HDMI-CEC, algunas cosas que se enchufan a la tele y complementos

He estado remozando mi montaje de cosas conectadas a la tele y quería aprovechar para recoger unos cuantos pensamientos sobre el tema.

Uno, destacar ese gran desconocido que es el HDMI-CEC (que cada fabricante renombra, no sea que la gente se pueda entender lo práctico que es). Es un protocolo de señalización sobre el cable HDMI que permite cosas como que el mando a distancia conectado al televisor pueda controlar otros dispositivos conectados al televisor (como una Playstation o una Raspberry Pi) o que dispositivos conectados al televisor puedan encender el televisor cuando se activan (como un Chromecast que al recibir un vídeo de un móvil puede conectar el televisor y saltar a su canal). Sin demasiados problemas, permite reducir el uso de mandos a distancia y aumentar la comodidad de ciertos dispositivos.

Mi televisor ahora mismo tiene conectados:

  • Una PS3 (mentira, porque no tengo entradas suficientes, pero bueno), que desgraciadamente es el único dispositivo que tengo para reproducir Movistar+ en la TV (a ver si algún día se ponen y le añaden Chromecast, por dios). El mando de la PS3 permite encender la tele y, curiosamente, se puede controlar la PS3 con el mando de la tele sin muchos problemas (obviamente no para jugar pero sí para usar aplicaciones de streaming).
  • Un Steam Link con Steam Controller; el Steam Link es un curioso aparato, que por 30€ (muy rebajado, ojo a los costes de envío) permite jugar a los juegos del PC en la TV en streaming. Lo complemento con el Steam Controller (40€ muy rebajado), que es un curioso mando que dispone de 1 stick analógico (no 2) y los típicos botones “Playstation”, pero también dos touchpads y dos paletillas en la parte trasera del mando que permiten esquemas de control bastante curiosos, que permiten una personalización brutal que hace que hasta se pueda jugar a juegos de ratón/teclado con el mando bastante decentemente- aunque no tan bien como se controlan en el PC y cabe decir que para juegos pensados para mando es peor que un mando de consola tipo el de la PS3.

    Cabe decir que este hardware de Steam me ha dejado bastante boquiabierto, por su audacia y por lo bien pensado que está; son muy muy fáciles de hacer funcionar, de momento no les he encontrado ningún problema de usabilidad y hasta tienen un par de sorpresas ocultas (se puede añadir un mando de PS3 al Steam Link en un periquete y funciona casi perfectamente, y por supuesto, soporta HDMI-CEC).

  • Una Raspberry Pi 3 con LibreElec. Si bien es un desperdicio, ya que el propósito de la Raspberry Pi es trastear, hay que admitir que es un dispositivo de streaming para el televisor ideal; no sólo es muy barata sino que soporta HDMI-CEC, a diferencia de la mayoría de PCs (hay accesorios para añadir soporte a los PC, pero es un poco oscuro), con lo que no hace falta un mando adicional. Yo además le he enchufado un sintonizador de DVB-T, que con TVHeadEnd permite ver y grabar la tele (aunque de momento, no permite hacer timeshifting). LibreElec lo hace todo trivial de montar y aunque tengo algún problemilla (se me queda colgado/apagado con frecuencia y a menudo al intentar usarlo tengo que desconectarlo y volverlo a conectar), es perfecto para reproducir vídeos de un PC y además, su funcionalidad de TV es mucho mejor que la de mi televisor
  • Y un Chromecast, otro dispositivo baratillo que además fue el que me descubrió el mundo del HDMI-CEC. Para los que no lo conozcan, es un aparato la mar de ingenioso que sólo funciona controlado por un móvil o PC; nos permite traspasar un vídeo que estemos viendo en el móvil (como una peli de Netflix) al televisor de una manera casi transparente (la tele se enciende y cambia a la entrada del Chromecast y vemos el vídeo en un santiamén. Además, podemos pausar y demás desde cualquier móvil/PC conectado al Chromecast).

Todo esto aderezado con una regleta que encontré en Amazon con 8 tomas de corriente y 5 USB, que me permite alimentar el Chromecast y la Raspberry por USB sin un cargador adicional, a parte de cargar los mandos de la Play y demás de una manera muy práctica.

El único problema es que tengo cuatro dispositivos HDMI y mi televisor sólo tiene 3 entradas, con lo que ahora mismo el montaje me cojea un poco (tengo sin conectar la PS3 que es lo único que reproduce Movistar+), pero todo se andará.

La maravillosa mujer maravilla

Vaya por delante que uno es fan de Marvel y detesta DC. Quizá por desconocimiento, pero siempre me han interesado más los Spider-mans más terrenales que los alienígenas de poderes cósmicos como Superman (que sí, Marvel tiene sus Thors y sus 4F contra Galactus, pero eso nunca me ha interesado mucho). Así que cuando digo que Wonder Woman es la mejor película de DC desde los Batmans de Tim Burton de los 90 (que realmente son películas tan distintas que hace que las comparaciones sean casi imposibles), que conste que yo de DC sólo he visto:

  • Los Superman de los 80, que creo que son (junto con Los Goonies) las pelis que menos me gustan del gran Richard Donner
  • Los mencionados Batman de Tim Burton, que Kevin Smith explica en el 4:30 de este vídeo que todo el mundo debería ver– una teoría bastante razonable sobre cómo me puede gustar una peli de Batman si Batman me parece bastante odioso
  • Algunos Batmans de Nolan, que están bien, pero que ejemplifican bastante bien lo que no me gusta de DC
  • Superman Returns de 2006, que era rematadamente mala
  • Linterna verde, que me atrapó en un tren y casi me destruye

(no cuento V de Vendetta, Watchmen, que sí, técnicamente son de DC, pero no son de DC). Pero vaya, creo que está bastante aceptado que Suicide Squad y Batman contra Superman son escoria, así que…

En cualquier caso, Wonder Woman si no es lo mejor de superhéroes de DC, es de lo mejor.

Pese a que Di, la Wonder Woman del título, es la más molona de las molonas Amazonas, Gal Gadot y las partes buenas del guión le dan un carisma que está totalmente fuera del alcance del kriptonita y del murciélago; si bien su personaje tiene bastantes topicazos, tiene gracietas, momentos entrañables y heroicos y carga la peli sobre los hombros sin demasiado esfuerzo, apenas un par de derrapes- especialmente un diálogo que me recordó a lo peor de lo peor de Interestelar que hizo que me retorciese en un segundo. Afortunadamente, son deslices aislados.

Eso sí, Di está bastante sola, porque el resto del reparto es flojillo. James T. Kirk es de lo mejor, porque tiene un par de momentos buenos, pero ni su banda de inadaptados, ni el confuso elenco de villanos (una Elena Anaya desorientada, ni el casi siempre efectivo Danny Huston [hijo de John Huston, por cierto], ni el otro), ni casi nadie en la película le dan una buena réplica a la buena de Di… una lástima que hace que la peli sea simplemente buena y no totalmente maravillosa como debería ser.

El guión es irregular- es bueno e incluso muy bueno en los espacios cortos (el chiste del reloj es de los diálogos mejor buscados del cine reciente y no desmerecería en un Billy Wilder moderno), pero flaquea en lo más amplio- el argumento no es muy allá y el desenlace desmerece de los muy destacables introducción y nudo.

Eso sí, la estopa está muy bien repartida. Desde la secuencia inicial, titulada “Somos las Amazonas y las playas son para dar hostias, no para broncearse”, hasta “Vosotros tenéis metralletas pero yo tengo estilo y clase heroicos”, el machacamiento de alemanes es totalmente satisfactorio y gratificante; si bien la sombra de Zack Snyder nos trae un poco de abuso de la cámara lenta, la acción es nítida y épica como debe ser, acompañada de una destacable y llamativa banda sonora. Sólo al final cuando todo se pone en niveles mitológico se le empiezan a salir un poco las costuras al invento, pero hasta entonces las palomitas entran solas y a ratos dan ganas de aplaudir.

Así pues, sí, pese a sus defectos, si a uno de gustan las hostias bien dadas, hay que ir a ver Wonder Woman aplasta a los alemanes. Eso sí, me sigo quedando con Frozen como la mejor película protagonizada por una superheroína (y a la que no ponían a ningún hombre al lado para que los pobres varones no se sintiesen desorientados).

Al cine se va los viernes – Guardianes de la Galaxia Vol. 2

La versión corta: la segunda entrega de Guardianes de la Galaxia es lo que tiene que ser. Si os gustó la primera, vedla. Si no os gustó, no la veáis. Si no la visteis, os gustan los 80 y no le hacéis ascos a la idea de un mapache parlante manejando armamento de alto calibre y soltando gracietas, os veis la primera y volvéis aquí.

La larga:

Las secuelas son siempre complicadas- especialmente si la primera parte tuvo un éxito inesperado y uno no está seguro de repetir suerte. James Gunn (guionista de Tromeo y Julieta, con eso está dicho casi todo) lo afronta con una estrategia clara: disparar contra todo lo que se mueva. Durante las dos horas y cuarto que dura, se practica una acumulación de gags, referencias, acción a raudales, momentos sentimentales y excentricidades que si bien acaban agotando un poco (me costó aguantar hasta la quinta- sí, quinta- escena post-créditos), se aseguran que todo el mundo encuentre algo de su gusto para salir satisfecho.

Muchos gags no acaban de cuajar, se abusan de algunos recursos, los momentos “sentimentales” a mi no me acabaron de funcionar y hay bastantes oportunidades desaprovechadas; Kurt Russell especialmente, que padece como nadie algunas flojeras del guión (y curiosamente, prácticamente no tiene oportunidad de soltar chascarrillos)… parece como si se asumiese que su presencia basta por sí sola y que no era necesario que hiciese nada más que estar ahí.

Sin embargo, me parece difícil que nadie (a excepción de esos que nunca disfrutan de películas de este tipo) salga del cine sin ganas de hablar de ese momento en el que casi se le saltan las lágrimas de la risa, que no quiera un pequeño Groot como amigo arbóreo o que no haya disfrutado una referencia ochentera.

Así pues, id con las pilas puestas, que puede hacerse un poco larga, pero id.

A regañadientes, desde el cine sin ley a la ciudad de los ángeles

¿Cuál es el propósito de una crítica de cine?

Aunque a veces parezca que sea demostrar que tienes un buen diccionario de sinónimos y que has visto pelis que no le importan a nadie, supongo que es hacer saber a alguien si le valdrá la pena ir a ver algo.

En ese caso, sí, id a ver La La Land. Siendo un musical, supongo que sólo estarán leyendo aquellos que acepten los musicales o que no sepan que lo es. Fuera de eso es difícil precisar más, la peli tiene tantas cosas buenas y bastantes cosas malas como para que salgáis del cine haciendo claqué o echando espumarajos por la boca.

Visualmente, La La Land es un trabajo impecable. Desde el larguísimo plano secuencia inicial al imaginativo acto final, hay poquísimos momentos que no asombren y sólo un par de cosillas que chirrían un poco (por mucho que avancen los efectos especiales, aún quedan cosas sencillas que no se pueden hacer). Sentarse y absorber todo ese derroche ya vale el precio de la entrada y las dos horas que dura.

Musicalmente, a mi no me convenció tanto. Vaya por delante que mi mente tararea en bucle el repertorio de Hair pero que la mayoría de canciones de musical me suelen parecer olvidables, y La La Land no es una excepción. La Stone y el Gosling dan un esfuerzo más que admirable, pero no son cantantes y en especial la garganta de éste último no está hecha para llevar la voz cantante. ‎Eso sí, en baile para mí sí que dan totalmente el nivel. En cualquier caso, creo que en una semana ya no recordaré las canciones.

Lo otro es el guión. Aunque contiene un par de ideas buenas, no las aprovecha casi nada y cuando lo hace es un poco atropelladamente. No consigue meter al espectador en la vida de los personajes y no se sabe muy bien por qué; hay elementos de tensión y drama, pero nunca parece que vaya a pasar nada.

Aún así, sí que la peli goza de unos cuantos aciertos- la escena de la fiesta es una auténtica gozada que me dejó una sonrisa difícil de borrar. Hay destellos por toda la película que dejan ver que de alguna manera podía haber sido mucho más- creo que también porque a veces intenta abarcar demasiado, explicar todos sus amores y homenajear todo lo homenajeable, con aciertos y fallos por igual (aunque aprovechar que ruedas en la meca del cine como hacen en La La Land es algo que deberíamos ver mucho más a menudo).

Pero vedla. Puede que en un par de años no nos acordemos de ella, pero es uno de los acontecimientos de año y hay material para disfrutar un rato. Si Damien Chazelle es el segundo advenimiento o un niño mimado y sobrevalorado es una pregunta que tendrá que esperar un par de películas más; Whiplash tenía la carga de diez megatones que todo debut debe tener y La La Land tiene el ansia de aprovechar todo recurso disponible y se le pueden perdonar sus vicios derivados. Habrá que ver si cuando se estabiliza puede cuajar cintas totalmente redondas o seguirá con estallidos irregulares.

El más acá de Star Trek

Vaya por delante que uno es de Star Wars y que muchas cosas de Star Trek le cansan. Pero “la de las ballenas” (Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra, para que la busquéis los que aún no la habéis visto) me parece un clasicazo del cine y una de las mejores comedias de ciencia ficción que he visto.

Es decir, que sí, que a mi me va el kitsch de Star Trek y me aburren un poco cuando se ponen serios. Las dos anteriores de este reboot me parecieron bien, sin más- ni un insulto a todo lo que es sagrado, ni la octava maravilla, ni nada de nada. Un par de pelis de acción funcionales, con algún momentillo que recuperaba la química de los Kirk, Bones y Spock originales, pero que el gamberrismo de un Kirk supongo que intentando atraer a una nueva generación a mi no me decía nada.

Y Star Trek: Más Allá es un poco más de eso, PERO…

Pero por un momento el rápido y furioso Justin Lin consigue un fugaz destello de lo que a mi me gusta de Star Trek. Una inverosímil combinación ridícula de molonidad y estupidez que me tuvo sonriendo hasta el final de la película. Una auténtica gamberrada que nos habían telegrafiado en el trailer y que en su momento a mi me había hecho murmurar “vaya, sólo les falta poner a Vin Diesel de Spock”… pero que vista en pantalla grande con un cubo de palomitas se convierte en DIVERSIÓN con mayúsculas para los amantes de la música “clásica”.

Por lo demás, aunque hay otros momentos rápidos, furiosos y motorizados que sí me chirriaron o incluso derraparon (con una de las peores sobreimpresiones de esta era que recuerdo), la peli se deja ver. Una vez más Éomer, digo Karl Urban como Bones, es el que mejor capta el espíritu del inolvidable DeForest Kelley y suelta las mejores frases de la cinta. Pine como Kirk sigue pareciéndome cansino, Quinto como Spock me parece funcional y Simon Pegg sigue pareciendo algo perdido y sin acabar de encajar.

¿Hay que ver Star Trek: Más Allá? Pues yo creo que hay cosas mucho peores que hacer, y vale la pena el experimento para ver si la ESCENA os arranca la misma sonrisa imborrable que a mi.

El retorno (demorado) del Thinkpad

Allí por 2005, enamorado por los portátiles negros que pululaban por la oficina fuera de mi alcance, me compré un hermoso Thinkpad T42 por unos significantes 1400€. Un hermoso aparato, de los últimos en ser fabricados por IBM, con una espectacular pantalla 4:3 de 1400×1050 y que le daba mil vueltas al portátil Dell que sustituyó (carísimo por tener una tarjeta gráfica, pero en todos los demás aspectos, bastante mediocre). En aquella época, las prestaciones de los ordenadores aún progresaban rápidamente, así que unos 5 años después decidí pasarme a una combinación de sobremesa y un netbook, que me ofrecía un sistema más potente para el trabajo serio y para usar de servidor 24×7 y un sistema ultraligero (1,1kg, la mitad de los 2,2kg del Thinkpad- y con 5 horas de batería que superaban la muy deteriorada batería de 5 años del T42) para el uso fuera de casa o en el sofá- por un precio muy económico.

Pero, unos 6 años después de eso, la progresiva obsolescencia del EEE y las prometedoras reseñas del Thinkpad 13 me llevaron a volver a dar una vuelta a mi parque informático.

Es glorioso volver a tener un portátil de verdad. Es glorioso volver a usar tener un Thinkpad.

El Thinkpad 13 es un portátil de gama media, sí- el mío cuesta 680€, por encima de los 200-400€ que cuestan los ultraportátiles que heredan la tradición de los netbooks (pero al parecer menos infrahumanos) y de los 300-500€ de los tochos de 15″, pero por debajo por ejemplo de los 1100€ del Macbook Air de 13″, espacio por donde deambulan la mayoría de portátiles que comienzan a valer la pena.

Sin embargo, el 13 es un Thinkpad con puntos de gama alta. Tiene opción de pantalla 1920×1080 en vez de los mediocres 1366×768 de los portátiles de gama baja. Pesa 1,4kg y tiene una batería generosa (11 horas según Lenovo, 9 horas según reseñas) que lo hacen realmente portátil y no portable. Y por supuesto, tiene el glorioso diseño Thinkpad, que incluye un delicioso teclado y el sobresaliente Trackpoint entre las teclas G, H y B.

Así pues, espoleado por el hype, puse mi pedido en lenovo.es. La primera en la frente fue el tiempo de entrega, que de las 1-2 semanas prometidas paso a casi dos meses, al parecer por escasez de paneles Full HD. En mi caso sólo fue maltrato psicológico y me supuso un descuento de 35€ (¡reclamadlo!), pero en el caso de que hubiese necesitado el portátil con cierta urgencia, me hubiese abocado a una cancelación.

Pero finalmente llego. Sobre el modelo base, con la pantalla Full HD, 8gb de RAM (en un módulo- se puede abrir y meter otro para subirlo a 16gb), SSD de 128gb (tengo almacenamiento en otros sistemas, pero para muchos pueden ser escasos) y un i3 (el base es un Celeron).

La primera impresión es… de contundencia. Es mucho más grueso que el típico ultrabook de 13″, pesa más y “abulta” más; parece mucho más tocho de lo que es si lo pones al lado de otro portátil, por tener un diseño muy cuadrado. Sin embargo, es cómodamente portátil y realmente no pesa tanto como para que moleste.

Además, su grosor le permite tener un teclado con un recorrido generoso que aunque quizá no sea el segundo advenimiento que prometen las reseñas, es ciertamente de lo más ergonómico que uno podría desear en un portátil. Teclear es rápido, preciso y sobre todo, placentero. La disposición del teclado es bastante digna, salvo algunos detalles:

  • La tecla Fn está en la esquina inferior izquierda del teclado y Ctrl a su derecha, al revés que en la mayoría de portátiles. Dado que tengo que usar a diario otro portátil con la disposición normal, tuve que intercambiarlas en la BIOS para no volverme loco, aunque quizás la disposición que trae sea más cómoda
  • Las teclas de avance/retroceso de página están encima de los cursores laterales y son muy fáciles de pulsar accidentalmente
  • La disposición de los Thinkpads clásicos con 7 filas de teclas en vez de 6 es claramente superior

Pero aún con eso, es mucho más agradable teclear en el Thinkpad que en el más que decente teclado de mi Toshiba Z30 laboral, los Air de 13″ o el terrorífico teclado de los nuevos Macbook.

Completando el teclado, tenemos el trackpoint, que para muchas funciones es más práctico que el touchpad, por el hecho de no tener que apartar las manos del teclado para usarlo y un touchpad bastante potable. Yo soy un fan de los trackpoint (aunque a menudo uso el touchpad para hacer scroll) y para mi es un punto muy a favor del portátil- creo que todo el mundo debería usar uno durante un tiempo prolongado para apreciarlos.

La nota negativa es el botón de encendido, que todas las reseñas apuntaban como terrible y que confirmo. No es fácil de pulsar y hay que acostumbrarse a un movimiento bastante específico para pulsarlo. Obviamente no es algo crítico, pero sí una pequeña mancha que desentona el elevado nivel general del aparato.

Luego viene la pantalla, culpable de la terrible demora en poder tener el juguete en mis manos por sus 1920×1080. Debo decir que desde que disfrutaba del 1400×1050 en 14″ de mi añorado T42 debo haber perdido agudeza visual, porque he tenido que ampliar tamaños de letra para trabajar con comodidad, perdiendo un poco la mayor densidad de información que permiten los 1920×1080 en 13″. Pero bueno, la ampliación no era muy costosa, así que aunque no la aproveche al máximo, la nitidez extra de la imagen ya vale bastante la pena.

En cuanto a puertos tiene 3 USB normales (uno a la izquierda, dos a la derecha) que al parecer son always-on (puedes cargar el móvil aunque el portátil esté apagado), un HDMI tamaño completo, auriculares (con micrófono), un USB-C y un conector propio de Lenovo para dock. Tengo curiosidad por las prestaciones del USB-C; no queda claro si puede usarse para sacar displays y carga simultánea, lo que daría pie a interesantes soluciones de docking de bajo coste y, en un futuro cercano, usar un único cargador para portátil y móvil, pero aún no lo he podido estudiar (e internet no es clara respecto a este punto). El dock propietario es una opción interesante, pero que de momento tampoco voy a explorar.

En uso el sistema es lo que uno esperaría- no tiene ningún problema destacable y cumple su función. Linux funciona sin demasiados problemas, aunque la pureza ideológica de Debian hace que instalar el firmware propietario de la tarjeta de red inalámbrica no sea inmediato (la operación es sencilla, pero hay que hacerla. Al parecer la mayoría de otras distribuciones incluyen el firmware de serie e incluso hay un instalador de Debian no completamente oficial que lo trae). La construcción del sistema no es tan lujosa como los Air o los Thinkpad de gama alta, pero da bastante sensación de solidez y robustez, aunque obviamente no lo he puesto a prueba- dice el fabricante que ha pasado certificación militar y pruebas de estrés, pero otra cosa es lo que pasa si se te cae al suelo…

En resumen, si queréis un portátil que esté un paso por encima de los portátiles baratos, pero no os queréis gastar la pasta que cuesta un Macbook Air o equivalente, el Thinkpad 13 es una opción espléndidamente equilibrada. Es muy portátil, potente y de calidad. Si además sois fans de los Thinkpad, por el trackpoint o el distintivo diseño, más puntos a favor.

¿Quién me convenció para que fuese a ver una peli del Capitán América?

Pues yo mismo, la verdad. Me comí eso de que todo el mundo proclama que es el segundo advenimiento con patatas.

Lo bueno es bueno; pese a ser una especie de Los Vengadores Light (sin Hulk, sin Thor y, sobre todo, sin S.H.I.E.L.D., me falta Fury, Coulson o incluso la agente Robin Sparkles- los agentes siempre animan cualquier cotarro), la acción supera por momentos a las entregas anteriores de los Vengadores- la escena del aeropuerto combina la buena variedad de poderes con mucha gracia, especialmente los de Ant-Man y Spider-Man que dan mucho juego. También sale Pantera Negra que, aunque no explota todo su potencial, resulta efectivo y aporta algo nuevo.

Pero.

Pero lo de Guerra Civil se queda un poco en partido de solteros contra casados- es cierto que el hecho de que le falta dramatismo porque el hecho de que el malo quiera arrancarle los ojos al bueno le da cierta tensión a la cosa, y si ni la mismísima Viuda Negra (que a priori es la que tiene más potencial de hacer cosas no precisamente heroicas) se ablanda a las primeras de cambio…pues esto le quita un poco de emoción al asunto. A parte de que uno ya se va acostumbrando a ver en el cine superpeleas y cada vez necesita algo más grande para saltar del asiento.

Sobre la aparición de Spider-Man soy un poco ambivalente. En una peli con tanto superhéroe es difícil sacar al Peter Parker del gran poder conlleva una gran responsabilidad con un poco de coherencia, con lo que la versión adolescente flipado es probablemente la aproximación más apropiada y cabe decir que consigue infundirle el humor y desparpajo del cómic que el resto de pelis del trepamuros no habían conseguido sacar. Eso sí, sigo pensando que los guionistas de Deadpool realmente serían capaces de clavar el Spider-Man cachondo que es tan peligroso por sus cabriolas como por sacar al malo de turnos de sus casillas con dos chascarrillos hábilmente colocados. Habrá que ver cómo salen las siguientes películas (la verdad, las dos primeras de Tobey Maguire me gustaron, pero no me mataron. La tercera me mató y no me he atrevido a ver las de Andrew Garfield).

En fin, que sí, que se puede ver Civil War. Pero id con las expectativas ajustadas.

El ránking queda:

  1. X2
  2. Iron Man
  3. Hellboy
  4. Watchmen
  5. Deadpool
  6. The Dark Knight
  7. The Avengers
  8. X-Men: Primera Generación
  9. Hulk (2003)
  10. Capitán America: Civil War
  11. Batman
  12. X-Men: Días del Futuro Pasado
  13. Spider-Man 2
  14. X-Men
  15. Batman Begins
  16. Spider-Man
  17. Batman Returns
  18. Avengers: Age of Ultron
  19. Iron Man 2
  20. X-Men Origins: Wolverine
  21. X-Men: The Last Stand
  22. The Punisher (1989)
  23. Thor
  24. Blade
  25. Elektra
  26. The Green Hornet
  27. Fantastic Four
  28. The Green Lantern
  29. Daredevil
  30. Superman Returns
  31. The Incredible Hulk
  32. Superman
  33. Spider-Man 3

Han aprendido a llevar los calzoncillos por dentro

Comentando por un colega, mi ránking de pelis de superhéroes necesita una actualización:

  1. X2
  2. Iron Man
  3. Hellboy
  4. Watchmen
  5. Deadpool
  6. The Dark Knight
  7. The Avengers
  8. X-Men: Primera Generación
  9. Hulk (2003)
  10. Batman
  11. X-Men: Días del Futuro Pasado
  12. Spider-Man 2
  13. X-Men
  14. Batman Begins
  15. Spider-Man
  16. Batman Returns
  17. Avengers: Age of Ultron
  18. Iron Man 2
  19. X-Men Origins: Wolverine
  20. X-Men: The Last Stand
  21. The Punisher (1989)
  22. Thor
  23. Blade
  24. Elektra
  25. The Green Hornet
  26. Fantastic Four
  27. The Green Lantern
  28. Daredevil
  29. Superman Returns
  30. The Incredible Hulk
  31. Superman
  32. Spider-Man 3

Si añadimos series de TV la cosa está parca, así que:

  1. Jessica Jones
  2. Daredevil
  3. Agents of S.H.I.E.L.D
  4. Heroes S01
  5. Heroes S02-S04
  6. Heroes Reborn

y me estoy temiendo que ahora que Hunter/Morse ya no están en S.H.I.E.L.D tendré que considerar S.H.I.E.L.D pre-Most Wanted y post-Most Wanted.

Por qué no uso productos Apple

En un mundo en el que el iPhone es el modelo de teléfono más vendido y parece que una inmensa cantidad de desarrolladores de software utiliza ordenadores Apple, a veces uno se siente necesitado de justificar por qué no usa ningún producto de esta compañía. Aquí va, para facilidad de referencia.

La censura no mola

Apple desea controlar lo que el usuario de sus dispositivos puede ver y no ver. El ejemplo más claro es la prohibición de pornografía en la App Store. Si bien es su tienda y pueden poner sus reglas, y puede parecer una política respetable, sigue siendo censura y control. Me parece perfecto que se etiqueten los contenidos que pueden ser malignos (obviamente no digo que la industria pornográfica sea un nido de virtud, más bien al contrario) e incluso los que puedan ofender la sensibilidad de unos pocos- y incluso creo que es levemente defendible que el responsable de un menor pueda intentar bloquear el acceso de ciertos materiales a éste [aunque personalmente no esté de acuerdo], pero estoy firmemente opuesto a que una empresa intente restringir lo que puedo hacer con su dispositivo.

Entiendo que los dispositivos iOS disponen de navegadores que hacen que estas restricciones sean más bien un brindis al sol, pero temo que Apple no haya extendido estas restricciones a la totalidad del dispositivo no por falta de ganas sino por la imposibilidad de hacerlo.

Si bien los inicios de la censura suelen ser por motivos loables, el uso de ella es incorrecto de por sí por más de acuerdo que podemos estar con la indeseabilidad del material bloqueado, ya que la voluntad de usar la censura se extiende fácilmente a otros materiales cuya indeseabilidad es mucho más relativa o incluso incorrecta. El hecho de que dispongamos alternativas que nos permitan sortear esta censura tampoco las justifica- la censura es malvada y la única manera de que avance es cortándola de raíz antes de que sea inevitable.

La libertad de desarrollo

Como desarrollador de software, creo que los dispositivos programables son uno de los grandes avances de la humanidad, quizá no a la altura del agua corriente o la higiene, pero sin duda con el potencial de hacer del mundo un lugar mejor. Recuerdo con cariño el Commodore 64 de mi infancia que arrancaba directamente a un interprete de BASIC y que permitía distribuir el software que uno mismo desarrollaba grabándolo en una cinta de cassette de coste mínimo.

Si bien los ordenadores Apple con OS X hasta vienen con herramientas de desarrollo incluidas, la punta de lanza de Apple son sus dispositivos más vendidos, los que usan iOS donde la situación de desarrollo es totalmente diferente. Para desplegar las aplicaciones que desarrollamos sobre hasta 100 iPhones, debemos ser desarrolladores registrados por Apple, lo que tiene un coste y requiere aprobación (dudo mucho que rechacen muchas solicitudes, pero aún así, pueden hacerlo). Si queremos que use nuestro software más de 100 personas, debemos pasar inevitablemente por la App Store y que Apple examine y apruebe nuestra aplicación.

Es decir, no podemos desarrollar software para iPhone y que sea usado por más de 100 personas si este software no es del agrado de Apple- según unos criterios que además son poco transparentes- para lo cual deben tener acceso completo a él.

Esta restricción de la libertad de desarrollo de software me parece completamente draconiana e inaceptable- y extremadamente dañina si se extendiese, por lo cuál una vez más creo que debe ser cortada de raíz.

Apple ya tiene suficiente dinero

Apple gana mucho dinero. Muchísimo. Tiene un margen comercial más amplio que sus competidores. A igualdad de condiciones, si la empresa A tiene un margen del 15% y la empresa B tiene un margen del 30%, voy a comprar el producto de la empresa A. Si bien la eficiencia en la producción de Apple muchas veces significa que los precios de Apple son competitivos (durante mucho tiempo, el Macbook Air de 13″ era imbatible en calidad/precio, y sigue dando mucha guerra), en muchas ocasiones los precios de Apple coloca a sus productos en el segmento de lujo que yo no puedo justificar.

Apariencia sobre utilidad

Con la famosa batería del iPhone, el cargador del Magic Mouse y el lapiz del iPad Pro, últimamente se hace mucho cachondeo sobre la supuesta caída en picado del diseño de Apple. La verdad, no creo que sea algo nuevo.

Hace mucho, mucho tiempo que me compré mi primer producto Apple, un Mighty Mouse  que en vez de ruedecilla tenía una bolita que permitía hacer scroll en dos dimensiones, una idea que me intrigaba sobremanera. Sin embargo, al cabo de muy poco tiempo descubrí que el mecanismo de la bolita acumulaba suciedad sin que hubiese un mecanismo razonable para limpiarla, con lo que el ratón murió prematuramente. Una idea cojonuda pero mal ejecutada.

Veo en los productos de Apple pantallas ultrabrillantes con insoportables reflejos, portátiles innecesariamente delgados (el peso de un portátil importa mucho, que sean finos no aporta nada) que tienen teclados sin profundidad (el teclado del nuevo Macbook es realmente terrible), insistencia en los touchpad cuando los ratones y trackpoints son superiores, teclados a los que les faltan teclas vitales (reemplazando la útil “suprimir” por una peligrosísima tecla de apagado), etc. etc. Apple sacrifica constantemente la utilidad por la apariencia, y yo uso los ordenadores, no los contemplo.

El camino de la verdad y la virtud

Apple tiene claro cómo quiere que el usuario interactúe con sus dispositivos. Más allá de su deseo de controlar los contenidos y software que se pueden experimentar, también tiene una idea clara de los patrones de uso. Si bien debo decir que seguramente su visión sea de las más claras y coherentes del mercado y que su persecución de la simplicidad es acertada en la mayoría de los casos, uno no puede evitar pensar que para usar adecuadamente un producto Apple uno debe convertirse a su verdadera religión y su manera de hacer las cosas.

Creo que diferentes personas prefieren interactuar con los ordenadoras de diferentes maneras, y que cada uno puede encontrar la manera de trabajar más eficiente para él. Puede que lo haga para fastidiar, pero uso un entorno de escritorio muy peculiar (un “tiling window manager”), utilizo un móvil con teclado físico, prefiero las líneas de comandos y adoro los trackpoints. Apple reduce su diversidad al máximo y si quisiese adoptar sus productos, tendría que renunciar a muchas de estas cosas, ya que Apple nunca se dedicará a ellas. Y si bien su visión es completa y poderosa, a mi no me convence.

Prefiero el software libre

Como programador creo que el software libre es una alternativa muy atractiva al software propietario. Los intereses comerciales raramente se alinean con los de los usuarios (podría parecer que sí, y a veces coinciden, pero no), mientras que si el usuario puede participar activamente en el desarrollo del software, esta alineación es más probable. Mis experiencias en este sentido han sido muy positivas- he conseguido influir en el desarrollo de software que utilizo para obtener arreglos y mejoras que me han beneficiado directamente, algo que creo es muy complicado con el software propietario.

Adicionalmente, también me he beneficiado de poder estudiar y analizar código publicado por terceros, y creo que es una poderosa herramienta de aprendizaje para los nuevos desarrolladores de software.

Así pues, en la medida que sea posible utilizo software libre. Si bien Apple coopera con el software libre en ocasiones, lo hace a regañadientes y primando su interés comercial por encima de todo- y por supuesto, la mayoría del software que desarrolla no es libre.

Mi opinión sobre unos cuantos lenguajes de programación

(sobre el TIOBE de Agosto 2015, básicamente).

Java: junto con PHP, uno de los lenguajes más denostados del mundo. A diferencia de PHP, probablemente una de las mejores opciones disponibles para hacer software grande y complejo y no morir en el intento. Hay una escasez de lenguajes de tipado estático populares en el mundo y si no nos queremos ir a Microsoft, Java cuenta con un ecosistema brutal, da un rendimiento sobresaliente y se aprende fácilmente. Pero no es chachi.

C: el lenguaje que todos adoramos hasta que lo tenemos que usar en serio. Afortunadamente es el siglo XXI y la mayoría de nosotros no tenemos que recurrir a él. Eso sí, le debemos todo y aunque ya no domina el mundo, sus descendientes han heredado el trono.

C++: uno de esos lenguajes que siempre quiero aprender pero con el que nunca me pongo. El C++ auténtico se desliza entre la elegancia y potencia y el jeroglífico más ofuscado. Lamentablemente, no hay tiempo en esta vida para aprender todo lo que se necesita para programar bien en C++.

C#: el Java mejorado de Microsoft. Pero aunque lo estén abriendo, para disfrutarlo plenamente aún cuesta dinero. Sí, sé que cuesta poco para lo que vale, pero habiendo opciones gratuitas, ¿por qué molestarse?

Python: de los débilmente tipados, mi favorito. Un diseño bastante sencillo y ortogonal, alguna rareza por ahí pero en principio la mejor herramienta en muchas situaciones. Y si uno desarrolla web, el admin de Django es lo más disruptivo que existe en el terreno.

Objective-C: hasta Apple ya se ha dado cuenta que debe morir.

PHP: el horror. Cada característica de PHP cuenta con un problema fundamental, pero la gente insiste. Pero existe WordPress, Magento y tantos CMSs que es inevitable caer en sus redes de cuando en cuando.

VB.NET: C# con sintaxis de BASIC. No, gracias.

JavaScript: el lenguaje más accidentalmente popular del mundo. En realidad no es tan malo (salvo los callbacks en callbacks de callbacks) pero tampoco es bueno, y mucho menos como para que se intente que conquiste el mundo.

Perl: aguanta ahí, así como sus fieles. Excelente para ofuscar, confundir y compactar- aún no le he encontrado otra virtud.

Ruby: el sucesor de Ruby. Tiene su propio estilo de ofuscación- la maleabilidad es como la etimología indica, mala.

Haskell: posiblemente, el lenguaje más académico que es medianamente conocido y que goza de un buen ecosistema. Sus virtudes son incontestables, pero las profundidades teóricas en las que hay que sumergirse para entender sus conceptos más básicos es aterradora. La evaluación “perezosa” permite a su vez expresar algoritmos de maneras inimaginablemente elegantes pero hace que razonar sobre el tiempo y espacio de ejecución de un algoritmo sea doloroso.

Bash: posiblemente el mejor lenguaje de propósito específico que existe. Lo que se puede conseguir con unos comandos y unos pipes en un par de líneas y el mejor REPL del mundo hace que sea la herramienta más rápida para un número no despreciable de problemas. Eso sí, el lenguaje que peor escala del mundo.

SQL: el único lenguaje con un movimiento anti oficial. El modelo relacional es de momento el mejor sistema modelado que existe, las bases de datos relacionales de las plataformas más evolucionadas y eficientes del mundo y sin embargo… nadie quiere escribir SQL, todo el mundo prefiere escribir 10 veces más código en lenguajes menos apropiados para lo que necesitan.