Teclado uno, ¿alguien cero?

Mañana se cumplirán dos semanas desde que llegó a mis manos la BlackBerry KEYone Black, que sustituye a mi querida BlackBerry Classic (pero condenada por WhatsApp a muerte el 31 de diciembre de 2017) y que es mi tercer cacharrito de esos entrañables canadienses (no cuento el PlayBook que casi no usé, pero sí la acojonante Bold 9780).

Intentaré ser breve.

El primer y más importante punto: los dos mayores problemas que tienen las KEYone ahora mismo son dos:

  • Son MUY caras. La Black cuesta 649€ + portes en la tienda oficial, la no Black 600€ (también está en Amazon). Si comparamos en función del Snapdragon 625 que llevan dentro, un Xiaomi Mi A1 cuesta 229€ (y lleva 4Gb de RAM como la versión Black de la KEYone) —salvo el glorioso teclado QWERTY— una comparativa es deprimente.
  • La versión Silver que cuesta 50€ menos tenía numerosos defectos de fabricación que a mí me acongojaron y me hicieron esperar a la Black. Se supone que los han resuelto, pero me quedo más tranquilo pagando un poco más (y con 1gb de RAM extra, además).

Lamentablemente, creo que estos dos puntos ahora mismo condenan a este teléfono —a no ser que sea uno un fanático creyente en los teclados físicos en móviles, son dos escollos muy difíciles de digerir— y muy difíciles de ignorar aunque te pueda atraer mucho más que móviles que son aún más caros.

Pero yo me lanzo en un intento desesperado de que esto venda lo suficiente para que venga un KEYtwo o un KEYthree, igual a un precio que no me duela pagar. Igual soy el único que cree que es importante poder teclear en un móvil sobre algo que no sea un cristal liso —y probablemente esto sea un suicidio económico— pero igual no y puedo prorrogar un poco más el sufrimiento de los autocorrectores y otros dolores.

Si me permitís seguir esta reseña imaginándome que sólo me he gastado 300€, diré que es un móvil cojonudo. Las otras críticas que se le podrían hacer es que una pantalla 3:2 de 4,5″ y 438ppi no es ideal para ver vídeos, pero yo digo que una tele o un tablet me cumple esa función en la mayoría de casos, y en el resto, dos barritas negras y ver las cosas un pelín más pequeñas es algo que dista bastante de caminar sobre brasas; y que los teclados virtuales son pasables, pero para mí no lo son (especialmente si hay varios idiomas de por medio, sesiones SSH y otros usos probablemente marginales). Lo otro es que aunque probablemente se actualice a Oreo, seguramente el ciclo de vida no será tan largo como en otros móviles (y ojo, no creo que se vaya a poder rootear ni que vaya a haber ROMs alternativas).

El resto para mí son todo virtudes. Los dos días de batería para mí no son tan importantes (y que creo que sólo se consiguen en condiciones no extremas: he pasado un día 5h en llamadas y otro 3h en un tren y no creo que hubiese aguantado dos días enteros), pero sí me dan cierta confianza en que, durante mucho tiempo, aunque la batería pierda capacidad, no me tendré que preocupar de quedarme sin pilas. La cámara es buena, pero no sobresaliente (lamentablemente, aunque comparte sensor con el Google Pixel, no tiene el mismo software). El rendimiento es más que aceptable (recordad que en este párrafo aún vivo en la fantasía de que esto cuesta 300€).

Por completitud diré que echo de menos cosas de BlackBerry 10 (aunque vosotros seguramente no, claro). La navegación por gestos era mucho más ágil. El truquito del teclado táctil que tiene la KEYone es chulo (aunque le falta algo para transcender), pero el touchpad de BlackBerry era algo sublime: daba un uso a una mano brutal y para ciertas operaciones era tremendamente ergonómico (no tener que hacer zoom en el navegador para darle a enlaces/botones pequeños es algo que recuerdo con nostalgia a menudo). Ojalá que se dé una extraña carambola y BlackBerry pueda recuperar algunas de las cosas en las que se adelantó a su tiempo o pueda ofrecernos alguna innovación nueva y única, pero me queda ese regustillo amargo de las oportunidades perdidas (y por supuesto, esto tiene sus ventajas—un móvil que no tiene ni WhatsApp no es viable ni para los ascetas—y joder, es una gozada volver a un ecosistema que no está en avanzado estado de descomposición).

En cualquier caso, si sufrís con los interfaces totalmente táctiles, añoráis épocas mejores y estáis dispuestos a pagarlo, sí, este es vuestro móvil. También lo es si queréis experimentar con algo diferente. Y si algún día BlackBerry resucita como marca de móviles y hay gran regocijo, dadme un par de palmaditas en la espalda.

Correcciones: @chechar

Los adorables perturbados que me leen la mente mientras duermo

Me disculparéis, pero mi última salivación en estos lares por Halt and Catch Fire pronto cumplirá 4 años, así que creo que tengo derecho a recrearme ahora que ha acabado y me ha dejado huérfano y desamparado.

Hay dos señores misteriosos en EEUU, de nombres Christopher Cantwell y Christopher C. Rogers, que ni siquiera tienen entrada en la Wikipedia, que disponen de un medio para entrar en mi cabeza mientras duermo y sacarme gustos y opiniones. Afortunadamente, aunque podrían usar eso para torturarme con sadismo, lo que han decidido es regalarme con la serie de televisión que ni siquiera sabía que deseaba.

Halt and Catch Fire son cuatro temporadas; el boom de los PC, las BBS, el nacimiento de la “Internet comercial” y la llegada de la web y los buscadores, en cuya cresta de la ola siempre se encuentran los cuatro (o cinco) protagonistas.

Durante los primeros episodios, la serie parecía girar alrededor de Joe MacMillan, ex-comercial de IBM, carismático, visionario y psicópata (mayormente funcional y socialmente aceptable) a partes iguales, un Lee Pace en estado de gracia dispuesto a comerse la pantalla y fabricar un portátil. Para ello, cuenta con Gordon Clark, un ingeniero de hardware todoterreno y Cameron Howe, una programadora punk inadaptada.

Pero la serie pronto cambia de rumbo levemente y adquiere mayor protagonismo Donna Clark, la esposa de Gordon pero sobre todo ingeniera, que, interpretada por una deslumbrante Kerry Bishé (la protagonista de la última temporada de Scrubs y también configurando el mismo matrimonio de actores en Argo) y sus extraordinariamente elásticas facciones, pronto toma una parte central del escenario y completa una serie de complejas relaciones sobre las que gira el argumento.

No sólo Donna y Gordon son un matrimonio con unas dinámicas que van de lo entrañable a lo preocupante, también está la maravillosa relación llena de extremos entre Cameron y Donna, que en la segunda temporada se establecen como una pareja de emprendedoras pioneras de la comunicación online, y la relación sentimental, siempre en el filo del precipicio entre Joe y Cameron. Por no hablar de la relación cuasipaternofilial entre Cameron y Bos (el comercial dicharachero tejano que está en el borde entre protagonista y secundario) o las dos hijas de Donna y Gordon, que colman todo el potencial genético de frikismo y drama que les corresponde. Trace usted una línea entre dos personajes de esta serie y hallará usted una relación fascinante y muy humana que le tendrá enganchado a la pantalla.

Estas relaciones atraviesan todo tipo de situaciones al hallarse siempre en la vanguardia del avance tecnológico que conduce a la revolución social online. Cada paso no es sino preparación para el siguiente paso, el ciclo inexorable que hace que lo que ayer era magia hoy sea mundano- “the thing that gets you to the thing”.

Luego está el desfile de Sparcstations, XTs caídos de camiones, mainframes variados, cúbicos NeXT y otros oscuros objetos de deseo informáticos, y especialmente una segunda temporada donde la exhibición constante y casi pornográfica de mi ordenador de la infancia, el Commodore 64 que conquistó el mundo. La serie no los deja de atrezzo precisamente, y los hace pieza central de algunas escenas que jamás soñé ver en pantalla, desde la ingeniería inversa de la BIOS de un IBM PC a base de osciloscopio, pasando por odas varias a las copias de seguridad y por supuesto, la metafórica sucesión de momentos de “Donna Arreglando Cosas”, una verdadera miniserie dentro de la serie que comienza con el Speak and Spell de TI y acaba con un desaparque de cabezal de disco duro cuyo chirrido aterrador te encoge el alma.

Para una criatura de mi época, este es un gancho absolutamente irresistible y profundamente adictivo que me ha llevado a convivir cuatro años con esta extraña familia disfuncional y digital que me han llevado por la montaña rusa de la historia y el sentimiento. Quizá esté cegado por ser quizá la primera serie sobre este pequeño mundo al que muchos llamamos nuestro hogar de silicio, pero creo que Halt and Catch Fire es una serie imprescindible para todos- y no sólo porque educa como pocas en algunos aspectos fundamentales de la época moderna, sino que además cuenta con unos personajes fascinantes que te ayudan a sumergirte en unos momentos claves que cambiaron el mundo.

Mis queridos Chrises, que sé que me leeréis la mollera cuando me acueste esta noche, hacedme otra serie, por favor.

Nena, enciende mi fuego: Kindle Fire HD 8 (7ª Generación)

Con motivo de fechas señaladas me he hecho con un Kindle Fire HD 8 (7ª Generación), que viene más o menos a reemplazar a un iPad pre-Air con la pantalla rota heredado y a complementar una BlackBerry Classic (que cuando salga la BlackBerry KEYone Black a la venta en España…).

Los que me conozcan puede que sepan que no soy muy fan de las tabletas y se preguntarán por qué tengo dos. Pues hay que pensar en la relación coste/utilidad. Mi opinión es que las tabletas aportan muy poca utilidad si uno tiene un móvil decente y, por ejemplo, los 400€ que cuesta el iPad más barato me parecen un desperdicio en general (aunque seguro que hay casos en los que tiene sentido). El problema viene porque las tabletas de bajo coste son un campo de minas, en los que el compromiso puede ser inevitable.

Marcas desconocidas, fabricación barata, software cutre, falta de soporte, etc. siempre hay algo que no nos cuadrará en una tableta barata y que tendremos que aceptar si queremos obtener su utilidad.

En este caso concreto, el Kindle Fire HD 8 podría contar con los siguientes puntos negros:

  • Es Amazon, que es anti-Google; no hay Play Store de serie, aunque se pueden hacer hacks no soportados. Esto es, no hay app de GMail, Youtube, etc. Como cliente de Google Play Music esto es especialmente sangrante.
  • Además, no todos los servicios Amazon están disponibles en España; notablemente Alexa
  • Hay que escoger entre pagar 15€ o ahorrártelos y ver anuncios en la pantalla de bloqueo
  • El hardware está bien, pero no es para tirar cohetes. Las dos cámaras podrían ser perfectamente de un móvil de inicio de siglo. Intuyo que podrían ser útiles para hacer videoconferencias si uno no es especialmente exigente, pero poco más

Pero en mi opinión, son todo puntos que podemos aceptar y que aún nos proporciona bastante utilidad por 110€. Para mi esta utilidad es:

  • Visionado de vídeo. Uso un móvil con una pantalla cuadrada de 3,5″ y probablemente me pase a un 4,5″ 3:2. Aunque para mi es suficiente para ver vídeos, una pantalla de 8″ 16:10 con una resolución de 1280×800 es una mejora apreciable. Adicionalmente, tiene cliente de Netflix oficial
  • Un procesador 4x veces más potente en el benchmark Kraken de Mozilla que el móvil que uso, que redunda en que para cosas como navegar por Internet, se engancha bastante menos que mi teléfono

Para mí, los 110€ están más que justificados en poder ver vídeos en la cama o en el tren cómodamente y como dispositivo de navegación de andar por casa.

Pero entremos en detalle.

Físicamente, es una tableta de 8″, que pesa menos que un iPad de 10″ (que para mí es ligeramente poco manejable) pero más que un iPad mini del mismo tamaño. Para mí es un peso más que manejable y que no se me hace incómodo en ningún momento. La pantalla no es destacable en ningún sentido- ni maravilla ni molesta, es perfectamente razonable pese a no ser de altísima resolución o brillo. Tiene un par de botones para volumen, un botón de encendido, un conector micro-USB y jack de auriculares, todo en el borde superior, lo cual no es ideal, pero tampoco supone una gran molestia.

El software es Android, pero sin servicios Google y con Amazon. El interfaz es correcto, aunque el ecosistema Amazon está muy presente; no sólo por los anuncios en la pantalla de bloqueo, sino porque en la pantalla inicial, con un gesto nos vamos a pantallas de libros, música y aplicaciones de Amazon. Obviamente también viene precargada con todas las aplicaciones de Amazon (las disponibles en España, claro).

Amazon destaca su navegador “Silk”, que aparentemente descarga parte del trabajo a la nube de Amazon- como el clásico Opera móvil que renderizaba las páginas externamente para funcionar mejor en dispositivos de poca potencia. Es difícil saber cuán importante es este aspecto- si ayuda muchísimo o si el procesador es simplemente suficientemente potente, pero la navegación con Silk es buena; es ágil con mi patrón de uso (que no es intensísimo), pero me ha bastado para poder depender de la página web de Twitter, Facebook, etc. y no instalar ninguna app de servicio que tenga versión para web móvil.

Así pues, sólo he instalado unas pocas aplicaciones:

  • Netflix
  • VLC (porque el reproductor de vídeo de Amazon no soporta subtítulos)
  • F-Droid (porque tengo algo de paranoia a la appstore de Amazon)
  • Ghost Commander (gestor de archivos que soporta el compartir archivos de Windows)

Para todo lo demás, web. Los únicos problemas notables son las versiones web de Feedy y GMail, que no funcionan demasiado bien en modo vertical y que tengo que usar en horizontal (donde por cierto, desearía tener un control de orientación físico- aunque la detección de orientación del Kindle funciona muy bien, un interruptor físico es la mar de práctico), y el hecho de perder la funcionalidad típica de compartir con para compartir a la versión web de Twitter o Facebook, por ejemplo, que para las webs que no disponen del widget adecuado, implica hacer cortar y pegar (al parecer pronto saldrá un estándar para tener una funcionalidad de compartir de navegadores, veremos si llega al Kindle).

Con Ghost Commander se resuelve adecuadamente la transferencia de archivos (otra alternativa, si bien algo friki, es usar el servidor web incorporado en Python, que mediante un comando permite compartir una carpeta accesible por el navegador), aunque echaría de menos el soporte nativo de BlackBerry OS para el compartir archivos de Windows (que permite pasar archivos al revés; es decir, desde el PC acceder a la carpeta compartida y transferir archivos- suele ser más cómodo dirigir el proceso desde el PC), pero esto no está en Android sin rootear el dispositivo, algo que preferiría no tener que hacer.

Creo que poco más queda por decir. La batería es suficiente- en ningún momento me siento esclavizado por cargarlo, y eso compartiendo cargador con mi teléfono. Proporciona sobradamente entretenimiento en trayectos de tren de tres horas y media (aunque ahora disponen de cargador). No juzgo los altavoces porque siempre lo uso con auriculares.

En definitiva, una tableta barata que da una buena pantalla para ver vídeos y un navegador que cumple prácticamente todas las funciones de ocio doméstico. En muchas circunstancias, supongo que será mejor compra que cambiarse a un teléfono más grande y potente, aunque para muchos también una buena tele con Chromecast o dispositivo similar y un buen móvil pueden ser mejor opción.

Los (dan) defensores

Gracias a la magía de los aviones y de los tablets baratos (Kindle Fire HD 8, de momento encantado, a ver si un poco más adelante escribo algo), me he acabado de ver la S01 de The Defenders, la reunión de los cuatro neoyorquinos dicharacheros de Netflix; Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y sí, Iron Fist. Veo que no he posteado nada sobre ellos, así que voy a reseñarlo TODO.

Daredevil

Primero fue Daredevil, que es el único de momento con dos temporadas. El abogado ciego con superpoderes y trauma por padre boxeador asesinado por la mafia, con una dosis de torturada fe católica es un clásico de Marvel (50 años lleva combatiendo el crimen, suerte de la compresión temporal del universo Marvel). En líneas generales, la serie retrata bastante bien lo que es Daredevil, sólo que el bueno de Matt y sus coleguis Foggy y Karen son un poco… sosos. La serie deambula un poco por la oscuridad de Daredevil y sus problemas de consciencia, pero Charlie Cox y Elden Henson no acaban de funcionar bien en los aspectos más dramáticos. Deborah Ann Woll como Karen Page sí tiene una actuación más acertada, pero por contra, el guión de su personaje se nos antoja un poco insuficiente (y muy diferente a los cómics, que no espoilearé aquí- no creo que la serie vaya por esos derroteros, pero por si acaso…).

Pero lo bueno de Daredevil son los villanos y antagonistas. La serie empieza con un superlativo Kingpin- el mafioso supremo de los cómics que aquí Vincent D’Onofrio (¡el recluta Patoso de La Chaqueta Metálica! Joder, no me había dado cuenta hasta ahora) clava con un ángulo muy interesante y que además viene acompañado de su ayudante personal Wesley (actor desconocido para mi, salía en Dollhouse del Whedon), un secundario memorable que acaba por completar la excelente profundidad humana del Kingpin. En la segunda temporada llega el Castigador, personaje que contrasta muy bien con Daredevil. Mientras Matt Murdock es un abogado que reparte justicia a patadas, Frank Castle la reparte con balas entre las cejas. El conflicto entre ambos se examina bastante bien, pero Jon Bernthal consigue en su relativamente mínimo tiempo en escena mostrarnos más matices de su personaje que Charlie Cox en dos temporadas como protagonista. Los algoritmos de Netflix deben coincidir bastante conmigo, porque el Castigador tendrá su serie propia en un par de meses.

La segunda temporada también incide más en el “rollo” ninja de Daredevil, apareciendo su maestro Stick (Scott Glen, el comandante del submarino yanqui de La Caza del Octubre Rojo y el superior de Clarice Sterling en El Silencio de los Corderos), Elektra y la Mano, de la mano de la encantadora viejecita oriental Madame Gao. Esta temática no me llamaba mucho en los cómics, y aquí es tolerable- Elektra es un poco sosa y su química con Daredevil no funciona demasiado, pero Stick, pese a lo trillado del personaje viene bien compensado por un buen actor. Madame Gao es el punto álgido en mi opinión- me saco el sombrero ante el director de cásting que ha sacado a esta señora con apenas cuatro películas que borda el papel de bruja mística oriental. Casi agradezco que luego hayan seguido con la Mano como villano recurrente para poder disfrutar más de ella.

En fin, que Daredevil funciona muy bien, pero más por mérito de su acertadísimo elenco de villanos que por los buenos. Buenas dosis de acción, investigación y misterio y… superheroísmo, sí.

Jessica Jones

Luego vino Jessica Jones, que a diferencia de Daredevil es un personaje mucho más moderno- de este siglo para ser exactos, y con ello viene un planteamiento más actual de superhéroe. Jessica tiene superpoderes, sí, pero es ante todo investigadora privada de moralidad dudosa y alcohólica (pero corazón de oro, sí, tranquilos). Krysten Ritter (la chati heroinómana de Jesse de Breaking Bad) compone un personaje con toda la complejidad que le falta a Daredevil, y con unos diálogos mordaces con unos secundarios que le dan buena réplica. Más allá de Luke Cage (protagonista de la siguiente serie de este barullo), el secundario destacable de la serie es Trish Walker- la “hermana adoptiva” de Jessica, estrella de la tele infantil reciclada en presentadora de su programa de radio “Trish Talk”, cuya relación con Jessica y sus desventuras le da profundidad a la serie.

Jessica Jones es un noir en toda regla, que desde su estilosa cabecera pasa por el villano de la serie… un David Tennant algo volátil que es escabroso y terrorífico, pero que por algún motivo no acaba de funcionar tan bien como debería.

Es decir, que a diferencia de Daredevil, aquí son los buenos los que aportan la calidad. La Jessica Jones de la serie es un personaje fresco incluso dentro de los antihéroes- es un Lobezno realista y muy creíble, con el que podemos identificarnos y que hace que nos metamos en la historia, junto con Trish y los otros secundarios. JJ es para mi lo mejorcito de todo este tinglado- no es sólo una buena serie de superhéroes, es una buena serie y punto.

Luke Cage

Tras una fugaz aparición en JJ, Luke Cage entra como el héroe de Harlem; un interesante personaje que bebe de la blaxploitation pero que ha sido acertadamente modernizado.

Luke Cage es una serie un poco más irregular que las anteriores. A diferencia de DD y JJ, aquí tanto buenos y malos son harto interesantes, pero desafortunadamente la serie pierde mucho gas a mitad de recorrido tras un desafortunado giro de acontecimientos y la llegada de un nuevo villano.

En la primera mitad, Mahershala Ali (Óscar al mejor secundario por Moonlight) y Alfre Woodard (extensísima filmografía y muy premiada, pero la verdad, yo no la tenía en la cabeza) encarnan a los que creo que son la primera pareja de primos villanos de la historia- un gangster dueño de un estiloso club de jazz y a una política local de Harlem que tienen una dinámica interesantísima que incluso quita protagonismo a los buenos- encabezados por la majestuosa presencia física de Mike Colter como Luke Cage que consigue darle la nobleza necesaria al personaje y que está secundado por una Rosario Dawson cuya Claire Temple gana protagonismo aquí (salía en las anteriores clavando a su enfermera de superhéroes) y a otro acierto de cásting con una desconocidísima Simone Missick encarnando a la detective afrobaloncestística Misty Knight.

Y hay más personajes interesantes, pero lamentablemente el guión de la serie avanza muy bien al principio pero se va arrinconando, desembocando en un giro argumental en mitad de la serie que lleva a que la segunda parte desmerezca en gran medida de la primera, lo cuál es una verdadera lástima. Si hubiesen conseguido un segundo acto acertado, podríamos estar hablando de temas mayores- sin embargo, se queda en una muy buena primera mitad y poco más.

Iron Fist

Pero bueno, eso no es nada comparado con el despropósito de Iron Fist. Ya viene de una premisa bastante ridícula de kungfu místico que no acaba de cuajar muy bien en el universo Marvel, pero es que la adaptación es totalmente terrible. Es probable que sea todo culpa de un nefasto guión que parece firmado por un niño de primaria, en el que nada parece creíble, pasan cosas sin ton ni son y es todo terriblemente cutre- todo esto se lleva por delante todo lo demás. Es posible que Finn Jones (el Caballero de las Flores de Juego de Tronos) no sea tan mal actor como parece aquí, y creo que el resto de actores tampoco lo hacen del todo mal. Ni la aparición de personajes cañeros de las otras series salva nada. Sólo Colleen Wing (la Nymeria Sand de Juego de Tronos) salva un poco los muebles (aunque en algún momento se ve engullida por la catástrofe de serie), pero no basta.

Lamentablemente, gran parte del transfondo de The Defenders viene de Iron Fist, así que es ugh, útil, tragársela para disfrutar la serie.

The Defenders

Y esto nos lleva a The Defenders, el complicado ejercicio de encajar cuatro series bastante diferentes entre sí. Los cuatro de arriba se las ven con La Mano, la organización místico-maligna oriental que ya tienen bastante lío con Daredevil y Iron Fist, pero que poco tienen que ver con mi querida Jessica y el bueno de Luke Cage.

La serie lo resuelve bastante bien- incluso lleva el lastre de Iron Fist con gracia (con unas cuantas pullas bien envenandas). Se establecen dinámicas interesantes entre los cuatro y se exploran adecuadamente sus diferencias y puntos en común. Los malos están bien- la jefa de La Mano resulta ser una correcta Sigourney Weaver, aunque yo sigo prefiriendo a la entrañable Madame Gao. Luego viene un japonés olvidable y un “Bakuto” que ya venía tocadillo por salir en Iron Fist.

Aunque la serie empieza un poco floja, y aunque no soy muy fan del temita de La Mano (salvo Madame Gao, claro) ni de Elektra ni de Stick (que Scott Glenn interpreta muy bien y es bastante oscurillo, pero es que lo del maestro mentor de artes marciales es algo que está tan trillado…), la serie se va acelerando y hacia el final estaba bastante enganchado.

Vale la pena verla- igual no tanto como Jessica Jones, pero sí es un interesante ejercicio de televisión y superhéroes que entretiene como debe ser.

HDMI-CEC, algunas cosas que se enchufan a la tele y complementos

He estado remozando mi montaje de cosas conectadas a la tele y quería aprovechar para recoger unos cuantos pensamientos sobre el tema.

Uno, destacar ese gran desconocido que es el HDMI-CEC (que cada fabricante renombra, no sea que la gente se pueda entender lo práctico que es). Es un protocolo de señalización sobre el cable HDMI que permite cosas como que el mando a distancia conectado al televisor pueda controlar otros dispositivos conectados al televisor (como una Playstation o una Raspberry Pi) o que dispositivos conectados al televisor puedan encender el televisor cuando se activan (como un Chromecast que al recibir un vídeo de un móvil puede conectar el televisor y saltar a su canal). Sin demasiados problemas, permite reducir el uso de mandos a distancia y aumentar la comodidad de ciertos dispositivos.

Mi televisor ahora mismo tiene conectados:

  • Una PS3 (mentira, porque no tengo entradas suficientes, pero bueno), que desgraciadamente es el único dispositivo que tengo para reproducir Movistar+ en la TV (a ver si algún día se ponen y le añaden Chromecast, por dios). El mando de la PS3 permite encender la tele y, curiosamente, se puede controlar la PS3 con el mando de la tele sin muchos problemas (obviamente no para jugar pero sí para usar aplicaciones de streaming).
  • Un Steam Link con Steam Controller; el Steam Link es un curioso aparato, que por 30€ (muy rebajado, ojo a los costes de envío) permite jugar a los juegos del PC en la TV en streaming. Lo complemento con el Steam Controller (40€ muy rebajado), que es un curioso mando que dispone de 1 stick analógico (no 2) y los típicos botones “Playstation”, pero también dos touchpads y dos paletillas en la parte trasera del mando que permiten esquemas de control bastante curiosos, que permiten una personalización brutal que hace que hasta se pueda jugar a juegos de ratón/teclado con el mando bastante decentemente- aunque no tan bien como se controlan en el PC y cabe decir que para juegos pensados para mando es peor que un mando de consola tipo el de la PS3.

    Cabe decir que este hardware de Steam me ha dejado bastante boquiabierto, por su audacia y por lo bien pensado que está; son muy muy fáciles de hacer funcionar, de momento no les he encontrado ningún problema de usabilidad y hasta tienen un par de sorpresas ocultas (se puede añadir un mando de PS3 al Steam Link en un periquete y funciona casi perfectamente, y por supuesto, soporta HDMI-CEC).

  • Una Raspberry Pi 3 con LibreElec. Si bien es un desperdicio, ya que el propósito de la Raspberry Pi es trastear, hay que admitir que es un dispositivo de streaming para el televisor ideal; no sólo es muy barata sino que soporta HDMI-CEC, a diferencia de la mayoría de PCs (hay accesorios para añadir soporte a los PC, pero es un poco oscuro), con lo que no hace falta un mando adicional. Yo además le he enchufado un sintonizador de DVB-T, que con TVHeadEnd permite ver y grabar la tele (aunque de momento, no permite hacer timeshifting). LibreElec lo hace todo trivial de montar y aunque tengo algún problemilla (se me queda colgado/apagado con frecuencia y a menudo al intentar usarlo tengo que desconectarlo y volverlo a conectar), es perfecto para reproducir vídeos de un PC y además, su funcionalidad de TV es mucho mejor que la de mi televisor
  • Y un Chromecast, otro dispositivo baratillo que además fue el que me descubrió el mundo del HDMI-CEC. Para los que no lo conozcan, es un aparato la mar de ingenioso que sólo funciona controlado por un móvil o PC; nos permite traspasar un vídeo que estemos viendo en el móvil (como una peli de Netflix) al televisor de una manera casi transparente (la tele se enciende y cambia a la entrada del Chromecast y vemos el vídeo en un santiamén. Además, podemos pausar y demás desde cualquier móvil/PC conectado al Chromecast).

Todo esto aderezado con una regleta que encontré en Amazon con 8 tomas de corriente y 5 USB, que me permite alimentar el Chromecast y la Raspberry por USB sin un cargador adicional, a parte de cargar los mandos de la Play y demás de una manera muy práctica.

El único problema es que tengo cuatro dispositivos HDMI y mi televisor sólo tiene 3 entradas, con lo que ahora mismo el montaje me cojea un poco (tengo sin conectar la PS3 que es lo único que reproduce Movistar+), pero todo se andará.

La maravillosa mujer maravilla

Vaya por delante que uno es fan de Marvel y detesta DC. Quizá por desconocimiento, pero siempre me han interesado más los Spider-mans más terrenales que los alienígenas de poderes cósmicos como Superman (que sí, Marvel tiene sus Thors y sus 4F contra Galactus, pero eso nunca me ha interesado mucho). Así que cuando digo que Wonder Woman es la mejor película de DC desde los Batmans de Tim Burton de los 90 (que realmente son películas tan distintas que hace que las comparaciones sean casi imposibles), que conste que yo de DC sólo he visto:

  • Los Superman de los 80, que creo que son (junto con Los Goonies) las pelis que menos me gustan del gran Richard Donner
  • Los mencionados Batman de Tim Burton, que Kevin Smith explica en el 4:30 de este vídeo que todo el mundo debería ver– una teoría bastante razonable sobre cómo me puede gustar una peli de Batman si Batman me parece bastante odioso
  • Algunos Batmans de Nolan, que están bien, pero que ejemplifican bastante bien lo que no me gusta de DC
  • Superman Returns de 2006, que era rematadamente mala
  • Linterna verde, que me atrapó en un tren y casi me destruye

(no cuento V de Vendetta, Watchmen, que sí, técnicamente son de DC, pero no son de DC). Pero vaya, creo que está bastante aceptado que Suicide Squad y Batman contra Superman son escoria, así que…

En cualquier caso, Wonder Woman si no es lo mejor de superhéroes de DC, es de lo mejor.

Pese a que Di, la Wonder Woman del título, es la más molona de las molonas Amazonas, Gal Gadot y las partes buenas del guión le dan un carisma que está totalmente fuera del alcance del kriptonita y del murciélago; si bien su personaje tiene bastantes topicazos, tiene gracietas, momentos entrañables y heroicos y carga la peli sobre los hombros sin demasiado esfuerzo, apenas un par de derrapes- especialmente un diálogo que me recordó a lo peor de lo peor de Interestelar que hizo que me retorciese en un segundo. Afortunadamente, son deslices aislados.

Eso sí, Di está bastante sola, porque el resto del reparto es flojillo. James T. Kirk es de lo mejor, porque tiene un par de momentos buenos, pero ni su banda de inadaptados, ni el confuso elenco de villanos (una Elena Anaya desorientada, ni el casi siempre efectivo Danny Huston [hijo de John Huston, por cierto], ni el otro), ni casi nadie en la película le dan una buena réplica a la buena de Di… una lástima que hace que la peli sea simplemente buena y no totalmente maravillosa como debería ser.

El guión es irregular- es bueno e incluso muy bueno en los espacios cortos (el chiste del reloj es de los diálogos mejor buscados del cine reciente y no desmerecería en un Billy Wilder moderno), pero flaquea en lo más amplio- el argumento no es muy allá y el desenlace desmerece de los muy destacables introducción y nudo.

Eso sí, la estopa está muy bien repartida. Desde la secuencia inicial, titulada “Somos las Amazonas y las playas son para dar hostias, no para broncearse”, hasta “Vosotros tenéis metralletas pero yo tengo estilo y clase heroicos”, el machacamiento de alemanes es totalmente satisfactorio y gratificante; si bien la sombra de Zack Snyder nos trae un poco de abuso de la cámara lenta, la acción es nítida y épica como debe ser, acompañada de una destacable y llamativa banda sonora. Sólo al final cuando todo se pone en niveles mitológico se le empiezan a salir un poco las costuras al invento, pero hasta entonces las palomitas entran solas y a ratos dan ganas de aplaudir.

Así pues, sí, pese a sus defectos, si a uno de gustan las hostias bien dadas, hay que ir a ver Wonder Woman aplasta a los alemanes. Eso sí, me sigo quedando con Frozen como la mejor película protagonizada por una superheroína (y a la que no ponían a ningún hombre al lado para que los pobres varones no se sintiesen desorientados).

Al cine se va los viernes – Guardianes de la Galaxia Vol. 2

La versión corta: la segunda entrega de Guardianes de la Galaxia es lo que tiene que ser. Si os gustó la primera, vedla. Si no os gustó, no la veáis. Si no la visteis, os gustan los 80 y no le hacéis ascos a la idea de un mapache parlante manejando armamento de alto calibre y soltando gracietas, os veis la primera y volvéis aquí.

La larga:

Las secuelas son siempre complicadas- especialmente si la primera parte tuvo un éxito inesperado y uno no está seguro de repetir suerte. James Gunn (guionista de Tromeo y Julieta, con eso está dicho casi todo) lo afronta con una estrategia clara: disparar contra todo lo que se mueva. Durante las dos horas y cuarto que dura, se practica una acumulación de gags, referencias, acción a raudales, momentos sentimentales y excentricidades que si bien acaban agotando un poco (me costó aguantar hasta la quinta- sí, quinta- escena post-créditos), se aseguran que todo el mundo encuentre algo de su gusto para salir satisfecho.

Muchos gags no acaban de cuajar, se abusan de algunos recursos, los momentos “sentimentales” a mi no me acabaron de funcionar y hay bastantes oportunidades desaprovechadas; Kurt Russell especialmente, que padece como nadie algunas flojeras del guión (y curiosamente, prácticamente no tiene oportunidad de soltar chascarrillos)… parece como si se asumiese que su presencia basta por sí sola y que no era necesario que hiciese nada más que estar ahí.

Sin embargo, me parece difícil que nadie (a excepción de esos que nunca disfrutan de películas de este tipo) salga del cine sin ganas de hablar de ese momento en el que casi se le saltan las lágrimas de la risa, que no quiera un pequeño Groot como amigo arbóreo o que no haya disfrutado una referencia ochentera.

Así pues, id con las pilas puestas, que puede hacerse un poco larga, pero id.

A regañadientes, desde el cine sin ley a la ciudad de los ángeles

¿Cuál es el propósito de una crítica de cine?

Aunque a veces parezca que sea demostrar que tienes un buen diccionario de sinónimos y que has visto pelis que no le importan a nadie, supongo que es hacer saber a alguien si le valdrá la pena ir a ver algo.

En ese caso, sí, id a ver La La Land. Siendo un musical, supongo que sólo estarán leyendo aquellos que acepten los musicales o que no sepan que lo es. Fuera de eso es difícil precisar más, la peli tiene tantas cosas buenas y bastantes cosas malas como para que salgáis del cine haciendo claqué o echando espumarajos por la boca.

Visualmente, La La Land es un trabajo impecable. Desde el larguísimo plano secuencia inicial al imaginativo acto final, hay poquísimos momentos que no asombren y sólo un par de cosillas que chirrían un poco (por mucho que avancen los efectos especiales, aún quedan cosas sencillas que no se pueden hacer). Sentarse y absorber todo ese derroche ya vale el precio de la entrada y las dos horas que dura.

Musicalmente, a mi no me convenció tanto. Vaya por delante que mi mente tararea en bucle el repertorio de Hair pero que la mayoría de canciones de musical me suelen parecer olvidables, y La La Land no es una excepción. La Stone y el Gosling dan un esfuerzo más que admirable, pero no son cantantes y en especial la garganta de éste último no está hecha para llevar la voz cantante. ‎Eso sí, en baile para mí sí que dan totalmente el nivel. En cualquier caso, creo que en una semana ya no recordaré las canciones.

Lo otro es el guión. Aunque contiene un par de ideas buenas, no las aprovecha casi nada y cuando lo hace es un poco atropelladamente. No consigue meter al espectador en la vida de los personajes y no se sabe muy bien por qué; hay elementos de tensión y drama, pero nunca parece que vaya a pasar nada.

Aún así, sí que la peli goza de unos cuantos aciertos- la escena de la fiesta es una auténtica gozada que me dejó una sonrisa difícil de borrar. Hay destellos por toda la película que dejan ver que de alguna manera podía haber sido mucho más- creo que también porque a veces intenta abarcar demasiado, explicar todos sus amores y homenajear todo lo homenajeable, con aciertos y fallos por igual (aunque aprovechar que ruedas en la meca del cine como hacen en La La Land es algo que deberíamos ver mucho más a menudo).

Pero vedla. Puede que en un par de años no nos acordemos de ella, pero es uno de los acontecimientos de año y hay material para disfrutar un rato. Si Damien Chazelle es el segundo advenimiento o un niño mimado y sobrevalorado es una pregunta que tendrá que esperar un par de películas más; Whiplash tenía la carga de diez megatones que todo debut debe tener y La La Land tiene el ansia de aprovechar todo recurso disponible y se le pueden perdonar sus vicios derivados. Habrá que ver si cuando se estabiliza puede cuajar cintas totalmente redondas o seguirá con estallidos irregulares.

El más acá de Star Trek

Vaya por delante que uno es de Star Wars y que muchas cosas de Star Trek le cansan. Pero “la de las ballenas” (Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra, para que la busquéis los que aún no la habéis visto) me parece un clasicazo del cine y una de las mejores comedias de ciencia ficción que he visto.

Es decir, que sí, que a mi me va el kitsch de Star Trek y me aburren un poco cuando se ponen serios. Las dos anteriores de este reboot me parecieron bien, sin más- ni un insulto a todo lo que es sagrado, ni la octava maravilla, ni nada de nada. Un par de pelis de acción funcionales, con algún momentillo que recuperaba la química de los Kirk, Bones y Spock originales, pero que el gamberrismo de un Kirk supongo que intentando atraer a una nueva generación a mi no me decía nada.

Y Star Trek: Más Allá es un poco más de eso, PERO…

Pero por un momento el rápido y furioso Justin Lin consigue un fugaz destello de lo que a mi me gusta de Star Trek. Una inverosímil combinación ridícula de molonidad y estupidez que me tuvo sonriendo hasta el final de la película. Una auténtica gamberrada que nos habían telegrafiado en el trailer y que en su momento a mi me había hecho murmurar “vaya, sólo les falta poner a Vin Diesel de Spock”… pero que vista en pantalla grande con un cubo de palomitas se convierte en DIVERSIÓN con mayúsculas para los amantes de la música “clásica”.

Por lo demás, aunque hay otros momentos rápidos, furiosos y motorizados que sí me chirriaron o incluso derraparon (con una de las peores sobreimpresiones de esta era que recuerdo), la peli se deja ver. Una vez más Éomer, digo Karl Urban como Bones, es el que mejor capta el espíritu del inolvidable DeForest Kelley y suelta las mejores frases de la cinta. Pine como Kirk sigue pareciéndome cansino, Quinto como Spock me parece funcional y Simon Pegg sigue pareciendo algo perdido y sin acabar de encajar.

¿Hay que ver Star Trek: Más Allá? Pues yo creo que hay cosas mucho peores que hacer, y vale la pena el experimento para ver si la ESCENA os arranca la misma sonrisa imborrable que a mi.

El retorno (demorado) del Thinkpad

Allí por 2005, enamorado por los portátiles negros que pululaban por la oficina fuera de mi alcance, me compré un hermoso Thinkpad T42 por unos significantes 1400€. Un hermoso aparato, de los últimos en ser fabricados por IBM, con una espectacular pantalla 4:3 de 1400×1050 y que le daba mil vueltas al portátil Dell que sustituyó (carísimo por tener una tarjeta gráfica, pero en todos los demás aspectos, bastante mediocre). En aquella época, las prestaciones de los ordenadores aún progresaban rápidamente, así que unos 5 años después decidí pasarme a una combinación de sobremesa y un netbook, que me ofrecía un sistema más potente para el trabajo serio y para usar de servidor 24×7 y un sistema ultraligero (1,1kg, la mitad de los 2,2kg del Thinkpad- y con 5 horas de batería que superaban la muy deteriorada batería de 5 años del T42) para el uso fuera de casa o en el sofá- por un precio muy económico.

Pero, unos 6 años después de eso, la progresiva obsolescencia del EEE y las prometedoras reseñas del Thinkpad 13 me llevaron a volver a dar una vuelta a mi parque informático.

Es glorioso volver a tener un portátil de verdad. Es glorioso volver a usar tener un Thinkpad.

El Thinkpad 13 es un portátil de gama media, sí- el mío cuesta 680€, por encima de los 200-400€ que cuestan los ultraportátiles que heredan la tradición de los netbooks (pero al parecer menos infrahumanos) y de los 300-500€ de los tochos de 15″, pero por debajo por ejemplo de los 1100€ del Macbook Air de 13″, espacio por donde deambulan la mayoría de portátiles que comienzan a valer la pena.

Sin embargo, el 13 es un Thinkpad con puntos de gama alta. Tiene opción de pantalla 1920×1080 en vez de los mediocres 1366×768 de los portátiles de gama baja. Pesa 1,4kg y tiene una batería generosa (11 horas según Lenovo, 9 horas según reseñas) que lo hacen realmente portátil y no portable. Y por supuesto, tiene el glorioso diseño Thinkpad, que incluye un delicioso teclado y el sobresaliente Trackpoint entre las teclas G, H y B.

Así pues, espoleado por el hype, puse mi pedido en lenovo.es. La primera en la frente fue el tiempo de entrega, que de las 1-2 semanas prometidas paso a casi dos meses, al parecer por escasez de paneles Full HD. En mi caso sólo fue maltrato psicológico y me supuso un descuento de 35€ (¡reclamadlo!), pero en el caso de que hubiese necesitado el portátil con cierta urgencia, me hubiese abocado a una cancelación.

Pero finalmente llego. Sobre el modelo base, con la pantalla Full HD, 8gb de RAM (en un módulo- se puede abrir y meter otro para subirlo a 16gb), SSD de 128gb (tengo almacenamiento en otros sistemas, pero para muchos pueden ser escasos) y un i3 (el base es un Celeron).

La primera impresión es… de contundencia. Es mucho más grueso que el típico ultrabook de 13″, pesa más y “abulta” más; parece mucho más tocho de lo que es si lo pones al lado de otro portátil, por tener un diseño muy cuadrado. Sin embargo, es cómodamente portátil y realmente no pesa tanto como para que moleste.

Además, su grosor le permite tener un teclado con un recorrido generoso que aunque quizá no sea el segundo advenimiento que prometen las reseñas, es ciertamente de lo más ergonómico que uno podría desear en un portátil. Teclear es rápido, preciso y sobre todo, placentero. La disposición del teclado es bastante digna, salvo algunos detalles:

  • La tecla Fn está en la esquina inferior izquierda del teclado y Ctrl a su derecha, al revés que en la mayoría de portátiles. Dado que tengo que usar a diario otro portátil con la disposición normal, tuve que intercambiarlas en la BIOS para no volverme loco, aunque quizás la disposición que trae sea más cómoda
  • Las teclas de avance/retroceso de página están encima de los cursores laterales y son muy fáciles de pulsar accidentalmente
  • La disposición de los Thinkpads clásicos con 7 filas de teclas en vez de 6 es claramente superior

Pero aún con eso, es mucho más agradable teclear en el Thinkpad que en el más que decente teclado de mi Toshiba Z30 laboral, los Air de 13″ o el terrorífico teclado de los nuevos Macbook.

Completando el teclado, tenemos el trackpoint, que para muchas funciones es más práctico que el touchpad, por el hecho de no tener que apartar las manos del teclado para usarlo y un touchpad bastante potable. Yo soy un fan de los trackpoint (aunque a menudo uso el touchpad para hacer scroll) y para mi es un punto muy a favor del portátil- creo que todo el mundo debería usar uno durante un tiempo prolongado para apreciarlos.

La nota negativa es el botón de encendido, que todas las reseñas apuntaban como terrible y que confirmo. No es fácil de pulsar y hay que acostumbrarse a un movimiento bastante específico para pulsarlo. Obviamente no es algo crítico, pero sí una pequeña mancha que desentona el elevado nivel general del aparato.

Luego viene la pantalla, culpable de la terrible demora en poder tener el juguete en mis manos por sus 1920×1080. Debo decir que desde que disfrutaba del 1400×1050 en 14″ de mi añorado T42 debo haber perdido agudeza visual, porque he tenido que ampliar tamaños de letra para trabajar con comodidad, perdiendo un poco la mayor densidad de información que permiten los 1920×1080 en 13″. Pero bueno, la ampliación no era muy costosa, así que aunque no la aproveche al máximo, la nitidez extra de la imagen ya vale bastante la pena.

En cuanto a puertos tiene 3 USB normales (uno a la izquierda, dos a la derecha) que al parecer son always-on (puedes cargar el móvil aunque el portátil esté apagado), un HDMI tamaño completo, auriculares (con micrófono), un USB-C y un conector propio de Lenovo para dock. Tengo curiosidad por las prestaciones del USB-C; no queda claro si puede usarse para sacar displays y carga simultánea, lo que daría pie a interesantes soluciones de docking de bajo coste y, en un futuro cercano, usar un único cargador para portátil y móvil, pero aún no lo he podido estudiar (e internet no es clara respecto a este punto). El dock propietario es una opción interesante, pero que de momento tampoco voy a explorar.

En uso el sistema es lo que uno esperaría- no tiene ningún problema destacable y cumple su función. Linux funciona sin demasiados problemas, aunque la pureza ideológica de Debian hace que instalar el firmware propietario de la tarjeta de red inalámbrica no sea inmediato (la operación es sencilla, pero hay que hacerla. Al parecer la mayoría de otras distribuciones incluyen el firmware de serie e incluso hay un instalador de Debian no completamente oficial que lo trae). La construcción del sistema no es tan lujosa como los Air o los Thinkpad de gama alta, pero da bastante sensación de solidez y robustez, aunque obviamente no lo he puesto a prueba- dice el fabricante que ha pasado certificación militar y pruebas de estrés, pero otra cosa es lo que pasa si se te cae al suelo…

En resumen, si queréis un portátil que esté un paso por encima de los portátiles baratos, pero no os queréis gastar la pasta que cuesta un Macbook Air o equivalente, el Thinkpad 13 es una opción espléndidamente equilibrada. Es muy portátil, potente y de calidad. Si además sois fans de los Thinkpad, por el trackpoint o el distintivo diseño, más puntos a favor.