de una VPN.

En definitiva, aunque algo más caro que otros, este Chromecast es un buen cacharro que funciona bastante bien con la oferta de contenidos en España y que acierta en su mayoría de decisiones ergonómicas.

Otra taxonomía, con algo de predominancia de serpientes

Scott Hanselman no es sólo el autor del imprescindible Dark Matter Developers, sino que además comparte conmigo dificultades en finalizar conversaciones. Lo que no comparto con él es su genio para encontrar una deliciosa solución:

Hace décadas era superfán del crítico de cine en televisión de El País, Luis Martínez (hasta el punto de recortar y coleccionar sus críticas, algo de lo que sólo se acuerda ahora el Internet Archive). Qué sorpresa cuando la aplicación de noticias de Microsoft me llevó a una entrevista de este señor con el inigualable John Carpenter (link tipo AMP de Microsoft, pues el original en El Mundo está enmurallapagado). Lamentablemente, para retomar el contacto y seguirle, tendré que usar Twitter.

No estaba al tanto del ¿culebrón? sobre los términos de uso de Anaconda. Según entiendo, Anaconda es la solución para ahorrarse los dolores de cabeza derivados del uso de código que no es puro Python en Windows. Pero parece ser que el acceso a los repositorios está ahora explícitamente gobernado por unos términos de uso que al menos a mí me huelen a inseguridad.

Siguiendo con Python, el otro día descubrí con sorpresa que en este sí claro culebrón del LBYL contra el EAFP, que la postura de Guido coincide con la mía (LBYL) mientras que la documentación de Python siempre me ha parecido que defiende lo contrario, y creo que eso ha llevado a la concepción de que EAFP es más “pitónico”.

Como traca final: NNCP, otro protocolo de internet para descentralizar comunicaciones. Se habla mucho de la transpilación estos días, pero poco de bish y batsh, y quizá otros lenguajes que compilan a bash. Otro fascinante ejemplo del videojuego imitando la sociedad: mafias explotadoras del trabajador en Elite Dangerous. El grafo de qué le suena a chino a los chinos. Unos cuántos enlaces lingüísticos intrigantes. La espectacular especialización del fútbol americano, que no vendría mal en el europeo.