El cinco

Rockstar se mantiene fiel a su cita de revitalizar los inacabables debates sobre videojuegos; que si violencia, que si nueva forma de arte, que si el entretenimiento del siglo XXI… con su entrega periódica de la saga Grand Theft Auto. Hace unos días y tras treintaypocas horas de juego me acabé la historia principal del juego, con lo que me veo en el derecho de comentar mis impresiones aquí.

Pocos se preguntarán a estas alturas qué es el GTA. Pero por si acaso, lo repetiré aquí. El GTA es una saga de juegos surgida hace unos no despreciables 16 años en los que encarnamos a un criminal en un mundo abierto, con una historia que consiste en una serie de misiones a completar que nos permite ir avanzando el argumento. Yo me enganché en la primera entrega “3D”, el GTA III para PS2; me completé toda esa era, junto al Vice City y el San Andreas, pequeñas evoluciones que destacaron respectivamente por la ambientación y guión del Vice City (Miami, tomando como referencia El Precio del Poder de Brian de Palma) y un mundo gigantesco en el caso del San Andreas (el Liberty City/Nueva York del III y la Vice City/Miami del Vice City son ridículas comparadas con el condado de San Andreas/California del San Andreas, con su Los Santos/Los Ángeles, San Fiero/San Francisco y Las Venturas/Las Vegas, más una extensa campiña). Los 3D siguen al personaje principal en vista de tercera persona, mientras se mueve a pie o en diversos vehículos, peleando, disparando y saltando por, mayormente, las calles de una ciudad (algunos interiores hay, pero relativamente pocos).

El IV en PS3 volvería a Liberty City, pero por algún motivo, no me enganchó y casi no lo jugué. Pese al salto a la nueva generación de consolas, los gráficos me parecieron… grises y entre eso y un par de mecánicas de amigotes traídas del San Andreas, quizá un nivel de dificultad más alto y alguna cosa más, olvidé el bluray en un cajón.

Todo esto daría un vuelco con el V. Unos tráilers conseguidísimos, una historia que bebe de Heat sin vergüenza y la promesa de mejores controles me puso a tono para comprármelo el día del lanzamiento.

Y no me decepcionó. Quizá con un poco de trampa, rebajando el nivel de dificultad, el GTA V destaca por lo satisfactorias que son las escenas de acción. La conducción de vehículos, siempre un poco deficiente en anteriores entregas es mucho más… arcade y divertida. Y los tiroteos, oh los tiroteos. Los mecanismos de ponerse a cobertura, disparar, apuntar, cambiar de arma… son mucho más fluidos y sencillos de llevar a cabo. Apuntar con los controladores de consola es bastante frustrante respecto al uso de teclado y ratón de los shooters de PC, pero gracias a la acertada dificultad, participaremos en tiroteos grandiosos.

El juego asímismo introduce una novedad respecto a entregar anteriores. Los protagonistas anteriores (el silencioso del III, Tommy Vercetti del Vice City, CJ del San Andreas y Niko del IV) se ven reemplazados por el imaginativo trío protagonista. Comenzamos con Franklin, un pandillero muy similar a CJ que también se da cuenta que la ambientación de pandilleros es de lo más sosa, lo que nos lleva a Michael. Michael es un ex-atracador de bancos retirado que se verá arrastrado una vez más a una vida criminal, mayormente por eventos relacionados con Trevor, el último personaje en entrar, un demente que hacía equipo con Michael.

Trevor es el que más se ha enfatizado de todos- su locura, psicopatía y demás excentricidades dan mucho juego, hacen gracia y sirven de excusa (innecesaria) para la ultraviolencia propia de la serie. Pero mi favorito es sin duda, Michael- sin duda el personaje más multidimensional de la saga. Tras una exitosa carrera criminal, al lado de Trevor y otros variopintos personajes, se retira en sospechosas circunstancias con su mujer e hijos a una pequeña mansión en Beverly Hills. La dinámica de la riqueza le conduce a una familia inaguantable y a un vacío existencial que le lleva al psicólogo. Michael recorre los puntos entre el sarcasmo, la compasión, el instinto maternal y el crimen con elegancia y gracia, y sin duda alguna es el mejor interpretado del juego.

Pero es precisamente con Michael donde se exacerba el desequilibrio propio de la saga- Grand Theft Auto a veces es una peli muy seria de gángsters, a veces hace crítica social… y a veces se dedica a hacer chistes de caca-culo-pedo-pis. De hecho cuando los GTAs van en serio, lo hacen muy bien- las versiones GTA de Blackwater, el FBI… el comentario social, etc. pueden estar muy bien encontrados a veces, pero de repente da un volantazo hacia la caricatura y aunque a veces acierta, muchas veces descarrila completamente. El humor es además muy endógeno y poco accesible- chistes recurrentes que se remontan a las 14 entregas anteriores de la saga entre todas las diferentes versiones y un punto de vista bastante constante entre ellas, que puede gustar pero también aburrir.

El otro punto característico de los GTA es el famoso mundo abierto que popularizaron. En esta entrega se vuelven a superar una vez más- quizás el entorno sea menor en metros cuadrados que en el San Andreas, pero es desde luego más detallado y grandioso. Los gráficos son sencillamente espectaculares y es sorprendente comprobar hasta qué nivel se ha cuidado hasta el menor detalle. En esta ocasión hasta el entorno submarino está mapeado con horas y horas de trabajo añadiendo elementos que uno no podrá apreciar completamente aunque se dedicase siglos a ello. El monte Chiliad tiene teleféricos. Hay un campamento hippie. Una secta en las montañas. Infinidad de pueblecitos. Un sistema de autopistas en el que es fácil perderse.

Es, sencillamente inacabable y, como en entregas anteriores, la tentación de explorar se sobrepone muchas veces a que avancemos la historia.

Historia por otra parte que resulta interesante y que, aunque un poco predecible en ocasiones, hará que queramos llegar al final para ver cómo acaban.

Las misiones en sí acaban sufriendo de un poco de falta de variedad como en los anteriores, aunque se han esforzado más en dos aspectos en particular. Uno, los tiroteos, que son más complicados y elaborados que antes. Dos, los “heists”/golpes, misiones donde tenemos que planear asaltos, equiparnos, escoger entre dos alternativas, etc. que le aportan bastante novedad al limitado número de estereotipos de misión anteriores.

En fin, un juego imprescindible en todos los aspectos. La reducida dificultad lo hará accesible a todos- lo único que nos puede echar para atrás son las idiosincrasias de la serie, su humor infantil y otros puntos pueriles en lo que, por lo demás, es una obra de entretenimiento de primer orden.

Entretenimientos finales

Con cierta controversia por las posturas del autor del libro, llega a las pantallas la adaptación de El Juego de Ender- doble ganadora del Hugo y del Nébula, así que ciencia ficción de peso.

La cinta trata sobre la guerra con los insectores, unos alienígenas que estuvieron a punto de exterminar a la humanidad, para la cual el ejército terrestre se prepara adiestrando niños para la batalla, supuestamente por sus superiores capacidades cognitivas. El Ender del título es el superdotado de los superdotados y será seleccionado para encabezar la ofensiva.

Me leí el libro hace un cierto tiempo y tenía bastante curiosidad por ver qué tal la adaptación. El libro se balancea hábilmente entre trozos de acción y trozos de pensar, y ofrece al lector adecuados momentos de reflexión, pero personalmente a trozos me pareció algo inverosímil y complicado de adaptar.

La película supera estos miedos sin demasiados problemas- e incluso diría que es más creíble que el libro. Recorta correctamente para quedarse un pelo por debajo de las dos horas y no me parece que se tome unas libertades excesivas (el autor como siempre, no se queja pero presume de inadaptable) y supera la atípica estructura narrativa manteniendo un ritmo más que loable (el argumento tiene una distribución bastante peculiar).

En los terrenos típicos, los actores están bastante bien. Ninguno de los jóvenes actores chirría en ningún momento, lo cual es un gran logro en sí mismo. Asa Buttercup sorprende en el papel de Ender, mucho más difícil que su papel en Hugo en el que estaba meramente correcto. Harrison Ford y Ben Kingsley están bien en sus papeles, aunque se lamenta que el papel de Kingsley no aproveche su potencial (el libro sufre de lo mismo- podría ser un personaje excelente pero se queda en normalito).

Los efectos, música y otras categorías técnicas son intachables. Las escenas de acción son claras y épicas- es refrescante ver como últimamente se abandonan las escenas de acción que no dejan ver nada para que podamos disfrutarlas a tope, como en Pacific Rim.

Quizá lo único que queda a debate es la interpretación de la película, en la que hay lugar para el disenso. A primera vista parece que esta podría condenar los horrores de la guerra y la xenofobia, pero como toda buena historia de ciencia ficción que se precie, hay matices. No sin motivos, es una lectura recomendada de los marines norteamericanos, por ejemplo. Puede que algunos no transijan con la postura que interpreten adopta la película, pero para los demás, será fuente de interesante debate.

Entre ronquido y ronquido

Siguiendo la racha nipona, confiamos en los valores de Studio Ghibli y nos pusimos a ver Cuentos de Terramar.

Craso error.

La peli es una adaptación de una parte del ciclo de Terramar de la aclamada Ursula K. Le Guin (una de esas personas que collecionan Hugos y Nébulas), una serie de novelas y cuentos fantásticos, que según la Wikipedia va de cosas tipo Freud y Jung. Comentan que la sra. Úrsula había rechazado varias propuestas de adaptar Terramar, pero tras ver Mi Vecino Totoro de Miyazaki, aceptó. El problema es que el encargado fue el Miyazaki equivocado, su hijo Goro. A Hayao no le hizo mucha gracia que se encargase Goro y Úrsula… se desentendió del resultado, comentando que la película sólo coincidía con sus libros en el nombre de los personajes y poco más.

Malos presagios para la película que en efecto se cumplen. La cinta narra una historia muy plana en una ambientación aparentemente muy rica, pero de la que sólo recibimos pinceladas aquí y allá. El príncipe mata al rey en medio de una crisis que ríase usted de la económica, con plagas y decadencia mágica, y huye junto con el archimago Gavilán (sí, sí, el tío se hace llamar Gavilán). Luego pasan cosas malas, nos encontramos con personajes aparentemente muy importantes y entre ronquido y ronquido (el que escribe tuvo que luchar por mantener la consciencia), todo acaba al parecer bien.

Yo diría que esto es como todo lo malo de La Princesa Mononoke, quitándole las pocas cosas que la salvaban y alargándose hasta el infinito. La animación lleva el sello Ghibli, pero tampoco es que emocione como otras. Realmente hay pocos sitios por donde recomendar la peli… quizá si quiere uno ver todos los títulos de Studio Ghibli, pero poco más.

Dinosaurios niponizados

Ver una peli japonesa siempre es algo especial. Principalmente, uno nunca se entera de nada. Esto que puede parecer un grave problema, en general no lo es. Toda película se apoya en una cultura, iconografía y mitología, y los occidentales no entendemos las orientales (sospecho que los orientales entienden algo mejor las nuestras, pero tampoco completamente).

20th Century Boys no es una excepción a esto. Más al tratarse de tres películas que hilvanan un thriller conspiranoico futurista homenaje al rock. La trama creo que es algo así como unos amigos de la infancia descubren que “Amigo”, líder de una secta apocalíptica va siguiendo un plan que parece sacado de una historia inventada por uno de ellos. El grupo, por supuesto, tratará de detenerlo y salvar el mundo.

La cinta se basa en un manga serializado de Naoki Urasawa, que a muchos les sonará a chino, pero cuya creación Ginger (o Yawara) la judoka sonará a alguno más. Curiosamente, no es anime sino acción real- curiosa elección dado el nivel de efectos especiales que requiere el argumento (y que creo que se quedan cortos).

Como decíamos, no se entiende una mierda, pero esto tampoco detrae mucho del entretenimiento. Si que sabe algo mal que algún momento dramático nos hace más gracia que otra cosa, y nos queda la curiosidad de saber cómo percibirá la peli alguien que la entienda, pero aún así la peli tiene emoción, intriga y un ritmo bastante bueno. Las referencias al rock son bastante agradecidas; la canción homónima sirve de leit motif y recurso argumental, y el protagonista firma una curiosa tonadilla sobre sus croquetas favoritas también con cierta importancia para la historia (y malévolamente pegadiza).

El resto también es bastante japonés; las interpretaciones, puesta en escena y efectos son teatrales y caricaturescos, pero nada de esto se hace pesado ni doloroso y, francamente la peli entretiene. Así pues, recomendable para los que no tengan prejuicios. Siempre nos quedara, eso sí, la duda de saber cómo se percibe la peli si te enteras de todo.