Y por esta vez la gravedad tira hacia arriba

Que Alfonso Cuarón, cuya Hijos de los Hombres me parece un nuevo clásico de la ciencia ficción, se lance con una peli de dos astronautas flotando por el espacio me pareció una prometedora idea hasta que el nombre de Sandra Bullock apareció por ahí a la deriva.

A pesar de la adversidad, y tras el aluvión de críticas orgásmicas, uno tenía que valorar de primera mano este tour de force de la conductora de buses más famosa del cine.

Vaya por delante que sí, claustrofóbicos y mentes sensibles mejor abstenerse o ir con las biodraminas en mano. Es hora y media de inmersión espacial, donde no se sabe si son más opresivos los angostos recovecos de las estaciones espaciales o el casi infinito espacio. Los larguísimos planos secuencia de Hijos de los Hombres se multiplican con mil, con giros sin control y angustia máxima que te sumergen completamente en el vacío que hay ahí arriba.

Técnicamente, una vez más, la peli es perfecta de principio a fin. Es probable que más del 90% de los fotogramas sean mentira, pero una mentira imposible de discernir. La edición es absolutamente prodigiosa y la “fotografía” es absolutamente preciosista- a todos nos impactan esas imágenes que publica regularmente la NASA y en esta cinta, se recrean en amaneceres, luces de ciudades durmientes y demás juegos de puntitos luminosos.

A destacar también la música- salvo en el tramo final sutil pero efectiva, y perfectamente mezclada con el sonido que permite el espacio.

Con todo esto, y lo arriesgado de la premisa, sí, Gravity es por motivos propios una película que llega a lugares a los que ninguna otra película ha llegado antes.

¿Es, sin embargo, el no va más?

Creo que no. Prejuicios aparte, la Bullock ha dañado en exceso su credibilidad y aunque su interpretación está prácticamente libre de pecado, no acaba de darle verosimilitud a su personaje- lo que es una lástima porque la doctora Stone, pese a faltarle dos o tres pinceladas más de profundidad, tenía un potencial enorme. Clooney está meramente correcto.

A parte de esto, el guión es excesivamente secundario. El único giro es previsible y simplón, y la peli se queda en mero documental sin articular nada más que obstáculo tras obstáculo. Quizá sea mejor dejarnos llevar y envolvernos en las sensaciones primarias de angustia, desesperación, inmensidad y desolación, pero uno echa de menos alguna otra dimensión a la cinta.

Dicho esto, sí, hay que verla porque estamos ante una apuesta arriesgada que consigue tantos méritos que le podemos perdonar que descuide algún aspecto. Pero vayan preparados como para meterse en la madre de todas las montañas rusas.