Debian GNU/Windows

Aunque muchas veces digo que soy usuario de Linux (desde 2002 en casa, 2011 en el trabajo), la verdad es que lo que soy es usuario de Debian (también uso CentOS en algunos servidores).

Debian aspira a ser el sistema operativo universal- su versión “testing” contiene la friolera de 58.000 paquetes de software, que incluyen un entorno tipo UNIX y el kernel de Linux, todo en un formato fácilmente instalable. Cantidad no equivalente siempre a calidad, pero al menos para mi, Debian cubre prácticamente todas mis necesidades informáticas con un coste mínimo en tiempo y dinero: en un momento tengo acceso a la mayoría del software que necesito en un entorno eficiente y agradable.

Sin embargo, el mundo de la informática de escritorio sigue dominado por Microsoft Windows. Es un sistema que he usado bastante y realmente tiene muchas virtudes, pero para mi su mayor defecto es que no es Debian. Windows dispone de mucho software interesante que no se puede usar en un sistema Debian, sí- pero Debian también tiene mucho software que es una lata utilizar en Windows- especialmente el que compone el entorno “UNIX” de GNU (los shells y utilidades, que uso intensivamente).

Son dos filosofías completamente diferentes. Debian aspira a empaquetar todo el software libre del universo (e incluso no libre) y Windows te proporciona un sistema operativo y unas migajas de software para que te busques la vida.

¿No podemos tener lo mejor de cada mundo?

Hasta ahora, obtener los beneficios de Windows y Debian suponía mantener dos sistemas. Yo personalmente tengo máquinas virtuales Windows que utilizo para acceder a software que sólo está disponible en Windows- como Microsoft Office, pero en general evito en la medida de lo posible usar Windows porque es un tostón trabajar dentro de una máquina virtual y por tanto aprovecho poco todo el software disponible para Windows.

Ahora bien, Microsoft está cambiando y comienza a contemplar Linux como algo diferente a un enemigo a destruir. Curiosamente, Microsoft parece escoger Debian cuando comienza a acercarse a Linux (sin ir más lejos, han sacado un contenedor Docker para ejecutar aplicaciones de ASP.NET que es Debian Wheezy).

Por otra parte, Debian está preparada para correr bajo otros sistemas operativos. Sin ir más lejos Debian GNU/kFreeBSD es Debian corriendo sobre FreeBSD. También anda por ahí un intento de ejecutar Debian sobre Hurd, el kernel de GNU que quizá algún día sea relevante.

¿Por qué no Debian GNU/Windows?

Existen “distribuciones” para Windows, como por ejemplo Cygwin y MinGW/MSYS, que traen mucho del software GNU y del que incluye Debian, pero que palidecen en comparación con Debian- mucho menos software y mucho menos cariño en su mantenimiento.

No existen imposibles para correr Debian sobre Windows- se requeriría un enorme esfuerzo y hay aún muchas diferencias políticas a limar, pero un Windows, con su enorme soporte de hardware y el acceso a mucho software importante, con un entorno Debian encima sería un entorno que me tentaría seriamente a abandonar Linux.

En este mundo extraño con un Microsoft desconocido que saca software para sus competidores y que emplea Linux… no es algo completamente descabellado.

Postdata: soy plenamente consciente que OS X sería una alternativa a Windows en un escenario así. Sin embargo, debo decir que prefiero Windows. Apple y su entorno comienza a disgustarme más de lo que me disgustaba Microsoft. Y desde luego, creo que Apple sería infinitamente menos cooperativa.

Clásicos de ayer y de hoy

Tras toda una saga (1, 23, 4 y 5), hace casi un mes desembolsé unos dolorosos 400€ y pico euros (menos 5% de descuento directo y 5% de indirecto aprovechando un día especial FNAC) y me hice con la ansiada Classic.

El resumen para los que no quieran tragarse la parrafada:

  • ¿Debo comprarme este móvil? Si te sientes limitado en los móviles táctiles y te gustaría llevar encima un dispositivo pelín más parecido a un portátil y aceptas conscientemente las limitaciones del ecosistema Blackberry, deberías al menos plantearte una BlackBerry Passport o una Classic.
  • ¿Es este el móvil que rescatará de la ruina a BlackBerry? No lo creo, su negocio de vender móviles lleva tiempo condenado y no creo que pueda hacerse nada. Yo me lo compro en un intento desesperado de salvar los móviles con teclado físico.

La versión larga…

La BlackBerry Classic es básicamente la Q10 de mediados de abril de 2013 con el “belt” de las BlackBerries antiguas (botón de llamada y colgar, menú, atrás y trackpad)- que pagas a precio de oro (la Q10 está bien por debajo de 300€ ahora mismo, la Classic por encima de 400€). Lo más llamativo, a parte del teclado made-in-BlackBerry es la pantalla cuadrada de 720×720 que va en contra de todo en la época actual. Junto con la Passport, ese aparato de dimensiones extrañas, los dos modelos más importantes de BlackBerry son dos móviles que no se parecen en nada a ningún dispositivo que tenga otro fabricante.

Lo más sorprendente al coger la Classic es el peso; sus casi 180g son notables y dan una sensación de cazabombardero ruso- arcaico, pero bien construido y fiable. No parece haber nada en el cacharro que explique el peso- personalmente creo que han metido algo pesado para conseguir este efecto, y no me parece mal.

Físicamente, la pantalla de 720×720 se ve muy bien y aún con el brillo al mínimo se puede usar perfectamente al sol, algo que a mi particularmente me encanta- muchos móviles hoy en día parecen ser diseñados para su uso en interiores, algo que no tiene sentido. Debajo de la pantalla hay un estupendo teclado Blackberry, tipo Bold pero recto. Los que no hayáis usado nunca un teclado BlackBerry… es una experiencia la mar de satisfactoria. En bastantes condiciones, un teclado de pantalla táctil tipo Swiftkey puede permitirte entrar texto a una velocidad comparable, pero el clic-clic de las teclitas físicas es extremadamente gratificante. Para situaciones de tecleo más complicadas (querer usar puntuación correcta, mezclar idiomas, introducir cosas tipo comandos en un terminal…), el teclado físico se desmarca a años luz de cualquier sistema táctil: si quieres usar un móvil como terminal de SSH, por ejemplo, con un móvil táctil vivirás la frustración y con un teclado BlackBerry disfrutarás.

Cabe decir que BlackBerry le ha incorporado al teclado funcionalidades predictivas de su supuestamente excelente teclado táctil. Estas están desactivadas por defecto, pero recomiendo encarecidamente activarlas; esto hace que el móvil introduzca acentos cuando no hay ambigüedad y que para ciertas palabras podamos utilizar el autocompletar, que es bastante espabilado y multiidioma (a veces mezcla un poco castellano y catalán- y dado lo poco que escribo en este último estoy tentadísimo de desconectarlo).

Con todo, con este móvil se puede escribir sin siquiera mirar a la pantalla- sólo colocar algún acento ocasionalmente puede romper el flujo (en modelos anteriores tenías que mantener la letra pulsada y usar el trackpad para seleccionar el acento- aquí mantienes la tecla apretada y luego seleccionas el acento en la pantalla táctil- ninguno de los dos modos es perfecto)… todo lo demás puede hacerse mediante memoria muscular- puntuación y combinaciones de teclas pueden memorizarse.

Viene por aquí otro aspecto destacable de la experiencia BlackBerry: los atajos de teclado. En los PCs de escritorio los usuarios intensivos aprendemos rápido combinaciones de teclas que nos permiten concentrar acciones en el teclado y evitar el lento ratón. En la BlackBerry, igual. Pulsar espacio para saltar de página, pulsar k y u en el navegador para ir a los favoritos y a la barra de direcciones, t para responder un correo, etc. son cosas que nos evitan las ineficiencias de las pantallas táctiles y que nos llevan a una experiencia más “de escritorio”. Los dispositivos táctiles se están imponiendo, sí, pero los teclados siguen siendo el mecanismo de entrada más ágil y veloz para usuarios intensivos y si bien usar una BlackBerry dista mucho de la ergonomía de un ordenador de escritorio, está muy por encima de la experiencia táctil.

Junto con el teclado y los atajos, tenemos el trackpad. Es quizá el motivo de ser de la Classic- la Passport permite usar la superficie del teclado como panel táctil (algo que me intriga sobremanera), así que los dos nuevos buques insignia de BlackBerry recuperan esta forma de entrada. El trackpad permite un comportamiento más similar a los cursores de un teclado de ordenador. Para moverse por listas de elementos y cuadrículas ofrece una alternativa más que viable a la pantalla táctil con ventajas e inconvenientes- particularmente yo me siento un poco estúpido con los gestos amplios de hacer scroll en pantalla táctil y el trackpad me permite hacer lo mismo con mucho menos movimiento. En el navegador, el trackpad nos permite seleccionar pequeños elementos en páginas web no adaptadas para móvil con agilidad, permitiéndonos evitar el continuo pinch-to-zoom (y alternativos) de los navegadores táctiles. Y por último, editando texto nos permite ahorrarnos los ultrafrustrantes mecanismos de desplazamiento y selección de texto- algo que quizá no sea algo muy frecuente, pero que yo cada vez que tengo que hacer me tiro de los pelos. Con el trackpad es posible moverse con precisión por texto y combinándolo con la tecla shift, podemos marcar texto ágilmente.

Es ciertamente extraña la combinación de panel táctil y trackpad, y hay aspectos del interfaz (y muchísimas aplicaciones, especialmente las de Android) que no están adaptados al trackpad. Puede parecer que tener dos mecanismos de entrada parecidos es redundante y tonto, pero para ciertos escenarios, es una bendición disponer de ambos (en parte, sí, porque la pantalla táctil es relativamente pequeña, pero principalmente porque para que según que cosas el trackpad es superior).

Estos tres elementos (teclado, trackpad y atajos) son el principal argumento a favor de la Classic: un intento de superar las limitaciones de los dispositivos móviles y ofrecer una experiencia más rica. Personalmente, creo que es algo fantástico que cambia la manera de usar el móvil- la mensajería instantánea y el email se ven inmediatamente mejorados y potenciados- escribir una respuesta larga a un email deja de ser una experiencia frustrante que posponemos hasta estar cerca de un ordenador, dejamos de pervertir el lenguaje con el feo lenguaje abreviado propio de los móviles y podemos darle usos al teléfono, como de terminal de SSH que serían una tortura si tuviésemos que teclear sobre una pantalla táctil.

¿Y por lo demás?

Pues comenzando por lo bueno, BB10 es un sistema operativo la mar de majo. El sistema de multitarea es muy interesante, los gestos para cambiar de aplicación y demás son un poco marcianos, pero una vez uno se acostumbra son naturales y rápidos. Pese a la CPU poco potente, los dos 2gb de RAM con los que cuenta hacen que todo vaya fluido y el navegador sea tremendamente rápido hasta con páginas no adaptadas para móvil. Las aplicaciones básicas tipo Whatsapp, Twitter, Facebook, etc. están muy bien integradas, y el cacareado hub que unifica todas las comunicaciones funciona realmente bien. Es un sistema operativo centrado en la productividad y se nota.

BB10 introduce un par de características de integración con ordenador muy llamativas. Blend es una aplicación para Windows, Mac, iOS y Android que permite controlar la BlackBerry desde esos dispositivos, usando el correo y datos de la aplicación, transferir archivos, etc. La verdad que como usuario de Linux probé Blend en una máquina virtual y esto hizo que no me fuera nada conveniente- quizás los usuarios de un sistema operativo soportado por Blend lo vean más práctico, pero yo en principio lo vi limitadillo (no se integra con todas las aplicaciones, por ejemplo- nada de responder a un mensaje de Whatsapp por Blend). Pero la otra sí me resultó más cómoda- con un par de clics se puede activar un servidor de CIFS en la BlackBerry. CIFS es el protocolo de compartir archivos en red de Windows, soportado por la mayoría de sistemas operativos. Con esto activado, podemos acceder transparentemente y sin cables a los archivos guardados en la BlackBerry- algo que requiere aplicaciones adicionales en otros dispositivos móviles. Aunque es un pelín lento, es fantástico poder copiar archivos de un sitio a otro rápidamente sin tener que trajinar cables y sin tener que usar herramientas- podemos arrastrar archivos sin problemas.

Adicionalmente, salvo que los primeros días tuve un par de sustos con la batería, a partir de entonces la batería me ha ido fenomenalmente bien. Mi patrón de uso actual es un stress test en toda regla de la batería: me paso dos horas diarias en el metro de Barcelona haciendo uso intenso de datos; dada la pobre cobertura del metro, esto tortura la batería intensamente. Así, en cada trayecto me como un 20-25% de la batería. Adicionalmente, paso alrededor de media hora llamando. Y para acabarlo de adobar, no utilizo wifi en la oficina sino que sigo con conexión móvil, lo cuál es evitar un importante ahorro de batería. Con todo esto, tras casi 12h fuera de casa suelo llegar con 20-40% de batería, lo cuál debería significar que aunque la batería de la Classic no es extraíble, debería permitirme usar el móvil cómodamente durante bastante tiempo (crucemos los dedos).

Los problemas viene por otro lado.

Las aplicaciones. Sí, los cacareados ecosistemas importan. La verdad, yo personalmente sólo tengo que tirar de un par de aplicaciones Android (Feedly, Moovit, VX ConnectBot y Our Groceries [lista de la compra]). De esta sólo Feedly me molesta por no estar muy adaptada (si se pudiese usar el trackpad ganaría muchísimo), el resto tiran bien y hasta se adaptan bien. Pero el gran problema viene con Google.

GMail y Google Calendar más o menos bien. El mayor problema es con GMail, ya que el cliente de correo BlackBerry no tiene noción de archivar. Podemos configurarlo de manera que al borrar un mensaje quede archivado si queremos, pero entonces no podremos borrar. Puede que para otros no sea problema, pero a mi me gusta borrar el correo no importante (listas, notificaciones, etc.) y archivar todo lo demás, y en la Classic es imposible (y tenemos que recurrir al PC). Los grandes ausentes son Google Maps y Hangouts. Google Maps no está y si bien la versión web es mejor de lo que uno imaginaría, no está al nivel de la aplicación- yo al final acabo tirando de Moovit que no es ideal (se supone que Nokia Here es la leche y está en la appstore de Amazon, pero a mi no me sale por ningún lado). Hangouts… BlackBerry nos da un cliente de Google Talk, pero el futuro de Google Talk es incierto y además, no tiene la “adaptación a móvil” de Hangouts (o Whatsapp, o BBM, etc.), y usar mensajería instantánea no adaptada a móvil es un ejercicio frustrante (el check y el doble check de BBM, popularizado por Whatsapp, es esencial). Tampoco hay Chromecast 🙁

La verdad que fuera del ecosistema Google no echo en falta mucho más, pero… no tener Google Maps duele (lógicamente tampoco hay Google+, pero sinceramente, es Google+). Es posible que vuestro caso sea diferente al mío- por ejemplo yo paso de Instagram, pero para los fans de Instagram, sólo hay clientes no oficiales.

Lo otro gordo es “la multimedia”. Sí, la pantalla cuadrada no es ideal para ver vídeos. Yo la verdad que para ver el vídeo esporádico me apaño perfectamente, el reproductor coge los formatos habituales, soporta subtítulos y está bastante bien. Y si quiero ver algo más grande, uso el televisor que tengo en el salón, que ve mucho más grande que hasta el más grande de los “phablets” (eso sí, sin Chromecast ahí se pierden puntos).

La cámara también es bastante meh. Yo tengo un pulso horrible y es difícil sacar fotos decentes- o la tiro con flash y sale flasheada o la tiro sin flash y sale movida. La aplicación de cámara trae una pijada de timeshift que pinta muy bien (detecta caras, saca varias fotos y para cada cara te permite escoger entre las diversas fotos- así es posible sacar una foto de grupo y poder evitar individualmente guiños o muecas extrañas), pero que no no he sido capaz de usar satisfactoriamente (una vez más, cuestión de templeque manual). La cámara es lentita enfocando y tampoco tiene más. Dicen que tiene un muy buen HDR, pero yo no lo he visto.

En definitiva y resumiendo un poco:

  • Teclado, trackpad y otros elementos que me eliminan muchas experiencias frustrantes en dispositivos móviles
  • Sistema operativo cuidado y fluido pese al hardware relativamente caduco. Navegador sobresaliente
  • Aplicaciones básicas proveídas por BlackBerry bastante decentes
  • Transferencia de archivos a PC exquisita de fábrica
  • Batería sobrada para aguantar un día de uso muy intenso, pero no extraíble
  • No tiene Google Maps nativo (sólo web, que no va tan mal como parece), cliente de Google Talk pero no Hangouts, nada de Hangouts y en definitiva, pobre “experiencia Google”.
  • Pantalla pequeña para los que les gusta ver vídeos en móviles grandes cuya pantalla es varios órdenes de magnitud más pequeña que una tele
  • Cámara mediocre

Para mi, la Classic está muy cerca de ser el móvil ideal. Si BlackBerry se hubiese decidido por una experiencia más Google (usar Android de base, acatar las condiciones de Play Store), probablemente sería casi perfecto. Los otros fallos son la cámara (que es pasable) y la batería no extraíble, que podría no ser problema. No es un móvil para todos los públicos, pero para su público es un móvil excelente. El mayor problema, sin embargo, es el futuro incierto de BlackBerry…

Igual debería comprarme una Blackberry Classic

Si siguieron entregas anteriores (1, 23 y 4) soy un enajenado mental que usa una Blackberry Bold 9780 comprada hace casi 4 años y un Samsung Galaxy SIII comprado en abril del año pasado. Recientemente, la Bold se ha deteriorado aún más (se reinicia varias veces al día [un proceso horripilantemente lento] y ha dejado de reconocer tarjetas MicroSD [lo cuál es un fastidio muy grande de cara al uso de Whatsapp- salta un error cada vez que entro en la aplicación y por algún extraño motivo, hace que recibir fotos sea una odisea]), haciendo empeorando una situación que ya no era muy ideal (tener que preocuparme de dos teléfonos y que el principal sea una antigualla).

Y justo por estas fechas, esos canadienses decadentes han sacado la Blackberry Classic, la nueva Blackberry pensada para los desequilibrados como yo.

¿Qué hacer? Hablemos por pros y contras…

Pros

La Classic es prácticamente la Blackberry que yo querría. Formato Bold (pelín más grande, pero con trackpad y surtido de botones físicos), batería no intercambiable pero decente (GSM Arena le da 62h– lejos de las 101h que le da al Z3 Compact, pero más que suficiente) y si bien no usa Android como yo querría, es compatible con algunas aplicaciones Android (básicamente lo que quiero es Feedly, que es lo que me llevó al SIII. Parece ser que se pueden meter las aplicaciones Google de maneras turbias, lo cuál sería la leche).

Es decir, que sobre el papel han sacado un móvil que se acerca (realistamente) mucho a lo que yo querría, pero…

Contras

En EEUU cuesta $450 que parece caro pero al cambio son 389€, un precio no exorbitante para un móvil que uno quiere (está lejos de los 700€ del iPhone 6 más barato, debajo de los 450€ de un S5 o un Z3 Compact), pero en España cuesta unos 430€ de momento. Esos 40€ por vivir en un país pobre duelen, y duelen más cuando una Blackberry Classic es prácticamente el mismo hardware que la Blackberry Q10 de 2013 que ahora se vende por 280€. Es decir, que me están vendiendo hardware a un precio muy elevado.

Por otra parte, es una Blackberry. Sigue siendo muy complicado que Blackberry remonte el vuelo y hay bastantes números de que desaparezca en un futuro no muy lejano y me haya gastado los dineros en un móvil huérfano que seguramente tenga mucho de los problemas que tiene mi Bold ahora (soporte insuficiente de operadores y aplicaciones importantes). Y desde luego ahora mismo ni aplicaciones Google (las chapuzas no cuentan), ni smartwatches que lo soporten, ni nada… lo mínimo que necesito (Whatsapp, Twitter, Facebook, etc.) está, pero duele ser ciudadano de segunda categoría aunque eso no te afecte realmente mucho. La compatibilidad con aplicaciones Android es relativa y muchas reseñas dicen que se arrastran (normal- es hardware más bien poco potente).

Pero

Llevo usando el SIII casi un año y… las pantallas táctiles siguen siendo un problema. Cuando tengo que teclear algo, por mucho Swiftkey que haya… cada cambio de idioma, palabra fuera de diccionario, puntuación que no entiende y cada símbolo (y ya no hablemos de usarlo en un terminal SSH, totalmente impracticable) me hace querer cada vez el maravilloso teclado Blackberry. Hay gente que imagina los futuros apocalípticos con inviernos nucleares, desiertos sin agua y ruinas; yo me imagino un mundo de pantallas táctiles donde ni móviles ni ordenadores tengan teclados físicos… y eso me da escalofríos. Si Blackberry se hunde, los terroristas habrán ganado y los pocos que apreciamos teclear estaremos condenados. Antes algún fabricante sacaba terminales Android con teclado físico… malos… pero ahora ya ni eso. En mi desesperación, hasta Typo era una opción.

La única esperanza es que ya sea por un cambio de rumbo o una adquisición, Blackberry (u otro fabricante) comience a sacar móviles decentes Android con formato Blackberry. Igual porque Blackberry esté a punto de la quiebra, o porque los rumores de que Samsung la compre sean ciertos y decidan hacer algo arriesgado. ¿Pero quién haría eso si no se compran móviles QWERTY?

En fin, una decisión dura. Les mantendremos informados.

Detente y préndete fuego

La subcultura, friquismo, cosa geek, etc. parece estar de moda últimamente. La tecnología cobra cada vez más importancia y se infiltra hasta puntos insospechados hasta hace poco en el día a día de la gente corriente. Famosos de la informática como Jobs o Zuckerberg son celebridades del calibre de muchos deportistas, actores y músicos. Como no podía ser de otra manera, esto hace que las artes- literatura, cine, televisión… cada vez beban más del mundo tecnológico en sus obras. Sin embargo, hasta el momento (y hasta donde yo he visto), esto ha sido un fenómeno parcial- cultos de personalidad, referencias… poco más.

Halt and Catch Fire, sin embargo, es de las primeras obras relevantes para el gran público centrada argumentalmente en el mundo tecnológico- específicamente en la época de los clones del PC de IBM en los 80. Pese a tomarse licencias artísticas con la historia (la Cardiff Electric de los protagonistas es en gran parte Compaq, pero con bastantes cambios), HaCF no sólo puede considerarse histórica en el sentido que un biopic de Napoleón lo sería, sino que además entreteje la tecnología en el argumento (y además, con grandísimo acierto).

La historia se centra en un ex-comercial de IBM, Joe MacMillan (genialmente interpretado por Lee Pace… sorprendentemente el Thranduil del Hobbit o el villano de Guardianes de la Galaxia) que aterriza en una pequeña empresa de informática de Dallas planeando un producto clave de la época. Su personaje, magnético como debe ser, bascula entre lider carismático y traidor deleznable- de impecable traje caro pero con misterios y bagaje personal, se rige como el eje alrededor del cuál gira la historia. Le acompañan la programadora Cameron Howe (una tal Mackenzie Davis que no me suena de nada) y Gordon Clark [¿Gordon por Gordon Moore de Intel y de la ley epónima? Por Clark sólo me sale un fundador de SGI y Netscape], el experto en hardware (Scoot McNairy- al parecer sale en 12 Años de Esclavitud y Argo). En las dinámicas entre los tres rápidamente cobra protagonismo Donna, la esposa de Gordon, (una magnífica Kerry Bishé- al parecer es la segunda vez que interpreta a la esposa del mismo actor) que es mucho más multidimensional que el otro par (Cameron es excesivamente punk-manzanil para mi gusto- Gordon es un personaje más interesante pero que a mi no me llama mucho) y se lleva una buena cantidad de momentos estelares.

En el aspecto técnico (no hablo de la fotografía, ambientación, edición… todo impecable) no es sólo que HaCF capte la esencia de una época de la industria informática y trace un drama bastante sólido con ello, sino que además los aspectos informáticos se incorporan con total naturalidad y muchísimo acierto en el argumento. No es que HaCF no contenga gazapos técnicos de esos que me levantan del sofá con indignación (yo no he cazado ninguno al vuelo- indudablemente tiene alguno pero ninguna “licencia artística para matar”) sino que grandes éxitos del mundillo son puntos claves de los episodios (una educativa historia sobre los backups, hacer ingeniería inversa de la BIOS de IBM con un osciloscopio, abrir un disco duro y recuperar datos con acertadas alusiones a la FAT, …), haciendo que salte de mi asiento para aplaudir.

Con todo esto, HaCF nos cuenta una historia de pioneros y de los riesgos y daños personales que conlleva. Una historia con personajes trabajados, con sus claros y sus oscuros… con un argumento emocionante que hace que al acabar un episodio quieras ver inmediatamente el siguiente (por no hablar de la larga espera hasta la recientemente anunciada segunda temporada- parece que ha triunfado más allá de los ordenadorfílicos). Y además, ya era hora que alguien hiciese una serie para nosotros.

Cuentos del Triángulo Verde

(un relato chorra para un concurso de relatos cortos humorísticos… que no tuvo muy buen resultado :))

1.

Nadie recordaba ya nada de la antigua civilización, pero Grub estaba bastante seguro de que el templo de suministros había sido uno de sus pilares. Entre polvo y escombros, el templo se alzaba majestuoso desafiando al sol y a las tormentas de arena.

Su tribu anhelaba los extraños artefactos que atesoraba, pero muchos de sus guerreros habían sido diezmados intentando asaltarlo o interceptando los convoys fuertemente armados que lo abastecían periódicamente.

Recordaba el salvoconducto que había encontrado su abuelo cuando Grub era apenas un cachorro. El esqueleto se aferraba a su posesión más valiosa, pero apenas un tirón bastó para arrancarle el pequeño rectángulo plastificado. Casi no pudo contener la emoción cuando su abuelo se lo enseñó al guardia y éste les invitó a entrar.

No sabían qué magia iluminaba el lugar, ni qué extraña fuerza impulsaba las vías a las plantas superiores, ni de dónde salía ese frescor que al principio te hacía olvidar el infierno exterior, pero que luego te helaba hasta los huesos.

Pasaron varias horas recogiendo tesoros, que los propios guardias les colocaban en alforjas de plástico simplemente presentando el salvoconducto.

El día acabó cuando un guardia se quedó con el salvoconducto a cambio del último artefacto y les escoltó hacia la puerta, pero fue una jornada gloriosa de la cual seguían hablando cada noche al caer el sol, aunque ni siquiera eran capaces de comprender su botín.

Esos borrosos recuerdos emergían en la mente de Grub mientras se dirigía al templo. Como explorador, le correspondía introducirse e interpretar los auspicios regularmente. Esto era más complicado de lo que parecía e infinitamente más peligroso. Habían descubierto que la actitud exacta, con un preciso equilibrio de interés y desinterés, podía mantener a los guardias a raya. Si no mirabas lo suficiente, te conducían a empujones hasta la entrada. Pero si demostrabas mucho interés por un artefacto, tu destino era mucho peor. El guardia se acercaba y entablaba conversación. Nadie conocía el lenguaje ni las encantaciones apropiadas, sólo arrodillarse y ofrecerles un salvoconducto los apaciguaba. Nunca descubrieron qué hacían con los cadáveres.

Grub deambulaba entre las estanterías. De vez en cuando añadía su toque personal, cogía algo y hacía ver que interpretaba sus escrituras, mientras controlaba al guardia por el rabillo del ojo. Esto parecía satisfacerles.

Las miradas de los guardias eran cada vez más insistentes y cuando Grub estaba a punto de dar por concluida su incursión, lo vio. Cayó de rodillas donde se encontraba. Su padre le había enseñado a interpretar los cuatro auspicios, igual que su padre antes que él, y aquel era el peor de todos.

El árbol de frutos redondos y brillantes, el hombre de rojo y los abrigos de animales.

En dos o tres lunas nuevas, llegaría el frío y la desolación. Su abuelo le había explicado cómo el anterior invierno prácticamente acabó con ellos. Grub escuchó una voz, pero no supo interpretarla. Sus sollozos acabaron de ahogar la locución mística y la tétrica melodía.

«Ya es Navidad en El Corte Inglés.»

2.

—No lo queremos.

—¿Cómo?

—Que no lo queremos.

El robot se encogió de hombros. No era algo habitual, pero esto había excedido su programación.

—Tendrán que hablar con mi supervisor.

Eva y Lucas se acomodaron en sus asientos.

—De acuerdo.

El robot se levantó, dio la vuelta, se dirigió al hombre del despacho y le explicó todo. Antes de salir a hablar con ellos, el supervisor convirtió su cara de sorpresa en su mejor sonrisa.

—Buenos días. RA21 me ha comentado su caso y creo que no le he entendido del todo bien.

—Que queremos devolverlo.

—Ya —enterró la vista en los papeles que había en la mesa—. Pero veo que no tiene ningún problema, ningún defecto de fábrica.

—Eso es técnicamente cierto, desde luego —dijo ella.

—Pero queremos devolverlo —dijo él.

—No lo comprendo.

—No forma parte de su… ¿política?

—Sé lo que quieren decir, pero esto es del todo irregular. Cubrimos los defectos de fabricación, pero…

—Pero es que no nos gusta. Es un… pesado.

—Y un cabroncete.

—¿Cómo? —A pesar de su amplia experiencia, no pudo evitar la sorpresa. Se recompuso rápido.

—Mire, al principio éramos comprensivos. No nos dejaba dormir, pero… pensábamos que era normal. Pero iba pasando el tiempo y no mejoraba.

—Lo que mi mujer quiere decir… pues sí, crecía con normalidad, dentro de lo esperado. Pero…

—Es un gamberro. Y no para de tocarnos las narices.

El supervisor, bajo una mueca de atención absoluta, no daba crédito. En un mundo saturado de contaminación, la tecnología que los chicos del supermercado habían inventado no sólo producía unos filetes excelentes, sino que resultó ser la mejor manera de tener hijos sanos y perfectos, completamente libres de la plaga de las mutaciones. Buscando atender todas las necesidades de sus clientes, abrieron el departamento de reproducción asistida hacía apenas seis años.

—Pero todo esto son criterios subjetivos. El niño no presenta ninguna mutación. Su ADN es —Alzó los papeles y les enseñó los marcadores— completamente armonioso. El fenotipo… admitirán que el parecido es notable.

—Sí, pero el crío es un maldito caprichoso e insoportable.

—Debe disculparla, ayer volvieron a expulsarle del centro educativo. Es que no hay manera.

—Mire, nos da igual el dinero. Sólo queremos que… que se lo queden. Ustedes siempre insisten en eso, ¿no?

El supervisor suspiró sonoramente. «La política que ha sobrevivido una guerra nuclear», pensó. Entonó la letanía con resignación.

«Si no quedan satisfechos, les devolvemos su dinero.»

3.

Se sentó delante del ordenador. Era un tipo bajito, algo barrigón y bastante calvo. Sudaba.

Abrió el navegador e introdujo la dirección.

«Instalando el plugin Mindterest 3.5 para una perfecta experiencia de compra», decía la pantalla, mientras el hipnótico círculo giraba en su danza infinita.

Golpeteó nerviosamente el ratón.

La página cargó, con el habitual listado de categorías. Vio la muchacha tridimensional en la parte derecha de la pantalla. «Haga clic aquí si desea saber más sobre su nueva experiencia de compra.» Era bastante atractiva, pensó, y le echaba una mirada inquisitiva. Sonrió levemente.

«Me temo que no ofrecemos ese tipo de servicios.» Había desaprobación en ese cuadro de texto.

Enrojeció levemente. Clic, clic, cancelar.

«En nuestra sección de psicología encontrará títulos como ‘Superar el ridículo’ y ‘Conteniendo sus deseos’, haga clic en los títulos para más información.»

Una gota de sudor recorrió su frente. Clic, clic, cancelar.

Se echó una ojeada rápida, avergonzado.

«El departamento de alimentación tiene una amplia selección de comida dietética preparada por nuestros especialistas en nutrición.”

CLIC, CLIC…

«… programas de ejercicios…», los popups emergían más rápido de lo que podía cerrarlos.

¡CANCELAR!

Joder con el plugin, era peor que el Flash de los antepasados. Su vida era una mierda, pero no necesitaba que un avatar impoluto se lo recordase.

«Quizás podrían interesarle nuestros nuevos servicios de psicología, haga clic aquí para obtener detalles.»

Alzó una ceja. En aquel momento tampoco le pareció tan mala idea. Quizás le haría bien.

Clic, clic.

La página cargó lentamente. Sin pensarlo, se desplazó hasta la parte inferior para ver los precios. «Puf, prohibitivos», pensó, y vio su desilusión reflejada en la pantalla.

«En el supermercado encontrará una promoción 3×2 en cuchillas de afeitar. Bueno, en realidad sólo necesitará una…»

Reparó con resignación en el eslogan en el pie de la página y se quedó mirando al infinito.

«Especialistas en ti.»

 

Interestelar, iintereeestelaaar, cabróoooon

Con ganas de emular a Kubrick, el batmanesco Nolan se empolla todo lo que puede de la relatividad esa y pone al trudetectivesco McConaughey como ingeniero espacial.

Probablemente sea de las primeras películas en montar medio argumento en torno a la dilatación del tiempo; un experimento interesante pues si ya es costumbre habitual jugar con la cuarta dimensión en el cine (cinco minutos nunca son cinco minutos), con esto se puede buscar nuevos dramas a explorar.

La peli gira entorno de la búsqueda por parte de una NASA en la sombra de un planeta al que la humanidad pueda escapar de una Tierra moribunda. McConaughey encarna al héroe perfecto pero imperfecto que deja mucho atrás para lanzarse en una aventura suicida. La Hathaway y Michael Caine encarnan a hija y padre que le apoyarán- y por supuesto ese reparto sorpresa que a mi me dejó bastante frío.

Empezaré por lo bueno. Visualmente Interstellar es una auténtica maravilla. Desde los fantásticos fenómenos cósmicos, pasando por las trepidantes descargas de acción y acabando con en fascinante diseño de los robots, es una gozada verla. Estos últimos son dignos herederos de HAL (el guiño de la escotilla, lo mejor de la película) y también del kevinespeisiesco ordenador de Moon- no tremendamente originales (en cuanto a personaje- su formato es un hallazgo), pero protagonizan algunos de los mejores momentos de la película.

Pero. Pero la peli no sobrevive a su complejidad. Tanta relatividad y tanta leche redundan en eternos diálogos de exposición. Será manía mía pero no puedo evitar pensar en ellos como un fracaso cinematográfico: si no lo puedes explicar en imágenes es que no sabes. En los silencios del 2001 que tanto se quiere emular, yo veo maestría; en los inacabables parloteos interestelares, yo veo torpeza. La verdad es que yo no sabría narrar esto sin tanta palabra… pero eso quizá quiera decir que Interstellar deba ser un libro (que podría haber firmado Clarke perfectamente) que nunca pueda ser adaptado al cine. Lo otro, y seguramente relacionado con lo anterior, es el abuso de deus ex machinas, de cosas cogidas por los pelos, de apariciones súbitas y inexplicables y, sobre todo, de intentos lamentables de tapar todo esto (me viene a la cabeza un monólogo de la Hathaway que a ratos me pareció que estaba avergonzada de pronunciar). Por cada momento bueno hay otro que te lo puede estropear.

Pero. Pero a pesar de ello vale la pena ver Interstellar. Merece ser recompensada por arriesgar e intentar explorar galaxias desconocidas. Igual los que caminen este camino cuando otros muchos lo hayan caminado serán infinitamente mejores- pero le deberán mucho a este pionero, que nos habrá familiarizado con nuevos recursos argumentales para que la próxima vez no nos los tengan que deletrear. Y a pesar de todo, la peli sigue siendo espectacular, cuenta con buenas escenas y transmite emoción (esto último con éxito desigual).

Mi lenguaje de programación favorito

A todos nos gusta meternos en disquisiciones filosóficas inútiles, generalmente de la forma de “escoger el mejor X”. Para esta aburrida mañana de sábado, voy a hablar de mi lenguaje de programación preferido- un tema nada original.

Para empezar, ¿cuál es el criterio subjetivo para definir “favorito”?

Pues voy a escoger “productividad en su ámbito”; es decir, lo rápido que me permite resolver problemas en un área específica. Por supuesto este criterio está influenciado por los ámbitos en los que uno trabaja y requiere esta productividad.

Dentro de estos criterios, cada vez me es más difícil no responder “el bash”. Con el paso del tiempo he descubierto que para una amplia gama de situaciones, la mejor respuesta es indudablemente abrir un terminal y vomitar una sarta de bash y, muy frecuentemente, observar como funciona a la primera.

Podéis quejaros de que es un argumento un poco tramposo. Cuando uno habla de bash, nunca habla del bash en aislamiento- lo que hace realmente útil al bash es la infinidad de comandos que puede combinar- ya sea herramientas estándar como cut, grep, find, etc. como otras más evolucionadas como el curl u otras más esotéricas como el genial xmlstarlet- o incluso herramientas que son lenguajes de programación a escondidas, como el sed o el awk.

Pero argumentaré que el resto de lenguajes también son inútiles sin sus librerias- es sólo que el bash tiene una librería estándar descomunal que resulta ser cualquier cosa que se pueda ejecutar desde una línea de comandos.

El bash también cuenta con el concepto del pipe- presente en todos los shells pero sorprendemente ausente de la mayoría de los demás lenguajes de programación. El pipe es el pegamento perfecto para combinar cosas en el bash- la mayor parte de bashismos son cosas del tipo:

cat fichero | grep foo | cut -d , -f 3,5 | sed "s/^/foo:/" >resultado

; con esta sencilla primitiva combinamos sin fisuras cuatro comandos distintos- e infinitos más.

El conjunto del bash y el conjunto de herramientas estándar es tan armonioso que la mayor parte de manipulaciones de ficheros de texto, operaciones entre ficheros, etc. pueden resolverse con unos cuantos pipes y unos cuantos grep. Bash también nos permite definir funciones bastante ágilmente, cuenta con estructuras de flujo de control bastante majas, nos permite un primitivo control de errores y lo mejor de todo, permite reciclar nuestro código en scripts fácilmente reutilizables.

Si tuviese que escoger otro lenguaje favorito, por motivos similares escogería el SQL. SQL pelado, sí. Si puedes meter tu información en una base de datos relacional (y a menudo ya vive allí, porque las bases de datos son los mejores hogares para los datos), el SQL te permite con la misma brevedad que bash aplicar cualquier transformación a esos datos, extraer los que te interesan y sumarizarlos a gusto. En mi carrera profesional, pocas cosas se me han valorado más que la habilidad de extraer datos en minutos de una base de datos.

Lo más sorprendente de SQL es que, a diferencia del bash, es un lenguaje profundamente declarativo: raramente le decimos a SQL cómo tiene que hacer las cosas, sino que le decimos lo que queremos y él se preocupa de ejecutarlo de una manera eficiente (siendo capaz de realizar operaciones complejas sobre enormes conjuntos de datos en un periquete).

Detras del bash y SQL vendrían otros; Python por ser un lenguaje de propósito general claro y productivo (que además cuenta con Django- el framework para CRUD más productivo que he encontrado nunca)- Java por similares motivos, pero contando además con un rendimiento espectacular y características y herramientas esenciales para construir programas de gran tamaño, o Haskell, cuya elegancia matemática y su sorprendente modelo siempre me deja boquiabierto.

Pero antes de todos estos lenguajes populares siempre están esos dos- que muchos ni tendrían en cuenta como lenguajes de programación (pues son de ámbitos reducidos), pero que ejecutan funciones (específicas, eso sí- pero muy comunes) a la perfección.

Monos y más monos

Hace relativamente poco me pegué una sesión semidoble de El Origen del Planeta de los Simios (2011) y El Amanecer del Planeta de los Simios (2014) que, como mínimo, deberían servirnos para quitarnos el mal sabor de boca de la infumable entrega de 2001 de Tim Burton.

Se trata, como no, de un nuevo reboot que ignora todo lo que vino antes y que ofrece una reimaginación de la idea de los simios alzándose sobre los monos sin pelo- que hay que admitir que es una premisa ultraatractiva que a todos nos apetecería desarrollar. Hemos visto las dos primeras entregas de esta supuesta trilogía, que reseñaremos juntas por economizar.

En El Origen, se nos da el origen la historia, la investigación de un científico (acertado James Franco) para curar el Alzheimer que ataca a su padre (el prolífico John Lithgow) que desencadena los acontecimientos- el salto de inteligencia para los simios y una plaga que 10 años más tarde ha diezmado la población humana en el arranque de El Amanecer. En esta, un reducto de supervivientes humanos liderado por Gary Oldman lanza una expedición para intentar recuperar una central hidroeléctrica en territorio simio.

Como es de esperar, la serie hace una transición de thriller científico con toque simiesco a peli de acción/aventuras centrada en los primates, con bastante gracia. La primera entrega se sostiene inicialmente en el trabajo de Franco y Lithgow y la posterior introducción del simio interpretado por Andy Serkis, todo un experto en dar vida a personajes 3D. Los tres forman una dinámica perfectamente equilibrada con grandes dosis de emotividad. El conflicto que dirige el argumento es por otra parte algo forzado y a menudo inverosímil- los humanos malos son caricaturescamente malos y estúpidos, resultando unos villanos un tanto flojos, quedando relegados por el debate interno de César, el mono inteligente protagonista y en menor medida por el atormentado Koba, que pese a no contar con mucho metraje, se apodera de gran parte de la película.

La primera  parte acaba con el inquietante avance exponencial de la plaga, lo que nos lleva a la segunda película. La parte primate de la primera entrega se conserva y amplia; César y los suyos han establecido una población que lleva un par de años al inicio de la peli sin ver un humano y que comienzan a pensar que se han extinguido. El reparto humano es completamente nuevo, centrado en los supervivientes de un San Francisco apocalíptico que intentan poner en marcha una central hidroeléctrica, obviamente llevando a otro conflicto. Aquí la parte simia ya es clara protagonista central y la parte humana queda relegada- no sé si deliberadamente o accidentalmente, ya que el reparto humano es bastante flojo. Mientras que los simios gozan de un amplio abanico de registros, los humanos o son buenos muy buenos, o malos muy malos, o irrelevantes. El protagonista es un buenazo blandengue, acompañado de una mujer e hijo no menos pánfilos que tienen que comportarse como tontainas para que el argumento siga su curso- que los humanos muy malos se piquen con los simios y se líe parda.

César es, a la espera de la tercera parte, el protagonista principal, y Andy Serkis nos ofrece un personaje matizado y con unos conflictos irresolubles y muy verosímiles. Koba y el científico de James Franco le dan muy buena réplica, así como el variado reparto de primates. El argumento aprovecha bastante bien la jugosa premisa, aunque los conflictos y sus desarrollos se ven bastante forzados en ocasiones, y nos encontraremos en innumerables ocasiones preguntándonos ysíes y yporqués… que se juntan con el lastre de ser un reboot que resulta bastante pesado a veces.

A pesar de todo ello, y de las ganas que tengo de condenar a este Hollywood que abusa del reciclaje, debo decir que me tragaré la tercera cuando salga y que vale la pena verse las dos primeras.

Los centinelas siderales

Los Guardianes de la Galaxia es una nueva entrega del grandilocuente “Marvel Cinematic Universe”, es decir, la serie de pelis producidas por Marvel Studios, hasta el momento formada de Los Vengadores y pelis sobre sus miembros. Recordemos que los derechos a producir películas de superhéroes Marvel están pelín dispersos- la Fox tiene a la Patrulla X, los 4F y Daredevil, Columbia tiene a Spidey y hay alguna migaja más repartida por ahí.

Guardianes se basa en un grupo (relativamente desconocido para el Marvel Zombie que escribe esto), con ambientación futurista espacial ciertamente particular- sí, uno de los miembros del grupo es un mapache de destrucción masiva y el prota y líder venera los ochenta. Vamos, que le han subido el volumen al humor de Iron Man todo lo que han podido. El responsable de todo esto es un tal James Gunn, del que no hay que decir mucho más que es un ex-Troma (guionista de Tromeo y Julieta, por poner un ejemplo), aunque su entrada en la Wikipedia es la mar de entretenida como portal a un mundo de cosas extrañas.

Al ochentero y al mapache hay que sumarles a un ser arbóreo de limitado vocabulario, a un forzudo galáctico que se lo toma todo literalmente y a una sosa repartidora de patadas voladoras. Estos se verán unidos por inconexos eventos contra el curiosamente denominado “Ronan el Acusador” en una trama de dimensiones galácticas, artefactos destruyemundos, chascarrillos a docenas y una banda sonora de grandes éxitos de los setenta y ochenta.

¿Funciona esta curiosa mezcla?

Pues a ratos. La acción es impecable y trepidante, con unos efectos visuales deslumbrantes (que resulte verosímil un mapache parlante vaciando cargador tras cargador es algo que realmente no se ve con frecuencia) y un ritmo bastante acertado- sólo por eso creo que ya vale la pena irse al cine a verla. Por otra parte, la peli cojea a ratos. El argumento es flojillo, y a parte del mapache, el ochentero, el arbolillo y el forzudo literal, el resto de personajes deja bastante que desear- vale que muchas pelis no tienen 4 personajes buenos como tiene esta, pero se echa de menos algo de carisma en los villanos y resto de secundarios.

El humor de la película igual me pilló un poco descolocado. Cuando su improbable composición funciona, funciona muy bien. Las referencias a la cultura pop son un éxito casi seguro, sí, pero la cantidad de apuestas arriesgadas de la cinta es digna de admiración; el uso de la música, el humor físico (los fans de la somanta de palos de Hulk a Loki en Los Vengadores tendrán que contener las lágrimas de la risa en una escena bastante similar), los desajustes mentales de los protagonistas y un sinfín de recursos humorísticos provocan numerosas carcajadas. Eso sí, más de un gag me pareció algo forzado y disonante. En particular, Chris Pratt que interpreta al prota y que es de los pocos que no está enterrado en maquillaje o es directamente un efecto especial, tiene una interpretación bastante irregular en cuanto a su faceta cómica- a veces clava con naturalidad su personaje, pero en bastantes ocasiones le sale algo forzado, aunque quizás sea todo fruto de alguna situación extremadamente ambiciosa o que uno tenía las expectativas por las nubes.

En fin, que sí, que hay que verla. Creo que los que dicen que es La Guerra de las Galaxias de esta era se pasan un poco, pero es ciertamente un plato bastante único dentro del género de los superhéroes y aunque uno le vea demasiados defectos como para considerarla el segundo advenimiento, creo que lo original de su propuesta y el puro deleite que ofrece a ratos bastan para perdonarle cualquier cosa.

Pseudorebujitado: Frozen

La compañía famosa por leyendas urbanas criogénicas saca Frozen, un cuento infantil sobre princesitas Disney gay-friendly que lanzan chuzos de hielo por la mente que se torna megapelotazo. El mal sabor de boca de Brave no me auguraba mucho, pero…

El argumento de Frozen es un poco irregular. Por una parte, es original; los temas subyacentes sorprenden dentro de lo que es Disney línea dura (Pixar es Disney pero no es Disney, no sé si me entienden) y no sorprende que se le hayan dado las lecturas que se le han dado- si es lo que pretendían sus creadores no sé si lo podremos saber. Es refrescante que no sea la enésima repetición de lo de siempre y se agradece. Por otra parte, el argumento es a menudo incoherente y sirve de mero vehículo para la película; va cogido por los pelos para llevarnos a situaciones y escenas concretas y el recorrido hasta ellas flojea un poco.

Sin embargo, y a diferencia de Brave donde los puntos álgidos del itinerario no eran tan álgidos y los transbordos eran soberanos bodrios, aquí las atracciones turísticas son fabulosas y los intermedios, completamente soportables.

La aurora boreal de Frozen es Let It Go, un temazo desatado que lógicamente arrasó al Happy de Mi Villano Favorito II y la cancionucha de Her en los Óscar. Es una de esas canciones que la Disney hace para llevarse a casa la estatuilla y en este caso, se salen. No sólo la canción en sí y la interpretación (la tal Idina Menzel colecciona premios de musicales, y se nota), sino que el numerito palacio de hielo es una exhibición del mejor 3D que el dinero puede comprar.

La animación es impecable como debe ser. Los programadores encargados de dibujar hielo y modelar nieve deben haber costado dinero, pero están más que amortizados. La estética nórdica y toda esa cantidad de hielo y nieve funcionan de maravilla- el hielo captura la luz virtual y le da a la película el toque sobrenatural que necesita.

Los personajes no acaban de cuajar. Los protagonistas son algo sosos y los villanos no dan mucho miedo, pero bueno, supongo que la película no va de eso. Los dos secundarios que destacan son el muñeco de nieve que quería ir a la playa y Oaken, el comerciante (encarnado por un animador de la peli), que están metidos un poco con calzador, pero que dan las secuencias más graciosas de la cinta.

En fin; si bien no es una cinta completamente redonda, Frozen vale el precio de la entrada sólo por poder desafinar a gritos Let It Gooo al acabar. Recomendable.